El reto de las parlamentarias, por Roberto Enríquez

 

 Perder la esperanza es la peor opción que tenemos la gran mayoría de los venezolanos que deseamos con urgencia un cambio profundo en el país. Precisamente la estrategia del Gobierno se apuntala y apuntalará en la soez estratagema de desmoralizar a esa gran mayoría de venezolanos con el abuso de poder y la intimidación para generar abstenciòn.

 La urgencia del cambio no puede convertirse en desesperación; aunque razones huelgan para estar desesperados; los venezolanos debemos hacer de tripas corazón para no dejar que nos quiebren el espinazo de la fe y el espíritu de lucha. Yo siento mucha repulsión por los políticos de promesas engañosas y ofertas temerarias; la tragedia venezolana ha estado marcada por personajes de esta lamentable estirpe. Y eso debemos cambiarlo nosotros mismos: los políticos. Y apostar a la sensatez del pueblo. Por mi parte; estoy dispuesto a asumir ese riesgo.

 Yo he comparado la lucha política con una especie de rascacielos. Hay quienes comenzamos desde la planta baja subiendo peldaño a peldaño en un esfuerzo tenaz por ser cada día mejores. Desde muy jóvenes, casi niños, nos iniciamos en la gesta de hacer de Venezuela un gran país. Hay quienes por el contrario, comenzaron sus luchas desde el pent-house y llegaron en helicóptero. A punta de privilegios, conexiones, dinero o poder militar. Los hay en la oposición y en el gobierno, es la verdad. Con ellos debemos convivir si queremos una Venezuela unida y en paz. Pero reconozco que a mí me generan una gran aprehensión.

Esto lo digo porque ya estamos en los progròmos de un desafío vital para el destino del país. El reto de las parlamentarias está empedrado de obstáculos y maniobras. Y para enfrentar eso, debemos estar más unidos que nunca, y no dejar que se nos desborden las pasiones sin cumplir el objetivo: Ganar.

 Si Maduro fuera un hombre de Estado, ya hubiera abierto los canales de comunicación con la oposición para conformar un CNE confiable para todos. Ojalá me sorprenda; pero por lo pronto no veo señales promisorias. El sentido de Estado de un político responsable y con amor por Venezuela debería ser procurar salir del proceso de postulaciones con un CNE capaz de aglutinar la confianza y credibilidad de todos los venezolanos.

 Esta luz de alerta que estoy encendiendo no puede ser el argumento para deprimirnos. Muy por el contrario debe ser el acicate para movilizarnos nacional e internacionalmente en la faena de lograr un CNE confiable, ninguna democracia medianamente seria del continente digerirá con facilidad la bribonada de dejar al CNE convertido en un apéndice del Gobierno. Debemos actuar, sí. Y en eso estamos. Pero la sociedad no puede perder la fuerza popular para castigar al Gobierno en las próximas elecciones parlamentarias.

 La torta que ha puesto el presidente Maduro en el Gobierno no le da margen para salir favorecido en las elecciones parlamentarias. Es por ello que tenemos que prepararnos para la vorágine de atropellos institucionales, abuso de poder, y el saqueo de los recursos públicos para financiar la campaña electoral oficialista. Si de verdad queremos que las cosas comiencen a cambiar en el país, debemos apretarnos los pantalones y entender que a pesar de todo y contra todo, debemos salir a votar y ganar las parlamentarias.

 Esa victoria es vital para el país entero. La necesidad de equilibrar los poderes públicos en Venezuela es una necesidad inaplazable para la supervivencia democrática de nuestra nación. “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, decía lord Acton, y vaya que tenía razón. A partir de la victoria del cambio en la AN se iniciará un proceso de equilibrio y moderación en el ejercicio del poder. Y con eso no gana un sector, gana toda Venezuela. He allí la almendra del reto de las parlamentarias.

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