http://pdccopeicabimas.blogspot.com/2009/06/posicion-oficial-del-partido-democrata.html

PARTIDO DEMOCRATA CRISTIANO DE HONDURAS (PDCH)
Col. San Carlos, atrás de los Castaños, casa No. 204, 2da. Ave. Tegucigalpa, M.D.C., Honduras, C. A.
Teléfonos: (504) 236-5520 y 236-9941, Fax 236-5969
E-mail. pdch@md.hn

Manifiesto Público

El Partido Demócrata Cristiano de Honduras “PDCH” fiel a los principios que orientan nuestro quehacer político, basados en el respeto a la dignidad humana, la primacía del bien común, la libertad y la participación democrática inherentes al pueblo hondureño y en función del amor a nuestra patria Honduras y a la Constitución de la República.

DENUNCIAMOS

  1. Que a los hondureños y hondureñas se nos quiere imponer por parte del Presidente de la República, José Manuel Zelaya Rosales y su equipo de hombres y mujeres que le acompañan, una especie de sistema político basado en un populismo demagógico y en la sistematización de la mentira y el engaño cuyo fin único es la instauración de un sistema de dictadura, comenzando por la destrucción de las instituciones del Estado de Derecho, la gobernabilidad democrática y el marco constitucional actual, para perpetuarse en el poder utilizando los recursos económicos
    y logísticos. Los asesinos de ayer son los gobernantes de hoy.
  2. Que el actual gobierno ha visto con desidia, los ingentes problemas que tienen al pueblo hondureño sumido en la crisis actual tales como: la corrupción, el narcotráfico, crimen organizado, agudización de la violencia, sistemas de salud y educación colapsados, índice de desempleo creciente, falta de previsión y atención a los resultados de los desastres naturales ocurridos.
  3. Que el actual gobierno, pasa desapercibida la crisis económica mundial; para MEL ZELAYA y su equipo Honduras no tiene crisis, por ello ha hecho caso omiso a la demanda del pueblo sobre la urgente necesidad de crear y ejecutar un plan anti-crisis consensuado con los distintos sectores sociales, económicos y políticos, propuesto por nuestro Candidato Presidencial Felicito Ávila. Para el gobernante la prioridad es la campaña para instalar una cuarta urna, cuyo único propósito es romper el orden constitucional. DC
  4. Condenamos la manipulación y obligatoriedad impuesta a los empleados públicos para promover y responder a un trabajo sucio respecto a la “Encuesta de Opinión” que promueve el gobernante de turno y su grupo, cuyo fin es el continuismo en el poder; para tal fin alertamos a los dirigentes de las organizaciones sociales y al pueblo en general a no caer en esa trampa maligna del que antes juro ante el altar de la patria “SER FIEL A LA CONSTITUCION, CUMPLIR Y HACER CUMPLIR LAS LEYES.”
  5. Los Demócratas Cristianos creemos en el dialogo, la concertación y la participación democrática de todos los sectores de la sociedad, como medios civilizados para resolver los problemas que nos plantea la crisis, pues los fundamentos de la Constitución de la República y sus leyes tiene los asideros legales para concretarlos; solo es cuestión de voluntad política y de evidenciar la vocación de amor a Honduras. Principios estos que son ignorados por el actual gobierno; el desarrollo integral del País pasa por la atención a las personas, la familia y el fortalecimiento de las Instituciones del Estado.
  6. La defensa de la Constitución, la libertad y la democracia es deber de los hondureños y hondureñas.
  7. Nadie debe obediencia a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas, o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que la Constitución de la República y sus leyes establecen.

Los actos verificados por tales autoridades son nulos.

El pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del
orden constitucional (Art. 3 de la Constitución de la República de
Honduras).

Dado en Tegucigalpa M.D.C. a los veinte y tres días del mes de junio del dos mil nueve.

DIRECTORIO NACIONAL PDCH

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http://www.pdch.hn/index.php?option=com_content&task=view&id=45&Itemid=1

EDITORIAL – Hace 34 años y todavia duele..!
DC

Los hondureños que han nacido después del 25 de junio de 1975 nada saben de lo que pasó hace 34 años en Olancho, excepto quienes haya tenido la oportunidad de leer algo al respeto. En cambio quienes vivieron directa o indirectamente aquellos hechos no los olvidarán jamás. Dos sacerdotes, dos señoritas y nueve dirigentes campesinos perdieron la vida en el asalto de que fue víctima el Centro de Capacitación Santa Clara por civiles y militares, mientras algunos de ellos fueron capturados, muertos y lanzados a un pozo de malacate en la hacienda de don Manuel Zelaya.

La Encíclica el Progreso de los Pueblos del Papa Pablo VI de 1967 y los documentos de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano que se realizó en 1968 en Medellín habían urgido a la Iglesia, jerarquía y pueblo de Dios, a comprometerse en los procesos de cambio que reclamaba la realidad latinoamericana. Lamentablemente, en el marco de las tensiones de la Guerra Fría, los militares habían sido entrenados para interpretar toda denuncia y toda acción a favor de la justicia como promovida por el comunismo en contra de la llamada civilización occidental y cristiana.

Fue la paranoia anticomunista la que llevó a los militares encabezados en Olancho por el Coronel Chinchilla a creer lo que les decían los terratenientes en el sentido de que el Centro Santa Clara era un lugar de entrenamiento guerrillero y un almacén de armas y municiones. En realidad era la sede de una cooperativa y un centro donde se enseñaba la doctrina social de la Iglesia a grupos campesinos para la formación de un liderazgo capaz de mejorar las condiciones de vida en el campo.

El resultado inmediato fue lo que ya dijimos al principio de esta nota. Los efectos a largo plazo fueron menos visibles, menos conmovedores, pero igualmente lamentables. Se desató en los años siguientes una fuerte presión sobre la jerarquía de la Iglesia y persecución contra los líderes de base de todos los movimientos sociales que al final terminó desarticulando un movimiento que si se hubiera dejado avanzar hubiera producido grandes frutos en lo que muchos años después se llamó estrategia de combate a la pobreza cuyos dudosos resultados están a la vida, porque nuevamente es verdad que para promover el bienestar no hay que regalar pescado, sino enseñar a pescar.

¿Qué dirán en el cielo las víctimas del Santa Clara y de la hacienda los Horcones ahora que la lucha sana y santa por la cual dieron la vida sirve de pretexto para promover la cuarta urna? ¿Qué dirán ahora al ver que quienes vivieron de la explotación del bosque se erigen en campeones de la defensa del medio ambiente? Seguramente reirán al ver que se predica una revolución mentirosa desde el poder cuando nadie conoció esos afanes revoluciones en junio de 1975. La DC no olvida, porque todavía duele.

La Masacre de los Horcones

la siguiente nota fue publica en la web de COPEI Cabimas y refiere aspectos interesantes del enfoque de la Doctrina social de la iglesia que sirve de guía a COPEI.

http://pdccopeicabimas.blogspot.com/2009/06/la-perspectiva-politica-y-social-en-el.html

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Por Eduardo A. González
http://www.san-pablo. com.ar

¿Qué compendia el Compendio del Catecismo en los temas de la doctrina social de la Iglesia católica? ¿Dónde aparecen los acentos? ¿Cuáles son sus referencias y antecedentes? ¿Qué aportan a la pastoral y a la praxis liberadora que lleva a cristianos y cristianas a transformar las estructuras políticas y sociales?

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, preparado por el Pontifico Consejo Justicia y Paz y el más reciente Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (en adelante CC) fueron presentado en su edición argentina en el año 2005. Una de las novedades de ese Catecismo y de su Compendio, es que dedica numerosas páginas al abordaje de los temas que pertenecen específicamente a la dimensión social y política de la fe, tal como son presentados por la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta formulación tiene un antecedentes en la exhortación apostólica de Juan Pablo II Catechesi Tradendae, conclusión del Sínodo sobre la catequesis que había convocado Pablo VI poco antes de su muerte: “La catequesis tendrá el cuidado de no omitir, sino iluminar como es debido, en su esfuerzo de educación en la fe, realidades como la acción del hombre por su liberación integral, la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna y las luchas por la justicia y la construcción de la paz” (Catechesi Tradendae, 29).

¿Qué compendia el Compendio?

Como lo indica su nombre, el Compendio, al igual que todas las obras que sintetizan doctrinas, como los manuales, los vademécum, e incluso las enciclopedias y diccionarios temáticos, se ven obligados a privilegiar los principales aspectos de los temas que han de resumir, y al mismo tiempo deberán prescindir de mencionar aquellos tratados más extensos y completos que los autores juzgan conveniente remitir. En la presentación dice Benito XVI: “El Compendio que ahora presento a la Iglesia Universal, es una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia Católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia, de manera tal que constituye una especie de vademécum…” .

En lo referido a la Doctrina social de la Iglesia, la presentación del Compendio puede agruparse en torno a tres núcleos temáticos: 1) los primeros fundamentos bíblicos de la Doctrina social de la Iglesia, 2) los aportes de la formulación del Decálogo a la catequesis social y a la situación actual y 3) la realización del reino de Dios en su dimensión histórico-trascendente.

Los fundamentos bíblicos de la doctrina social

Las primeras citas bíblicas del CC sirven también como antecedentes fundamentales de la enseñanza social de la Iglesia Católica ya que partiendo de la promesa formulada a Abraham (Gn 12, 3; 17, 5), “Dios forma a Israel como su pueblo elegido, salvándolo de la esclavitud de Egipto, establece con él la Alianza del Sinaí y le da su Ley por medio de Moisés” (CC 8). La experiencia de la salida de la tierra de la esclavitud egipcia, y el paso por el mar que protege a los liberados y hunde a los opresores, así como los vínculos sociales con los que las normas del Decálogo preparan el futuro religioso-polí tico en la tierra conquistada es celebrado por los israelitas en la Pascua y en otras fiestas claramente establecidas.

El enunciado del Sinaí desplegará sus potencialidades según las proclamas de los profetas y llegan a su síntesis en la formulación que nos trasmiten los evangelios. “Jesús interpreta la Ley a la luz del doble y único mandamiento de la caridad que es su plenitud: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’ (Mt 22, 37. 40)” (CC 435).

Además, desde la perspectiva del relato del Génesis, “el hombre ha sido creado a imagen de Dios, en el sentido de que es capaz de conocer y amar libremente a su propio Creador” (CC 55).

El origen que a partir de los estudios del genoma humano permite comprobar con mayor exactitud la procedencia de la especie humana de un tronco común, nos permite hablar de una “comunidad biológica”. Desde el punto de vista de la ética social se afirma una unidad de la familia humana que tiene también un fundamento bíblico-teológico según menciona Pablo de Tarso en el discurso en el Areópago de Atenas. “Todos los hombres forman la unidad del género humano por el origen común que les viene de Dios. Además Dios ha creado ‘de un sólo principio todo el linaje humano’ (Hech 17, 26). Finalmente, todos tiene un único Salvador y todos están llamados a compartir la eterna felicidad de Dios.” (CC 69). Por eso también “todos los hombres gozan de igual dignidad y derechos fundamentales. ..” (CC 412).

Una libertad divina, creadora de hijos e hijas libres

La catequesis tradicional ha mencionado las Dos Tablas del Decálogo, reservando a la primera tres mandamientos referidos a la relación con Dios, su adoración y culto. Pero al comenzar su enunciado por “Yo soy el Señor tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud” (Éx 20, 20), se abre la perspectiva del Dios de la libertad que quiere hijos libres de opresión personal y social, comenzando por la opresión religiosa que es la más alienante de todas. Así a partir del Concilio Vaticano II se afirma que “en materia religiosa, nadie sea forzado a obrar contra su conciencia, ni impedido a actuar de acuerdo con la propia conciencia.. .” (CC 444). De ahí que además del politeísmo, “con el mandamiento ‘No tendrás otro dios fuera de mí’ se prohíbe… la idolatría, que diviniza a una criatura, el poder, el dinero, incluso al demonio. ” (CC 445).

El ídolo de oro que Aarón presentó a los israelitas cansados de aguardar el regreso de Moisés, y el oro idolatrizado por el “imperialismo internacional del dinero” (Pío XI, en Quadraggesimo Anno) que promete felicidad, éxito y eterna juventud nunca estuvieron tan cercanos en su simbología. ¿Acaso las violentas guerras llamadas “mundiales” y las que aparecen más restringidas a zonas de Asia y África no han sido producidas por líderes cruelmente idealizados en sus omnipotentes decisiones con el fin de apoderarse con la fuerza de las armas de regiones de abundantes riquezas necesarias actualmente para las grandes producciones industriales?

El descanso semanal de un pueblo libre y solidario

En lo referente al culto, la relación entre la Creación, el camino de la libertad iniciado en el Éxodo y la Alianza del Sinaí tiene una expresión litúrgica que en la Biblia no se refiere tanto al cumplimiento de determinados ritos semanales, sino al “descanso sabático”, es decir a un día en que todos imiten la alegría del Dios que es capaz de “dejar de trabajar” y de cuidar hasta en los más mínimos detalles la ausencia de la explotación en el trabajo cotidiano. Es una memoria que “recuerda” pero que al mismo tiempo “actualiza” el pasado para que sus valores sigan presentes. “Dios ha bendecido el sábado y lo ha declarado sagrado (Éx 20, 11) porque en este día se hace memoria del ‘descanso de Dios’, el séptimo día de la creación, así como de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto y de la Alianza que Dios hizo con su pueblo” (CC 450).

La celebración de la Eucaristía -memorial de la pascua del Señor muerto y resucitado- el domingo llevó a dar relevancia a ese día en las regiones de mayor influencia del cristianismo. Su resonancia social, sobre todo a partir de la revolución industrial, como “descanso semanal” constituye una conquista que se incorpora a los derechos de los trabajadores y a una de las exigencias de la justicia social. “Es importante que el domingo sea reconocido civilmente como día festivo, a fin de que todos tengan la posibilidad real de disfrutar del suficiente descanso y del tiempo libre que les permitan cuidar la vida religiosa, familiar, cultural y social; de disponer de tiempo propicio para la meditación, la reflexión, el silencio y el estudio, y de dedicarse a hacer el bien, en particular en favor de los enfermos y de los ancianos” (CC 454).

La “segunda” tabla del decálogo y la práctica de la justicia

La “segunda” tabla del Decálogo es presentada bajo la síntesis con la que Jesús de Nazaret presentó el mandamiento del amor a Dios y el del “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

En el Cuarto Mandamiento (“Honrarás a tu padre y a tu madre”) los temas de la doctrina social se encuentran mencionados sobre todo al final ya que por una tradicional extensión se refieren a las autoridades políticas, “el amor y servicio de la patria, el derecho y el deber del voto, el pago de los impuestos, la defensa del país y el derecho a una crítica constructiva. El ciudadano no debe en conciencia obedecer cuando las prescripciones de la autoridad civil se opongan a las exigencias del orden moral” (CC 463 y 464).
En el Quinto Mandamiento (“No matarás”) se afirma que “la vida humana ha de ser respetada porque es sagrada. Desde el comienzo supone la acción creadora de Dios” (CC 466) y a partir de allí se explica “la legítima defensa de la persona y de la sociedad” (CC 467), el valor de la pena para defender el orden público y contribuir a la corrección del culpable (ver CC 468 y 469). Se menciona la “guerra y su acción defensiva” (CC 483) pero se advierte que para evitar los enfrentamiento bélicos “para la paz del mundo se requiere la justa distribución y la tutela de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto a la dignidad de las personas humanas y de los pueblos y la constante práctica de la justicia y de la fraternidad. ” (CC 482) Surge el desafío educativo, catequístico y pastoral de proponer una educación “como práctica de la justicia y de la fraternidad” de tan amplia difusión como la que tuvo en el período setentista la obra de Pablo Freire: “La educación como práctica de la libertad”.

Es el Séptimo Mandamiento (“No robarás”) el que aparece de máxima importancia para la Doctrina social de la Iglesia ya que “la Iglesia encuentra también en este mandamiento el fundamento de su doctrina social, que comprende la recta gestión en la actividad económica y en la vida social y política, el derecho y el deber del trabajo humano, la justicia y la solidaridad entre las naciones y el amor a los pobres” (CC 503). Por eso, después de mencionar el destino y distribución universal de los bienes, a los que se subordina el derecho de propiedad, se extiende exhaustivamente sobre el contenido de la Doctrina social de la Iglesia, la intervención de la Iglesia en materia social, las ideologías opuestas, como el comunismo y el capitalismo, el trabajo, la función del Estado en la protección de los derechos, el respeto ecológico, el legítimo recurso a la huelga, la justicia y la solidaridad entre las naciones y participación de los cristianos en la vida política y social, inspirados en el amor preferencial por los pobres, que caracteriza a los discípulos de Jesús (ver CC 503-520) y que, es conveniente agregar, en América latina esos discípulos son, en su mayoría, también pobres.

La realización histórica del reino de Dios

El tema del reino de Dios, tan claro en la predicación de Jesús de Nazaret ha sido revitalizado por la teología posconciliar, por los teólogos de la liberación y a nivel del Magisterio sobretodo por Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: “Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que en relación a él, todo se convierte en ‘lo demás’, que es dado por añadidura. Solamente el reino es absoluto y el resto es relativo” (Evangelii Nuntiandi, 8). Su anuncio es también la tarea misionera de la comunidad de los creyentes en el Resucitado. “La Iglesia tiene viva conciencia que las palabras del Salvador ‘es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades’ se aplica con toda verdad a ella misma” (Evangelii Nuntiandi, 14).

Ligado durante mucho tiempo sólo a la presencia de la gracia en cada creyente con un acento demasiado individualista y reservado para “la otra vida”, ha adquirido últimamente también una resonancia social y una dimensión de presencia en el hoy de la historia humana. El CC lo trata sucintamente al explicar la petición de la oración del Padre Nuestro, introducida por la pregunta “¿Qué pide la Iglesia cuando suplica ‘Venga a nosotros tu Reino’?”. La respuesta abarca el destino escatológico trascendente de toda la humanidad y el crecimiento del Reino en la tierra; la santificación humana y la tarea cotidiana de construir arduamente la paz, la justicia y la solidaridad con en el espíritu del mensaje del Sermón de la Montaña: “La Iglesia invoca la venida final del Reino de Dios, mediante el retorno de Cristo en la gloria. Pero la Iglesia ora también para que el Reino de Dios crezca aquí ya desde ahora, gracias a la santificación de los hombres en el Espíritu y al compromiso de éstos al servicio de la justicia y de la paz, según las Bienaventuranzas. Esta petición es el grito del Espíritu y de la Esposa: ‘Ven, Señor Jesús'”. (CC 590).

Es también en el contexto de las peticiones del Padre Nuestro que puede precisarse el sentido de la búsqueda de la justicia y de la paz con las expresiones de la solidaridad cotidiana. Al interrogantes sobre el sentido de la petición Danos hoy nuestro pan de cada día se responde con la dimensión teologal del pedido y su concreción en el obrar humano que puede resumirse en el refrán popular “A Dios rogando y con el mazo dando”: “Al pedir a Dios, con el confiado abandono de los hijos, el alimento cotidiano necesario a cada cual para su subsistencia, reconocemos hasta qué punto Dios Padre es bueno, más allá de toda bondad. Le pedimos también la gracia de saber obrar, de modo que la justicia y la solidaridad permitan que la abundancia de los unos cubra las necesidades de los otros” (CC 592).

El reino de Dios, los cielos nuevos y la tierra de la justicia

El reino incluye una dimensión de transformación de la materia expandiéndose en vida y en galaxias y, expresada con la categoría simbólica de “estremecimiento cósmico” para planificarse en su consumación. “Después del último estremecimiento cósmico de este mundo que pasa, la venida gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo definitivo de Dios en la Parusía y el Juicio final. Así se consumará el Reino de Dios” (CC 134, que remite al Catecismo de la Iglesia Católica 677).

Esta culminación de las realidades del universo que según las actuales teorías científicas comenzaron con el estallido del “big bang”, irrumpe en las leyes de la naturaleza que conocemos. “No se ve ninguna razón para que los cristianos que profesan en el credo la resurrección de la carne, se tuvieran que quedar por detrás de pensadores marxistas como Bloch y Marcuse, que con toda energía aguardan que de un mundo nuevo resulte también un estado nuevo de la materia” (J. Ratzinger).

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el lugar mencionado, cita los versículos de la Segunda Carta de Pedro, dónde con densas imágenes apocalípticas se invita a una conducta que muestre que se está “esperando y acelerando la venida del Señor”, porque de acuerdo con su promesa, “esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia” (ver 3, 11-14). Con su comportamiento, los cristianos y cristianas “impregnan el mundo con el espíritu del Evangelio y apresuran la venida del Reino de Dios” (CC 433). Cuando ello ocurra será posible modificar la clásica expresión que refleja la tensión histórico-escatológica “ya, pero todavía no” con la exclamación definitiva: “¡ahora ya está!”.

la siguiente nota fue publica en la web de COPEI Cabimas y refiere aspectos interesantes del enfoque de la Doctrina social de la iglesia que sirve de guía a COPEI.

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Por Eduardo A. González
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¿Qué compendia el Compendio del Catecismo en los temas de la doctrina social de la Iglesia católica? ¿Dónde aparecen los acentos? ¿Cuáles son sus referencias y antecedentes? ¿Qué aportan a la pastoral y a la praxis liberadora que lleva a cristianos y cristianas a transformar las estructuras políticas y sociales?

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, preparado por el Pontifico Consejo Justicia y Paz y el más reciente Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (en adelante CC) fueron presentado en su edición argentina en el año 2005. Una de las novedades de ese Catecismo y de su Compendio, es que dedica numerosas páginas al abordaje de los temas que pertenecen específicamente a la dimensión social y política de la fe, tal como son presentados por la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta formulación tiene un antecedentes en la exhortación apostólica de Juan Pablo II Catechesi Tradendae, conclusión del Sínodo sobre la catequesis que había convocado Pablo VI poco antes de su muerte: "La catequesis tendrá el cuidado de no omitir, sino iluminar como es debido, en su esfuerzo de educación en la fe, realidades como la acción del hombre por su liberación integral, la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna y las luchas por la justicia y la construcción de la paz" (Catechesi Tradendae, 29).

¿Qué compendia el Compendio?

Como lo indica su nombre, el Compendio, al igual que todas las obras que sintetizan doctrinas, como los manuales, los vademécum, e incluso las enciclopedias y diccionarios temáticos, se ven obligados a privilegiar los principales aspectos de los temas que han de resumir, y al mismo tiempo deberán prescindir de mencionar aquellos tratados más extensos y completos que los autores juzgan conveniente remitir. En la presentación dice Benito XVI: "El Compendio que ahora presento a la Iglesia Universal, es una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia Católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia, de manera tal que constituye una especie de vademécum…" .

En lo referido a la Doctrina social de la Iglesia, la presentación del Compendio puede agruparse en torno a tres núcleos temáticos: 1) los primeros fundamentos bíblicos de la Doctrina social de la Iglesia, 2) los aportes de la formulación del Decálogo a la catequesis social y a la situación actual y 3) la realización del reino de Dios en su dimensión histórico-trascendente.

Los fundamentos bíblicos de la doctrina social

Las primeras citas bíblicas del CC sirven también como antecedentes fundamentales de la enseñanza social de la Iglesia Católica ya que partiendo de la promesa formulada a Abraham (Gn 12, 3; 17, 5), "Dios forma a Israel como su pueblo elegido, salvándolo de la esclavitud de Egipto, establece con él la Alianza del Sinaí y le da su Ley por medio de Moisés" (CC 8). La experiencia de la salida de la tierra de la esclavitud egipcia, y el paso por el mar que protege a los liberados y hunde a los opresores, así como los vínculos sociales con los que las normas del Decálogo preparan el futuro religioso-polí tico en la tierra conquistada es celebrado por los israelitas en la Pascua y en otras fiestas claramente establecidas.

El enunciado del Sinaí desplegará sus potencialidades según las proclamas de los profetas y llegan a su síntesis en la formulación que nos trasmiten los evangelios. "Jesús interpreta la Ley a la luz del doble y único mandamiento de la caridad que es su plenitud: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’ (Mt 22, 37. 40)" (CC 435).

Además, desde la perspectiva del relato del Génesis, "el hombre ha sido creado a imagen de Dios, en el sentido de que es capaz de conocer y amar libremente a su propio Creador" (CC 55).

El origen que a partir de los estudios del genoma humano permite comprobar con mayor exactitud la procedencia de la especie humana de un tronco común, nos permite hablar de una "comunidad biológica". Desde el punto de vista de la ética social se afirma una unidad de la familia humana que tiene también un fundamento bíblico-teológico según menciona Pablo de Tarso en el discurso en el Areópago de Atenas. "Todos los hombres forman la unidad del género humano por el origen común que les viene de Dios. Además Dios ha creado ‘de un sólo principio todo el linaje humano’ (Hech 17, 26). Finalmente, todos tiene un único Salvador y todos están llamados a compartir la eterna felicidad de Dios." (CC 69). Por eso también "todos los hombres gozan de igual dignidad y derechos fundamentales. .." (CC 412).

Una libertad divina, creadora de hijos e hijas libres

La catequesis tradicional ha mencionado las Dos Tablas del Decálogo, reservando a la primera tres mandamientos referidos a la relación con Dios, su adoración y culto. Pero al comenzar su enunciado por "Yo soy el Señor tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud" (Éx 20, 20), se abre la perspectiva del Dios de la libertad que quiere hijos libres de opresión personal y social, comenzando por la opresión religiosa que es la más alienante de todas. Así a partir del Concilio Vaticano II se afirma que "en materia religiosa, nadie sea forzado a obrar contra su conciencia, ni impedido a actuar de acuerdo con la propia conciencia.. ." (CC 444). De ahí que además del politeísmo, "con el mandamiento ‘No tendrás otro dios fuera de mí’ se prohíbe… la idolatría, que diviniza a una criatura, el poder, el dinero, incluso al demonio. " (CC 445).

El ídolo de oro que Aarón presentó a los israelitas cansados de aguardar el regreso de Moisés, y el oro idolatrizado por el "imperialismo internacional del dinero" (Pío XI, en Quadraggesimo Anno) que promete felicidad, éxito y eterna juventud nunca estuvieron tan cercanos en su simbología. ¿Acaso las violentas guerras llamadas "mundiales" y las que aparecen más restringidas a zonas de Asia y África no han sido producidas por líderes cruelmente idealizados en sus omnipotentes decisiones con el fin de apoderarse con la fuerza de las armas de regiones de abundantes riquezas necesarias actualmente para las grandes producciones industriales?

El descanso semanal de un pueblo libre y solidario

En lo referente al culto, la relación entre la Creación, el camino de la libertad iniciado en el Éxodo y la Alianza del Sinaí tiene una expresión litúrgica que en la Biblia no se refiere tanto al cumplimiento de determinados ritos semanales, sino al "descanso sabático", es decir a un día en que todos imiten la alegría del Dios que es capaz de "dejar de trabajar" y de cuidar hasta en los más mínimos detalles la ausencia de la explotación en el trabajo cotidiano. Es una memoria que "recuerda" pero que al mismo tiempo "actualiza" el pasado para que sus valores sigan presentes. "Dios ha bendecido el sábado y lo ha declarado sagrado (Éx 20, 11) porque en este día se hace memoria del ‘descanso de Dios’, el séptimo día de la creación, así como de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto y de la Alianza que Dios hizo con su pueblo" (CC 450).

La celebración de la Eucaristía -memorial de la pascua del Señor muerto y resucitado- el domingo llevó a dar relevancia a ese día en las regiones de mayor influencia del cristianismo. Su resonancia social, sobre todo a partir de la revolución industrial, como "descanso semanal" constituye una conquista que se incorpora a los derechos de los trabajadores y a una de las exigencias de la justicia social. "Es importante que el domingo sea reconocido civilmente como día festivo, a fin de que todos tengan la posibilidad real de disfrutar del suficiente descanso y del tiempo libre que les permitan cuidar la vida religiosa, familiar, cultural y social; de disponer de tiempo propicio para la meditación, la reflexión, el silencio y el estudio, y de dedicarse a hacer el bien, en particular en favor de los enfermos y de los ancianos" (CC 454).

La "segunda" tabla del decálogo y la práctica de la justicia

La "segunda" tabla del Decálogo es presentada bajo la síntesis con la que Jesús de Nazaret presentó el mandamiento del amor a Dios y el del "amarás a tu prójimo como a ti mismo".

En el Cuarto Mandamiento ("Honrarás a tu padre y a tu madre") los temas de la doctrina social se encuentran mencionados sobre todo al final ya que por una tradicional extensión se refieren a las autoridades políticas, "el amor y servicio de la patria, el derecho y el deber del voto, el pago de los impuestos, la defensa del país y el derecho a una crítica constructiva. El ciudadano no debe en conciencia obedecer cuando las prescripciones de la autoridad civil se opongan a las exigencias del orden moral" (CC 463 y 464).
En el Quinto Mandamiento ("No matarás") se afirma que "la vida humana ha de ser respetada porque es sagrada. Desde el comienzo supone la acción creadora de Dios" (CC 466) y a partir de allí se explica "la legítima defensa de la persona y de la sociedad" (CC 467), el valor de la pena para defender el orden público y contribuir a la corrección del culpable (ver CC 468 y 469). Se menciona la "guerra y su acción defensiva" (CC 483) pero se advierte que para evitar los enfrentamiento bélicos "para la paz del mundo se requiere la justa distribución y la tutela de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto a la dignidad de las personas humanas y de los pueblos y la constante práctica de la justicia y de la fraternidad. " (CC 482) Surge el desafío educativo, catequístico y pastoral de proponer una educación "como práctica de la justicia y de la fraternidad" de tan amplia difusión como la que tuvo en el período setentista la obra de Pablo Freire: "La educación como práctica de la libertad".

Es el Séptimo Mandamiento ("No robarás") el que aparece de máxima importancia para la Doctrina social de la Iglesia ya que "la Iglesia encuentra también en este mandamiento el fundamento de su doctrina social, que comprende la recta gestión en la actividad económica y en la vida social y política, el derecho y el deber del trabajo humano, la justicia y la solidaridad entre las naciones y el amor a los pobres" (CC 503). Por eso, después de mencionar el destino y distribución universal de los bienes, a los que se subordina el derecho de propiedad, se extiende exhaustivamente sobre el contenido de la Doctrina social de la Iglesia, la intervención de la Iglesia en materia social, las ideologías opuestas, como el comunismo y el capitalismo, el trabajo, la función del Estado en la protección de los derechos, el respeto ecológico, el legítimo recurso a la huelga, la justicia y la solidaridad entre las naciones y participación de los cristianos en la vida política y social, inspirados en el amor preferencial por los pobres, que caracteriza a los discípulos de Jesús (ver CC 503-520) y que, es conveniente agregar, en América latina esos discípulos son, en su mayoría, también pobres.

La realización histórica del reino de Dios

El tema del reino de Dios, tan claro en la predicación de Jesús de Nazaret ha sido revitalizado por la teología posconciliar, por los teólogos de la liberación y a nivel del Magisterio sobretodo por Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: "Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que en relación a él, todo se convierte en ‘lo demás’, que es dado por añadidura. Solamente el reino es absoluto y el resto es relativo" (Evangelii Nuntiandi, 8). Su anuncio es también la tarea misionera de la comunidad de los creyentes en el Resucitado. "La Iglesia tiene viva conciencia que las palabras del Salvador ‘es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades’ se aplica con toda verdad a ella misma" (Evangelii Nuntiandi, 14).

Ligado durante mucho tiempo sólo a la presencia de la gracia en cada creyente con un acento demasiado individualista y reservado para "la otra vida", ha adquirido últimamente también una resonancia social y una dimensión de presencia en el hoy de la historia humana. El CC lo trata sucintamente al explicar la petición de la oración del Padre Nuestro, introducida por la pregunta "¿Qué pide la Iglesia cuando suplica ‘Venga a nosotros tu Reino’?". La respuesta abarca el destino escatológico trascendente de toda la humanidad y el crecimiento del Reino en la tierra; la santificación humana y la tarea cotidiana de construir arduamente la paz, la justicia y la solidaridad con en el espíritu del mensaje del Sermón de la Montaña: "La Iglesia invoca la venida final del Reino de Dios, mediante el retorno de Cristo en la gloria. Pero la Iglesia ora también para que el Reino de Dios crezca aquí ya desde ahora, gracias a la santificación de los hombres en el Espíritu y al compromiso de éstos al servicio de la justicia y de la paz, según las Bienaventuranzas. Esta petición es el grito del Espíritu y de la Esposa: ‘Ven, Señor Jesús’". (CC 590).

Es también en el contexto de las peticiones del Padre Nuestro que puede precisarse el sentido de la búsqueda de la justicia y de la paz con las expresiones de la solidaridad cotidiana. Al interrogantes sobre el sentido de la petición Danos hoy nuestro pan de cada día se responde con la dimensión teologal del pedido y su concreción en el obrar humano que puede resumirse en el refrán popular "A Dios rogando y con el mazo dando": "Al pedir a Dios, con el confiado abandono de los hijos, el alimento cotidiano necesario a cada cual para su subsistencia, reconocemos hasta qué punto Dios Padre es bueno, más allá de toda bondad. Le pedimos también la gracia de saber obrar, de modo que la justicia y la solidaridad permitan que la abundancia de los unos cubra las necesidades de los otros" (CC 592).

El reino de Dios, los cielos nuevos y la tierra de la justicia

El reino incluye una dimensión de transformación de la materia expandiéndose en vida y en galaxias y, expresada con la categoría simbólica de "estremecimiento cósmico" para planificarse en su consumación. "Después del último estremecimiento cósmico de este mundo que pasa, la venida gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo definitivo de Dios en la Parusía y el Juicio final. Así se consumará el Reino de Dios" (CC 134, que remite al Catecismo de la Iglesia Católica 677).

Esta culminación de las realidades del universo que según las actuales teorías científicas comenzaron con el estallido del "big bang", irrumpe en las leyes de la naturaleza que conocemos. "No se ve ninguna razón para que los cristianos que profesan en el credo la resurrección de la carne, se tuvieran que quedar por detrás de pensadores marxistas como Bloch y Marcuse, que con toda energía aguardan que de un mundo nuevo resulte también un estado nuevo de la materia" (J. Ratzinger).

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el lugar mencionado, cita los versículos de la Segunda Carta de Pedro, dónde con densas imágenes apocalípticas se invita a una conducta que muestre que se está "esperando y acelerando la venida del Señor", porque de acuerdo con su promesa, "esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia" (ver 3, 11-14). Con su comportamiento, los cristianos y cristianas "impregnan el mundo con el espíritu del Evangelio y apresuran la venida del Reino de Dios" (CC 433). Cuando ello ocurra será posible modificar la clásica expresión que refleja la tensión histórico-escatológica "ya, pero todavía no" con la exclamación definitiva: "¡ahora ya está!".

la siguiente nota fue publica en la web de COPEI Cabimas y refiere aspectos interesantes del enfoque de la Doctrina social de la iglesia que sirve de guía a COPEI.

http://pdccopeicabimas.blogspot.com/2009/06/la-perspectiva-politica-y-social-en-el.html

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Por Eduardo A. González
http://www.san-pablo. com.ar

¿Qué compendia el Compendio del Catecismo en los temas de la doctrina social de la Iglesia católica? ¿Dónde aparecen los acentos? ¿Cuáles son sus referencias y antecedentes? ¿Qué aportan a la pastoral y a la praxis liberadora que lleva a cristianos y cristianas a transformar las estructuras políticas y sociales?

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, preparado por el Pontifico Consejo Justicia y Paz y el más reciente Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (en adelante CC) fueron presentado en su edición argentina en el año 2005. Una de las novedades de ese Catecismo y de su Compendio, es que dedica numerosas páginas al abordaje de los temas que pertenecen específicamente a la dimensión social y política de la fe, tal como son presentados por la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta formulación tiene un antecedentes en la exhortación apostólica de Juan Pablo II Catechesi Tradendae, conclusión del Sínodo sobre la catequesis que había convocado Pablo VI poco antes de su muerte: "La catequesis tendrá el cuidado de no omitir, sino iluminar como es debido, en su esfuerzo de educación en la fe, realidades como la acción del hombre por su liberación integral, la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna y las luchas por la justicia y la construcción de la paz" (Catechesi Tradendae, 29).

¿Qué compendia el Compendio?

Como lo indica su nombre, el Compendio, al igual que todas las obras que sintetizan doctrinas, como los manuales, los vademécum, e incluso las enciclopedias y diccionarios temáticos, se ven obligados a privilegiar los principales aspectos de los temas que han de resumir, y al mismo tiempo deberán prescindir de mencionar aquellos tratados más extensos y completos que los autores juzgan conveniente remitir. En la presentación dice Benito XVI: "El Compendio que ahora presento a la Iglesia Universal, es una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia Católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia, de manera tal que constituye una especie de vademécum…" .

En lo referido a la Doctrina social de la Iglesia, la presentación del Compendio puede agruparse en torno a tres núcleos temáticos: 1) los primeros fundamentos bíblicos de la Doctrina social de la Iglesia, 2) los aportes de la formulación del Decálogo a la catequesis social y a la situación actual y 3) la realización del reino de Dios en su dimensión histórico-trascendente.

Los fundamentos bíblicos de la doctrina social

Las primeras citas bíblicas del CC sirven también como antecedentes fundamentales de la enseñanza social de la Iglesia Católica ya que partiendo de la promesa formulada a Abraham (Gn 12, 3; 17, 5), "Dios forma a Israel como su pueblo elegido, salvándolo de la esclavitud de Egipto, establece con él la Alianza del Sinaí y le da su Ley por medio de Moisés" (CC 8). La experiencia de la salida de la tierra de la esclavitud egipcia, y el paso por el mar que protege a los liberados y hunde a los opresores, así como los vínculos sociales con los que las normas del Decálogo preparan el futuro religioso-polí tico en la tierra conquistada es celebrado por los israelitas en la Pascua y en otras fiestas claramente establecidas.

El enunciado del Sinaí desplegará sus potencialidades según las proclamas de los profetas y llegan a su síntesis en la formulación que nos trasmiten los evangelios. "Jesús interpreta la Ley a la luz del doble y único mandamiento de la caridad que es su plenitud: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’ (Mt 22, 37. 40)" (CC 435).

Además, desde la perspectiva del relato del Génesis, "el hombre ha sido creado a imagen de Dios, en el sentido de que es capaz de conocer y amar libremente a su propio Creador" (CC 55).

El origen que a partir de los estudios del genoma humano permite comprobar con mayor exactitud la procedencia de la especie humana de un tronco común, nos permite hablar de una "comunidad biológica". Desde el punto de vista de la ética social se afirma una unidad de la familia humana que tiene también un fundamento bíblico-teológico según menciona Pablo de Tarso en el discurso en el Areópago de Atenas. "Todos los hombres forman la unidad del género humano por el origen común que les viene de Dios. Además Dios ha creado ‘de un sólo principio todo el linaje humano’ (Hech 17, 26). Finalmente, todos tiene un único Salvador y todos están llamados a compartir la eterna felicidad de Dios." (CC 69). Por eso también "todos los hombres gozan de igual dignidad y derechos fundamentales. .." (CC 412).

Una libertad divina, creadora de hijos e hijas libres

La catequesis tradicional ha mencionado las Dos Tablas del Decálogo, reservando a la primera tres mandamientos referidos a la relación con Dios, su adoración y culto. Pero al comenzar su enunciado por "Yo soy el Señor tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud" (Éx 20, 20), se abre la perspectiva del Dios de la libertad que quiere hijos libres de opresión personal y social, comenzando por la opresión religiosa que es la más alienante de todas. Así a partir del Concilio Vaticano II se afirma que "en materia religiosa, nadie sea forzado a obrar contra su conciencia, ni impedido a actuar de acuerdo con la propia conciencia.. ." (CC 444). De ahí que además del politeísmo, "con el mandamiento ‘No tendrás otro dios fuera de mí’ se prohíbe… la idolatría, que diviniza a una criatura, el poder, el dinero, incluso al demonio. " (CC 445).

El ídolo de oro que Aarón presentó a los israelitas cansados de aguardar el regreso de Moisés, y el oro idolatrizado por el "imperialismo internacional del dinero" (Pío XI, en Quadraggesimo Anno) que promete felicidad, éxito y eterna juventud nunca estuvieron tan cercanos en su simbología. ¿Acaso las violentas guerras llamadas "mundiales" y las que aparecen más restringidas a zonas de Asia y África no han sido producidas por líderes cruelmente idealizados en sus omnipotentes decisiones con el fin de apoderarse con la fuerza de las armas de regiones de abundantes riquezas necesarias actualmente para las grandes producciones industriales?

El descanso semanal de un pueblo libre y solidario

En lo referente al culto, la relación entre la Creación, el camino de la libertad iniciado en el Éxodo y la Alianza del Sinaí tiene una expresión litúrgica que en la Biblia no se refiere tanto al cumplimiento de determinados ritos semanales, sino al "descanso sabático", es decir a un día en que todos imiten la alegría del Dios que es capaz de "dejar de trabajar" y de cuidar hasta en los más mínimos detalles la ausencia de la explotación en el trabajo cotidiano. Es una memoria que "recuerda" pero que al mismo tiempo "actualiza" el pasado para que sus valores sigan presentes. "Dios ha bendecido el sábado y lo ha declarado sagrado (Éx 20, 11) porque en este día se hace memoria del ‘descanso de Dios’, el séptimo día de la creación, así como de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto y de la Alianza que Dios hizo con su pueblo" (CC 450).

La celebración de la Eucaristía -memorial de la pascua del Señor muerto y resucitado- el domingo llevó a dar relevancia a ese día en las regiones de mayor influencia del cristianismo. Su resonancia social, sobre todo a partir de la revolución industrial, como "descanso semanal" constituye una conquista que se incorpora a los derechos de los trabajadores y a una de las exigencias de la justicia social. "Es importante que el domingo sea reconocido civilmente como día festivo, a fin de que todos tengan la posibilidad real de disfrutar del suficiente descanso y del tiempo libre que les permitan cuidar la vida religiosa, familiar, cultural y social; de disponer de tiempo propicio para la meditación, la reflexión, el silencio y el estudio, y de dedicarse a hacer el bien, en particular en favor de los enfermos y de los ancianos" (CC 454).

La "segunda" tabla del decálogo y la práctica de la justicia

La "segunda" tabla del Decálogo es presentada bajo la síntesis con la que Jesús de Nazaret presentó el mandamiento del amor a Dios y el del "amarás a tu prójimo como a ti mismo".

En el Cuarto Mandamiento ("Honrarás a tu padre y a tu madre") los temas de la doctrina social se encuentran mencionados sobre todo al final ya que por una tradicional extensión se refieren a las autoridades políticas, "el amor y servicio de la patria, el derecho y el deber del voto, el pago de los impuestos, la defensa del país y el derecho a una crítica constructiva. El ciudadano no debe en conciencia obedecer cuando las prescripciones de la autoridad civil se opongan a las exigencias del orden moral" (CC 463 y 464).
En el Quinto Mandamiento ("No matarás") se afirma que "la vida humana ha de ser respetada porque es sagrada. Desde el comienzo supone la acción creadora de Dios" (CC 466) y a partir de allí se explica "la legítima defensa de la persona y de la sociedad" (CC 467), el valor de la pena para defender el orden público y contribuir a la corrección del culpable (ver CC 468 y 469). Se menciona la "guerra y su acción defensiva" (CC 483) pero se advierte que para evitar los enfrentamiento bélicos "para la paz del mundo se requiere la justa distribución y la tutela de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto a la dignidad de las personas humanas y de los pueblos y la constante práctica de la justicia y de la fraternidad. " (CC 482) Surge el desafío educativo, catequístico y pastoral de proponer una educación "como práctica de la justicia y de la fraternidad" de tan amplia difusión como la que tuvo en el período setentista la obra de Pablo Freire: "La educación como práctica de la libertad".

Es el Séptimo Mandamiento ("No robarás") el que aparece de máxima importancia para la Doctrina social de la Iglesia ya que "la Iglesia encuentra también en este mandamiento el fundamento de su doctrina social, que comprende la recta gestión en la actividad económica y en la vida social y política, el derecho y el deber del trabajo humano, la justicia y la solidaridad entre las naciones y el amor a los pobres" (CC 503). Por eso, después de mencionar el destino y distribución universal de los bienes, a los que se subordina el derecho de propiedad, se extiende exhaustivamente sobre el contenido de la Doctrina social de la Iglesia, la intervención de la Iglesia en materia social, las ideologías opuestas, como el comunismo y el capitalismo, el trabajo, la función del Estado en la protección de los derechos, el respeto ecológico, el legítimo recurso a la huelga, la justicia y la solidaridad entre las naciones y participación de los cristianos en la vida política y social, inspirados en el amor preferencial por los pobres, que caracteriza a los discípulos de Jesús (ver CC 503-520) y que, es conveniente agregar, en América latina esos discípulos son, en su mayoría, también pobres.

La realización histórica del reino de Dios

El tema del reino de Dios, tan claro en la predicación de Jesús de Nazaret ha sido revitalizado por la teología posconciliar, por los teólogos de la liberación y a nivel del Magisterio sobretodo por Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: "Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que en relación a él, todo se convierte en ‘lo demás’, que es dado por añadidura. Solamente el reino es absoluto y el resto es relativo" (Evangelii Nuntiandi, 8). Su anuncio es también la tarea misionera de la comunidad de los creyentes en el Resucitado. "La Iglesia tiene viva conciencia que las palabras del Salvador ‘es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades’ se aplica con toda verdad a ella misma" (Evangelii Nuntiandi, 14).

Ligado durante mucho tiempo sólo a la presencia de la gracia en cada creyente con un acento demasiado individualista y reservado para "la otra vida", ha adquirido últimamente también una resonancia social y una dimensión de presencia en el hoy de la historia humana. El CC lo trata sucintamente al explicar la petición de la oración del Padre Nuestro, introducida por la pregunta "¿Qué pide la Iglesia cuando suplica ‘Venga a nosotros tu Reino’?". La respuesta abarca el destino escatológico trascendente de toda la humanidad y el crecimiento del Reino en la tierra; la santificación humana y la tarea cotidiana de construir arduamente la paz, la justicia y la solidaridad con en el espíritu del mensaje del Sermón de la Montaña: "La Iglesia invoca la venida final del Reino de Dios, mediante el retorno de Cristo en la gloria. Pero la Iglesia ora también para que el Reino de Dios crezca aquí ya desde ahora, gracias a la santificación de los hombres en el Espíritu y al compromiso de éstos al servicio de la justicia y de la paz, según las Bienaventuranzas. Esta petición es el grito del Espíritu y de la Esposa: ‘Ven, Señor Jesús’". (CC 590).

Es también en el contexto de las peticiones del Padre Nuestro que puede precisarse el sentido de la búsqueda de la justicia y de la paz con las expresiones de la solidaridad cotidiana. Al interrogantes sobre el sentido de la petición Danos hoy nuestro pan de cada día se responde con la dimensión teologal del pedido y su concreción en el obrar humano que puede resumirse en el refrán popular "A Dios rogando y con el mazo dando": "Al pedir a Dios, con el confiado abandono de los hijos, el alimento cotidiano necesario a cada cual para su subsistencia, reconocemos hasta qué punto Dios Padre es bueno, más allá de toda bondad. Le pedimos también la gracia de saber obrar, de modo que la justicia y la solidaridad permitan que la abundancia de los unos cubra las necesidades de los otros" (CC 592).

El reino de Dios, los cielos nuevos y la tierra de la justicia

El reino incluye una dimensión de transformación de la materia expandiéndose en vida y en galaxias y, expresada con la categoría simbólica de "estremecimiento cósmico" para planificarse en su consumación. "Después del último estremecimiento cósmico de este mundo que pasa, la venida gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo definitivo de Dios en la Parusía y el Juicio final. Así se consumará el Reino de Dios" (CC 134, que remite al Catecismo de la Iglesia Católica 677).

Esta culminación de las realidades del universo que según las actuales teorías científicas comenzaron con el estallido del "big bang", irrumpe en las leyes de la naturaleza que conocemos. "No se ve ninguna razón para que los cristianos que profesan en el credo la resurrección de la carne, se tuvieran que quedar por detrás de pensadores marxistas como Bloch y Marcuse, que con toda energía aguardan que de un mundo nuevo resulte también un estado nuevo de la materia" (J. Ratzinger).

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el lugar mencionado, cita los versículos de la Segunda Carta de Pedro, dónde con densas imágenes apocalípticas se invita a una conducta que muestre que se está "esperando y acelerando la venida del Señor", porque de acuerdo con su promesa, "esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia" (ver 3, 11-14). Con su comportamiento, los cristianos y cristianas "impregnan el mundo con el espíritu del Evangelio y apresuran la venida del Reino de Dios" (CC 433). Cuando ello ocurra será posible modificar la clásica expresión que refleja la tensión histórico-escatológica "ya, pero todavía no" con la exclamación definitiva: "¡ahora ya está!".

la siguiente nota fue publica en la web de COPEI Cabimas y refiere aspectos interesantes del enfoque de la Doctrina social de la iglesia que sirve de guía a COPEI.

http://pdccopeicabimas.blogspot.com/2009/06/la-perspectiva-politica-y-social-en-el.html

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Por Eduardo A. González
http://www.san-pablo. com.ar

¿Qué compendia el Compendio del Catecismo en los temas de la doctrina social de la Iglesia católica? ¿Dónde aparecen los acentos? ¿Cuáles son sus referencias y antecedentes? ¿Qué aportan a la pastoral y a la praxis liberadora que lleva a cristianos y cristianas a transformar las estructuras políticas y sociales?

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, preparado por el Pontifico Consejo Justicia y Paz y el más reciente Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (en adelante CC) fueron presentado en su edición argentina en el año 2005. Una de las novedades de ese Catecismo y de su Compendio, es que dedica numerosas páginas al abordaje de los temas que pertenecen específicamente a la dimensión social y política de la fe, tal como son presentados por la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta formulación tiene un antecedentes en la exhortación apostólica de Juan Pablo II Catechesi Tradendae, conclusión del Sínodo sobre la catequesis que había convocado Pablo VI poco antes de su muerte: "La catequesis tendrá el cuidado de no omitir, sino iluminar como es debido, en su esfuerzo de educación en la fe, realidades como la acción del hombre por su liberación integral, la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna y las luchas por la justicia y la construcción de la paz" (Catechesi Tradendae, 29).

¿Qué compendia el Compendio?

Como lo indica su nombre, el Compendio, al igual que todas las obras que sintetizan doctrinas, como los manuales, los vademécum, e incluso las enciclopedias y diccionarios temáticos, se ven obligados a privilegiar los principales aspectos de los temas que han de resumir, y al mismo tiempo deberán prescindir de mencionar aquellos tratados más extensos y completos que los autores juzgan conveniente remitir. En la presentación dice Benito XVI: "El Compendio que ahora presento a la Iglesia Universal, es una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia Católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia, de manera tal que constituye una especie de vademécum…" .

En lo referido a la Doctrina social de la Iglesia, la presentación del Compendio puede agruparse en torno a tres núcleos temáticos: 1) los primeros fundamentos bíblicos de la Doctrina social de la Iglesia, 2) los aportes de la formulación del Decálogo a la catequesis social y a la situación actual y 3) la realización del reino de Dios en su dimensión histórico-trascendente.

Los fundamentos bíblicos de la doctrina social

Las primeras citas bíblicas del CC sirven también como antecedentes fundamentales de la enseñanza social de la Iglesia Católica ya que partiendo de la promesa formulada a Abraham (Gn 12, 3; 17, 5), "Dios forma a Israel como su pueblo elegido, salvándolo de la esclavitud de Egipto, establece con él la Alianza del Sinaí y le da su Ley por medio de Moisés" (CC 8). La experiencia de la salida de la tierra de la esclavitud egipcia, y el paso por el mar que protege a los liberados y hunde a los opresores, así como los vínculos sociales con los que las normas del Decálogo preparan el futuro religioso-polí tico en la tierra conquistada es celebrado por los israelitas en la Pascua y en otras fiestas claramente establecidas.

El enunciado del Sinaí desplegará sus potencialidades según las proclamas de los profetas y llegan a su síntesis en la formulación que nos trasmiten los evangelios. "Jesús interpreta la Ley a la luz del doble y único mandamiento de la caridad que es su plenitud: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’ (Mt 22, 37. 40)" (CC 435).

Además, desde la perspectiva del relato del Génesis, "el hombre ha sido creado a imagen de Dios, en el sentido de que es capaz de conocer y amar libremente a su propio Creador" (CC 55).

El origen que a partir de los estudios del genoma humano permite comprobar con mayor exactitud la procedencia de la especie humana de un tronco común, nos permite hablar de una "comunidad biológica". Desde el punto de vista de la ética social se afirma una unidad de la familia humana que tiene también un fundamento bíblico-teológico según menciona Pablo de Tarso en el discurso en el Areópago de Atenas. "Todos los hombres forman la unidad del género humano por el origen común que les viene de Dios. Además Dios ha creado ‘de un sólo principio todo el linaje humano’ (Hech 17, 26). Finalmente, todos tiene un único Salvador y todos están llamados a compartir la eterna felicidad de Dios." (CC 69). Por eso también "todos los hombres gozan de igual dignidad y derechos fundamentales. .." (CC 412).

Una libertad divina, creadora de hijos e hijas libres

La catequesis tradicional ha mencionado las Dos Tablas del Decálogo, reservando a la primera tres mandamientos referidos a la relación con Dios, su adoración y culto. Pero al comenzar su enunciado por "Yo soy el Señor tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud" (Éx 20, 20), se abre la perspectiva del Dios de la libertad que quiere hijos libres de opresión personal y social, comenzando por la opresión religiosa que es la más alienante de todas. Así a partir del Concilio Vaticano II se afirma que "en materia religiosa, nadie sea forzado a obrar contra su conciencia, ni impedido a actuar de acuerdo con la propia conciencia.. ." (CC 444). De ahí que además del politeísmo, "con el mandamiento ‘No tendrás otro dios fuera de mí’ se prohíbe… la idolatría, que diviniza a una criatura, el poder, el dinero, incluso al demonio. " (CC 445).

El ídolo de oro que Aarón presentó a los israelitas cansados de aguardar el regreso de Moisés, y el oro idolatrizado por el "imperialismo internacional del dinero" (Pío XI, en Quadraggesimo Anno) que promete felicidad, éxito y eterna juventud nunca estuvieron tan cercanos en su simbología. ¿Acaso las violentas guerras llamadas "mundiales" y las que aparecen más restringidas a zonas de Asia y África no han sido producidas por líderes cruelmente idealizados en sus omnipotentes decisiones con el fin de apoderarse con la fuerza de las armas de regiones de abundantes riquezas necesarias actualmente para las grandes producciones industriales?

El descanso semanal de un pueblo libre y solidario

En lo referente al culto, la relación entre la Creación, el camino de la libertad iniciado en el Éxodo y la Alianza del Sinaí tiene una expresión litúrgica que en la Biblia no se refiere tanto al cumplimiento de determinados ritos semanales, sino al "descanso sabático", es decir a un día en que todos imiten la alegría del Dios que es capaz de "dejar de trabajar" y de cuidar hasta en los más mínimos detalles la ausencia de la explotación en el trabajo cotidiano. Es una memoria que "recuerda" pero que al mismo tiempo "actualiza" el pasado para que sus valores sigan presentes. "Dios ha bendecido el sábado y lo ha declarado sagrado (Éx 20, 11) porque en este día se hace memoria del ‘descanso de Dios’, el séptimo día de la creación, así como de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto y de la Alianza que Dios hizo con su pueblo" (CC 450).

La celebración de la Eucaristía -memorial de la pascua del Señor muerto y resucitado- el domingo llevó a dar relevancia a ese día en las regiones de mayor influencia del cristianismo. Su resonancia social, sobre todo a partir de la revolución industrial, como "descanso semanal" constituye una conquista que se incorpora a los derechos de los trabajadores y a una de las exigencias de la justicia social. "Es importante que el domingo sea reconocido civilmente como día festivo, a fin de que todos tengan la posibilidad real de disfrutar del suficiente descanso y del tiempo libre que les permitan cuidar la vida religiosa, familiar, cultural y social; de disponer de tiempo propicio para la meditación, la reflexión, el silencio y el estudio, y de dedicarse a hacer el bien, en particular en favor de los enfermos y de los ancianos" (CC 454).

La "segunda" tabla del decálogo y la práctica de la justicia

La "segunda" tabla del Decálogo es presentada bajo la síntesis con la que Jesús de Nazaret presentó el mandamiento del amor a Dios y el del "amarás a tu prójimo como a ti mismo".

En el Cuarto Mandamiento ("Honrarás a tu padre y a tu madre") los temas de la doctrina social se encuentran mencionados sobre todo al final ya que por una tradicional extensión se refieren a las autoridades políticas, "el amor y servicio de la patria, el derecho y el deber del voto, el pago de los impuestos, la defensa del país y el derecho a una crítica constructiva. El ciudadano no debe en conciencia obedecer cuando las prescripciones de la autoridad civil se opongan a las exigencias del orden moral" (CC 463 y 464).
En el Quinto Mandamiento ("No matarás") se afirma que "la vida humana ha de ser respetada porque es sagrada. Desde el comienzo supone la acción creadora de Dios" (CC 466) y a partir de allí se explica "la legítima defensa de la persona y de la sociedad" (CC 467), el valor de la pena para defender el orden público y contribuir a la corrección del culpable (ver CC 468 y 469). Se menciona la "guerra y su acción defensiva" (CC 483) pero se advierte que para evitar los enfrentamiento bélicos "para la paz del mundo se requiere la justa distribución y la tutela de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto a la dignidad de las personas humanas y de los pueblos y la constante práctica de la justicia y de la fraternidad. " (CC 482) Surge el desafío educativo, catequístico y pastoral de proponer una educación "como práctica de la justicia y de la fraternidad" de tan amplia difusión como la que tuvo en el período setentista la obra de Pablo Freire: "La educación como práctica de la libertad".

Es el Séptimo Mandamiento ("No robarás") el que aparece de máxima importancia para la Doctrina social de la Iglesia ya que "la Iglesia encuentra también en este mandamiento el fundamento de su doctrina social, que comprende la recta gestión en la actividad económica y en la vida social y política, el derecho y el deber del trabajo humano, la justicia y la solidaridad entre las naciones y el amor a los pobres" (CC 503). Por eso, después de mencionar el destino y distribución universal de los bienes, a los que se subordina el derecho de propiedad, se extiende exhaustivamente sobre el contenido de la Doctrina social de la Iglesia, la intervención de la Iglesia en materia social, las ideologías opuestas, como el comunismo y el capitalismo, el trabajo, la función del Estado en la protección de los derechos, el respeto ecológico, el legítimo recurso a la huelga, la justicia y la solidaridad entre las naciones y participación de los cristianos en la vida política y social, inspirados en el amor preferencial por los pobres, que caracteriza a los discípulos de Jesús (ver CC 503-520) y que, es conveniente agregar, en América latina esos discípulos son, en su mayoría, también pobres.

La realización histórica del reino de Dios

El tema del reino de Dios, tan claro en la predicación de Jesús de Nazaret ha sido revitalizado por la teología posconciliar, por los teólogos de la liberación y a nivel del Magisterio sobretodo por Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: "Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que en relación a él, todo se convierte en ‘lo demás’, que es dado por añadidura. Solamente el reino es absoluto y el resto es relativo" (Evangelii Nuntiandi, 8). Su anuncio es también la tarea misionera de la comunidad de los creyentes en el Resucitado. "La Iglesia tiene viva conciencia que las palabras del Salvador ‘es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades’ se aplica con toda verdad a ella misma" (Evangelii Nuntiandi, 14).

Ligado durante mucho tiempo sólo a la presencia de la gracia en cada creyente con un acento demasiado individualista y reservado para "la otra vida", ha adquirido últimamente también una resonancia social y una dimensión de presencia en el hoy de la historia humana. El CC lo trata sucintamente al explicar la petición de la oración del Padre Nuestro, introducida por la pregunta "¿Qué pide la Iglesia cuando suplica ‘Venga a nosotros tu Reino’?". La respuesta abarca el destino escatológico trascendente de toda la humanidad y el crecimiento del Reino en la tierra; la santificación humana y la tarea cotidiana de construir arduamente la paz, la justicia y la solidaridad con en el espíritu del mensaje del Sermón de la Montaña: "La Iglesia invoca la venida final del Reino de Dios, mediante el retorno de Cristo en la gloria. Pero la Iglesia ora también para que el Reino de Dios crezca aquí ya desde ahora, gracias a la santificación de los hombres en el Espíritu y al compromiso de éstos al servicio de la justicia y de la paz, según las Bienaventuranzas. Esta petición es el grito del Espíritu y de la Esposa: ‘Ven, Señor Jesús’". (CC 590).

Es también en el contexto de las peticiones del Padre Nuestro que puede precisarse el sentido de la búsqueda de la justicia y de la paz con las expresiones de la solidaridad cotidiana. Al interrogantes sobre el sentido de la petición Danos hoy nuestro pan de cada día se responde con la dimensión teologal del pedido y su concreción en el obrar humano que puede resumirse en el refrán popular "A Dios rogando y con el mazo dando": "Al pedir a Dios, con el confiado abandono de los hijos, el alimento cotidiano necesario a cada cual para su subsistencia, reconocemos hasta qué punto Dios Padre es bueno, más allá de toda bondad. Le pedimos también la gracia de saber obrar, de modo que la justicia y la solidaridad permitan que la abundancia de los unos cubra las necesidades de los otros" (CC 592).

El reino de Dios, los cielos nuevos y la tierra de la justicia

El reino incluye una dimensión de transformación de la materia expandiéndose en vida y en galaxias y, expresada con la categoría simbólica de "estremecimiento cósmico" para planificarse en su consumación. "Después del último estremecimiento cósmico de este mundo que pasa, la venida gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo definitivo de Dios en la Parusía y el Juicio final. Así se consumará el Reino de Dios" (CC 134, que remite al Catecismo de la Iglesia Católica 677).

Esta culminación de las realidades del universo que según las actuales teorías científicas comenzaron con el estallido del "big bang", irrumpe en las leyes de la naturaleza que conocemos. "No se ve ninguna razón para que los cristianos que profesan en el credo la resurrección de la carne, se tuvieran que quedar por detrás de pensadores marxistas como Bloch y Marcuse, que con toda energía aguardan que de un mundo nuevo resulte también un estado nuevo de la materia" (J. Ratzinger).

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el lugar mencionado, cita los versículos de la Segunda Carta de Pedro, dónde con densas imágenes apocalípticas se invita a una conducta que muestre que se está "esperando y acelerando la venida del Señor", porque de acuerdo con su promesa, "esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia" (ver 3, 11-14). Con su comportamiento, los cristianos y cristianas "impregnan el mundo con el espíritu del Evangelio y apresuran la venida del Reino de Dios" (CC 433). Cuando ello ocurra será posible modificar la clásica expresión que refleja la tensión histórico-escatológica "ya, pero todavía no" con la exclamación definitiva: "¡ahora ya está!".

En los días previos he colocado algunos comentaros sobre la democracia, de hecho la definición la tome de wikipedia, acción que repito para exponer la definición del termino en cuestión:

http://es.wikipedia.org/wiki/Bien_com%C3%BAn

En este aspecto es importante aclarar que os referimos exclusivamente al enfoque bajo la Doctrina Social de la Iglesia, el cual no debe confundirse con el estado de bienestar que propugnan los socialdemocratas, cuya definición encontraran en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_de_bienestar

La principal diferencia entre un enfoque y el otro es el rol del estado, mientras que para los socialdemocratas debe existir un estado que asegure la equidad en los relevante a los derechos económicos y sociales, en la DSI existe el libre albedrío que implica una responsabilidad biunívoca entre cada individuo y los demás y por ende es el fin de la sociedad.

Es importante destacar que la primera diferenciación deriva del respeto a la dignidad de la naturaleza de la persona humana, a su vez implica representación proporcional de mayorías y minorías, coexistencia productiva y pacífica y el continuo perfeccionamiento de la sociedad humana.

Este último punto es la clave en la diferenciación es que la sociedad socialdemocrata finalmente propugna ir a una sociedad socialista y finalmente deriva en el estado del comunismo, el cual según su esquema de valores y principios es la sociedad perfecta, utopía inalcanzable en términos reales. 

Los elementos básicos del bienestar común son:

  • Las condiciones sociales de paz, justicia y libertad.
  • El conjunto de bienes materiales, educativos, religiosos
  • La equidad en el reparto de esos bienes y finalmente
  • La adecuada organización social

 Para una ampliación de los términos se recomienda visitar la web del Vaticano, en la sección de la biblioteca en línea:

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html#Significado%20y%20aplicaciones%20principales

Ing. Francisco J González R Msc

Pdte (E)

COPEI Partido Popular Cabimas

EL ZULIA SIGUE GANADOR

En un país convulsionado por la cada vez más onerosa expresión de la tiranía sultánica que desde caracas irradia hacia el resto del país, coartando nuestras libertades algunas veces de una manera tan radical y otra de una manera tan sutil que ha sobrepasado los límites aceptables dentro del marco democrático, eso nos ha llevado a mejorar la forma tradicional de hacer política, ya son 5-1/2 años que inventamos el concepto de la unidad en Cabimas, apenas este año Venezuela aplicó el concepto, claro está de manos de la Democracia Cristiana.

Es muy obvio que del resto de la nación nos separan raíces étnicas, culturales e históricas, por ejemplo entre 1670 a 1770 administrativamente éramos administrados por la Nueva Granada y entre 1811 a 1821, éramos aún una provincial española, de allí no constituimos “libres e independientes del gobierno español, constituyéndonos en República Democrática”, la República del Zulia, la cual para muchos duro hasta 1868 e incluso 1891 y hasta 1916seguna algunas versiones, sin embargo ese sentimiento no ha muerto, eso es lo que recodamos cada 28 de enero, la época cuando nos alzamos en armas para asegurar nuestras fronteras y erigirnos como un estado autónomo, soberano e independiente, el cual Guzmán juro doblegar y empobrecer hasta reducir a una solitaria playa de pescadores, cosa que no pudo hacer, aún cuando los últimos 100 años hemos vivido casi como un país doblegado y expoliado por su conquistador.

Al menos así fue hasta hace casi veinte años cuando a través de la subsidiaridad pudimos seleccionar nuestras autoridades, apenas alcanzamos descentralización política, la administrativa fue reducida a una simple desconcentración, errores tras los cuales hoy un nuevo dictador quien con un renovado odio al Zulia y a lo que representa al más puro estilo guzmancista trata de nuevo de golpear nuestro soberano estado, recentralizando y reconcentrando todo aquello que por justo derecho es nuestro de todos los Zulianos, en nombre de una estéril y ya decadente revolución.

El último centenar de años no han sido suficientes para acallar el espíritu altivo y soberano de un Zulia que reclama su lugar como nación y estado soberano, tiempo que no ha sido suficiente para acallar el ansia de poder de Caracas y apenas tenemos medio siglo de haber descubierto que el ansia de poder de Maracaibo es quizás más grande que la de la capital, sin embargo, eso es producto de aun estar aprendiendo que se supone es la democracia.

Los resultados que hemos obtenido a lo largo y ancho de la nación, no son sino una muestra de ello, democracia no es la voluntad de la mayoría como mal interpretan los socialdemócratas, tampoco es la voluntad de un estado todopoderoso que se abroga para sí la representación del pueblo, como pretenden los revolucionarios de la izquierda comunista, ella es más bien el punto de equilibrio donde las mayorías y minorías esta representadas y coexistan pacifica y productivamente.

Lo vimos a lo largo y ancho de la nación, minorías se atrincheraron y pudieron resistir tanto que cambiaron el equilibrio de poder entre las mayorías, en otros casos mayorías incapaces de dialogar entre sí debieron ceder su paso a minorías, lo mismo aplica a las expresiones de liderazgo, lo único que tenemos claro es que acá no existe espacio para las minorías, el oneroso uso de las morochas no hace sino castrar la voluntad democrática de la nación.

Todo el concepto de hacer política esta trastocado, no es la función de servicio que esperamos debería ser, el enfoque del poder esta volteado de cabeza, se le concede mayor importancia en el poder central al presidente que en el poder local al alcalde, cuando debería ser al contrario, la federación no fue sino un sueño que apenas hoy luchamos por hacer realidad.

En nuestro estado ese enfoque es diferente al usado en el resto del país, el gobierno zuliano bajo una perspectiva socialdemócrata, de momento ha tomado buena parte de las banderas de la Democracia Cristiana, luchado por ser un ejemplo de amplitud, inclusión y hasta cierto punto efectividad, aún cuando en los municipios aún se producen pugnas por el poder local, que deberán ser subsanados como parte del proceso natural de evolución de la sociedad política.

Así el Zulia seguirá marcando la pauta de la evolución de la sociedad política venezolana y subsecuentemente alcanzara el grado de madurez necesario que aquellas proclamaciones que desde hace 187 años han enunciado:

“¡Viva la independencia de Maracaibo!…. ¿Qué puede unirnos ya a esa República (Venezuela) contradictoria que soporta humillada con la resignación del esclavo vil, una dictadura que se organiza como para ser interminable, sin vergüenza ni temor de la historia? (sigue): Rompamos los lazos: ¡Proclamemos la Independencia de Maracaibo! ¡tenemos elementos para subsistir por nosotros mismos!”

“No más consideraciones, maracaiberos; la lealtad no nos ordena el suicidio. Rompamos los lazos, proclamemos la independencia”

“El estado reasume la soberanía delegada en los poderes nacionales, mientras que los pueblos de la unión establecen un gobierno general de conformidad con los estatutos de los Estados Unidos de Venezuela”

Sean una realidad, tiempo para que las voces de los cobardes que aún hoy le temen a la idea sean acalladas, para que nuestro estado alcance su lugar en el seno de las naciones libres del mundo, mientras tanto saludos con júbilo a Pablo Pérez Nuevo Gobernador del Zulia, quien en nuestro municipio y en todo el estado se consagro ganador con nuestro humilde aporte, aún a pesar de malas jugadas de gente de sus propias filas y nos comprometemos a ayudar esa gestión que es de todos nosotros los Zulianos.

 

Ing. Francisco J González R Msc

Presidente (E)

COPEI Partido Popular Cabimas.