Por Sara Guerra

Es que si Bolívar resucitara en ésta época, moriría de ignominia al ver tanto vividor dilapidando el patrimonio Venezolano. Digo dilapidar, porque con él se patrocina el desmadre de América Latina y en diez años ha logrado discriminar entre la América chavista y la antichavista, incluso hasta lograr acuñar el término petrodólar como algo exótico de la cultura caribeña.

El erario venezolano se ha usado vilmente para trastocar la honrosa expresión ciudadana en algo tan vulgar como horda de protestantes que a piedra y palos hicieron sucumbir la Asamblea en Ecuador y pretenden lo mismo con el Congreso Boliviano, sin contar las recientes protestas violentas en Colombia. Toda esa injerencia de Hugo Chávez en el resto de Suramérica no se basa en su carisma o liderazgo, sino en el inagotable (?) Tesoro venezolano.

Lejos de la unión verdadera en búsqueda del bien común en América Latina y el Caribe, encontramos un forcejeo brutal por el poder geopolítico donde el más fuerte (entiéndase el de más gruesa chequera) busca arrasar con la voluntad del resto, que por puro oportunismo, prefieren la democracia de la izquierda parasitaria.

Para pertenecer a la América chavista se requiere un rito de iniciación: Chávez hace una jugosa apuesta a quien en lo sucesivo se convertirá en su deudor, así el agradecimiento del ganador no será al dueño del dinero, que obviamente es Venezuela, sino a su generoso administrador. Luego pasará el acreedor a cobrar su apuesta: En la forma de declaraciones anti-yanqui, que pueden o no incluir expulsión del embajador de Estados Unidos. Suscripción al ALBA o petrocaribe, nueva Constitución, donde se aplican soldadura líquida al solio presidencial.

Siguiendo el libreto, viene aprobación de esa Constitución mediante referendo donde amedrentan con asonadas a la oposición e instituciones. Delirio de persecución sugiriendo magnicidios y para culminar con broche de oro, una “inocua” visita a Rusia e Irán. Factor común: El dinero de Venezuela se ha utilizado en el continente para incentivar la guerra sucia.

Pero éste singular orden del día que empieza con la emisión de cheques del patrimonio venezolano, está en riesgo de tambalear a raíz de la baja en el precio del petróleo, cosa que supongo…tiene confuso a más de un “aliado” y sufriendo de insomnio al muy estratégico presidente Chávez que no contaba con la astucia del mercado.

Surge, pues, la duda: Cómo hará ahora Chávez para seguir financiando el conato de caos institucional en Colombia a través de la oposición? Es que la izquierda suramericana, amante eterna de sobrevivir con la solidaridad ajena, el alimento estatal y el aporte extranjero, no podrá continuar con la excelsa labor de confusión y hostilidades si bajan los ingresos venezolanos por cuenta del precio del petróleo.

Me encantaría escuchar la respuesta de una venezolana por adhesión mediática como Piedad Córdoba o aquellos que presionan el Congreso en Bolivia, quienes en delirium extremis harán vigilias y rogativas a Wall Street para que suba el precio del WTI y el Brent en las siguientes semanas. Me parece a mi que la izquierda parasitaria es un asunto de idiosincrasia latina, porque los rusos y chinos gozan de los dólares de Venezuela pero no porque los ruegan a Chávez, sino que los cobran en una transacción. De modo que este vergonzoso apetito es exclusiva virtud de nuestra indigna izquierda continental.

Pero será esto honrado? Que proyectos políticos en América estén financiados con limosnas de un extranjero? Inquieta pensar que nuestras democracias serán primero parasitarias de Venezuela y luego tributarias a Chávez. Es ruin que todo aquel oportunista que se unge socialista del siglo XXI (por si acaso no fueran la misma cosa) haga reverente antesala a Chávez por petrodólares, disfrutando aquella bonanza de la que no gozan sus legítimos dueños en los cordones de miseria de Caracas. Riqueza que no se ha invertido en hacer de Venezuela el país más desarrollado en infraestructura y tecnología de Suramérica. Y de todo esto, los venezolanos guardan estoico silencio.

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