HABLAN LOS ACTORES.
ENTREVISTA DE ISABEL PEREIRA A EDGAR PAREDES
1. ¿Cómo expresarías la idea central que animó el paro petrolero?
En primer lugar debe enfatizarse que la denominación “paro petrolero” es una que logró imponer el régimen a través de su muy efectiva propaganda, buscando desviar la atención de lo que fue un amplio movimiento ciudadano que impulsó una protesta a la que se sumaron numerosos y variados sectores y que condujo a lo que fue un paro cívico nacional, al cual se sumaron los trabajadores y empleados petroleros. La fuerza impulsora de este movimiento no fue otra que el entendimiento en la ciudadanía de la naturaleza del régimen chavista, un régimen, que cómo lo ha demostrado con creces, se aposentó en el poder para perpetuarse, destruyendo la esencia de la democracia en Venezuela y destruyendo las instituciones. Los petroleros habíamos sentido esto muy en carne propia: la intención de convertir la Industria Petrolera Nacional, de una manejada con criterios de eficiencia, buscando los máximos beneficios para la Nación, a otra al servicio de un proyecto político desnacionalizador, nos permitió entender el curso en donde se movía la historia en Venezuela. El preámbulo fue lo ocurrido durante los primeros meses del 2002, cuando de una manera transversal en todo el estamento de la industria petrolera, protestamos contra lo que fue la primera fase de la destrucción de PDVSA, al nombrarse una Directiva sin las necesarias calificaciones para el manejo del negocio, pero sí con las que el régimen quería: la total identificación con su proyecto totalitario. En esa ocasión los venezolanos acompañaron a los petroleros y la protesta escaló, conduciendo a la renuncia de Chávez el 11 de Abril de 2002, y su posterior reposición en el poder. A partir de estos hechos la situación no hizo sino agravarse y la crisis se profundizó, conduciendo al escalamiento del conflicto y a la profundización del movimiento ciudadano. En el caso específico de los petroleros el sentir profundo de querer preservar los valores fundamentales de PDVSA constituyó la principal fuerza impulsora que nos unió al clamor de la ciudadanía. Un hecho esencial fue lo que ya en esos tiempos nos era claro y que se acentuó cada vez más en los años que siguieron: la entrega del país al dominio cubano, lo cual conocíamos muy de cerca por los convenios de suministro de petróleo y derivados a Cuba, en condiciones totalmente desfavorables a Venezuela, condiciones que significan una transferencia de riqueza a Cuba, propio de una relación neocolonial.
Todo lo que ocurrió después, no ha hecho sino confirmar lo anterior y darnos la razón. La destrucción de PDVSA se consumó en los años que siguieron. Hoy por hoy PDVSA está plagada por la corrupción, con sus capacidades productivas por los suelos, con altísimas tasas de accidentalidad y fatalidad. Y esto ha sido por diseño y con intención: la eficiencia no es un valor para un régimen como el que detenta el poder en Venezuela, pero sí lo es la sumisión a su proyecto político.
2. Como calificas ese movimiento ¿huelga, paro, protesta?
Lo califico como protesta, una de contenido muy profundo, que continuó luego y perdura hasta el día de hoy, con altos y bajos, y que no cesará hasta que se restaure plenamente la democracia en Venezuela. Esa protesta ha tenido muchas y muy variadas formas de lucha, en sus diferentes etapas y en las que nos tocó vivir durante los años 2002 y 2003, con los petroleros como importantes protagonistas junto al resto de la ciudadanía, la huelga y el paro formaron parte de esas formas de lucha. En el desarrollo de esta protesta los petroleros nos convertimos en aquel entonces quizás en la cara más visible de la misma, en su vanguardia, ya que interpretamos e hicimos nuestro el sentir de los ciudadanos.
Las huelgas y paros, de diversos sectores, así como otras formas de protesta, fueron y siguen siendo legítimos y constituyen un derecho ciudadano, protegido por todas las convenciones internacionales.
De hecho la OIT en su oportunidad así lo calificó. Nunca ejercimos ni promovimos la violencia, como sí lo ha hecho permanentemente el régimen. Nuestra lucha fue y sigue siendo profundamente democrática y siempre promovimos la vía electoral como la única salida posible a la crisis, una vía electoral bajo condiciones limpias y transparentes, sin ventajismos, abusos y amenazas.
Cabe señalar, que en las primeras de cambio, en los primeros meses del 2003 el régimen procedió al despido ilegal de más de 20.000 empleados petroleros, desconociendo sus derechos laborales, en lo que constituyó una verdadera masacre laboral, que por su magnitud tiene muy pocos, o quizás ninguno, precedentes en el mundo. Desde ese momento y en los meses subsiguientes, en lo que respecta a la participación de los petroleros en al paro cívico nacional y en el movimiento ciudadano, no puede hablarse de paro o huelga en el estricto sentido de la palabra, ya que dejamos de ser empleados de la industria petrolera. Como se decía antes, el régimen continúa hablando del paro petrolero, y repitiendo mil veces esta mentira ha logrado que otros igualmente usen esa expresión. Pero en el caso petrolero lo que realmente ocurrió fue un “lock out” patronal, utilizado para la toma de la industria para su proyecto totalitario.
3. ¿Piensas que fue justa, que no había otro camino?
La lucha por la libertad, por la democracia, contra la destrucción de las instituciones, no puede calificarse sino de justa. Los petroleros no éramos ni somos políticos, éramos y somos ciudadanos a los que nos duele el país y su destino y nunca hubiéramos deseado sino que la crisis se resolviera mediante la discusión, la negociación y los acuerdos, como se resuelven las crisis en los ambientes democráticos. Pero esto no era posible con un régimen que no es democrático, que lo que persigue es la destrucción del adversario político y no la convivencia con él, siempre alentado por la consolidación de un poder total. De hecho el régimen buscó la profundización del conflicto, tal y como lo alardeó el propio Chávez en uno de sus interminables discursos, cuando afirmó que lo ocurrido era el camino diseñado por él para la toma de PDVSA y la sustitución de su personal por sus incondicionales.
4. ¿Era una idea compartida, había diferencias entre los dirigentes dentro de la industria?
El movimiento de los petroleros durante los años 2002 y 2003, contó con el apoyo mayoritario de los trabajadores, empleados y gerentes. Sus figuras más visibles surgieron por ser los que mejor representaban y expresaban el sentir de la mayoría y no por sus posiciones jerárquicas dentro de la estructura de la Industria. Las organizaciones que surgieron, Gente del Petróleo y Unapetrol, igualmente se constituyeron de esta manera. Fue un proceso muy democrático, empujado por una visión compartida del país y de la industria petrolera. La discusión y el consenso fueron la regla y las diferencias se dirimían en ese contexto. Las asambleas multitudinarias de aquellos tiempos, en todas las zonas petroleras del país, fueron una clara demostración de ello. En lo fundamental, en la esencia y en las formas de la protesta, existió una visión compartida.
5. ¿Qué mensajes percibías de la sociedad, desde fuera de la empresa, qué crees que esperaban de ustedes?
La sociedad venezolana se identificó y sumó a los petroleros en las primeras etapas de comienzos del 2002, cuando exigimos el mantener a PDVSA como una empresa al servicio de la Nación, cuando defendimos la meritocracia como uno de sus baluartes. Ya en Diciembre del 2002, cuando diversos sectores convocan al paro cívico nacional, el clamor de la gente era que los petroleros se sumaran al movimiento, lo que ocurrió bajo una decisión individual de todos y cada uno de nosotros. Era claro para todos que el paro cívico nacional se fortalecía con la incorporación de los petroleros.
6. ¿Cuáles eran las expectativas de los líderes, creían que el gobierno aceptaría negociar?
Siempre quisimos negociar y siempre tuvimos la esperanza de llegar a acuerdos. En todo momento lo promovimos, junto al resto de las fuerzas democráticas, partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil. Desde los meses previos a Abril del 2012, cuando la protesta por la defensa de PDVSA y de la meritocracia como uno de sus pilares fundamentales, innumerables reuniones y contactos sostuvimos con diferentes representantes del régimen tanto en el poder ejecutivo como en el legislativo, en lo que fue un diálogo de sordos. Igualmente después de la renuncia de Chávez y su retorno al poder en Abril del 2002, fuimos los primeros en querer conversar con el régimen sobre el nombramiento de autoridades idóneas para dirigir PDVSA
7. ¿Alguna vez contemplaron la idea de que el gobierno no negociaría, que llegaría hasta las últimas consecuencias?
El curso de los acontecimientos demostró que el gobierno nunca tuvo la intención de negociar, obedeciendo así a lo que es su más íntima naturaleza, la de un régimen totalitario, que busca la aniquilación del contrario y nunca el llegar a bases mínimas de acuerdo cuando existan diferencias o conflictos. El régimen siempre ha aparentado querer negociar cuando se ha visto arrinconado, pero en el fondo lo que ha buscado siempre es esperar a que las circunstancias le sean de nuevo favorables para enterrar la más pequeña posibilidad de soluciones a la crisis a través de los acuerdos.
8. ¿Cómo visualizaban las intenciones del gobierno? ¿Qué era lo más peligroso, que había que impedir?
Las intenciones del gobierno siempre fueron y siguen siendo las de entronizarse, las de adquirir el poder total, las de destruir la democracia, las de someter a Venezuela al dominio cubano. Y en el caso particular de la Industria petrolera y de PDVSA, las de convertirla en un instrumento de su proyecto político, dejando a un lado cualquier criterio de eficiencia, dejando de lado lo que debe ser su razón de ser: una industria y una empresa al servicio de la Nación.
Contra esas intenciones es que nos levantamos los venezolanos y los petroleros y contra esas intenciones es que seguimos luchando.
9. ¿Cómo definirías las relaciones entre la industria y el país?
Las relaciones entre la sociedad venezolana y la industria petrolera siempre han sido complejas. La estatización ocurrida en los años ’70 se ejecutó bajo el diseño de preservar los criterios y sistemas empresariales que regían en las empresas transnacionales y de alejar su manejo en todo lo posible de la influencia política. Asimismo se concibió que el fin de la industria era la de proveer la máxima cantidad de recursos monetarios al estado para el cumplimiento de los fines de este. Este diseño se cumplió en buena medida y efectivamente PDVSA y sus filiales fueron manejadas como empresas, bajo esquemas de eficiencia y se alcanzaron importantes logros en su consolidación y crecimiento, en las diferentes facetas del negocio. Sin embargo, este diseño no permitió avanzar en superar el aislamiento de la industria respecto al país y tampoco el esquema rentista, que siempre dominó, desde los años pioneros a comienzos del siglo XX, la relación entre el petróleo y el país. Por un lado, si bien los venezolanos siempre reconocieron el profesionalismo en la gestión de la industria, por otro lado, el aislamiento y el modelo rentista, trajeron consigo una suerte de resentimiento en algunos sectores.
Hoy en día, después de la toma de PDVSA por el régimen, el aislamiento de la industria con la sociedad venezolana se ha acentuado. Si bien la intensa propaganda hace querer ver que “ahora PDVSA es de todos” la realidad delata que esta PDVSA de hoy, la destruida, abandonó cualquier estrategia para superar el modelo rentista y lo que ha hecho es exacerbarlo, concibiéndose exclusivamente como proveedora de recursos monetarios para el proyecto político del régimen y de su sometimiento a Cuba.
10. ¿Cómo definirías la situación del país, antes del paro?
Desde su instauración hasta los eventos del 2002 y 2003, el régimen chavista había ya dado muestras más que suficientes de cuál era su proyecto y de la manera como pretendía instaurarlo. La manipulación de las reglas de la democracia para su beneficio, la igualmente manipulada modificación de la constitución, la siembra del odio y de la división entre los venezolanos, la promoción de la violencia, el ataque a la iniciativa y a la propiedad privada, y en lo particular el querer convertir a la industria petrolera en un instrumento de su política y a través de la entrega de nuestra riqueza petrolera, el sometimiento al dominio cubano, habían creado un clima de zozobra y de angustia en muy amplios sectores de la gente, que fueron las fuerzas impulsoras de la protesta en esos años y hasta el presente.
11. ¿Cómo evalúas el rol que jugaba la industria con respecto al país? ¿Era suficiente, podía hacerse algo distinto?
El principal rol que había cumplido la industria era la de proveer la máxima cantidad de recursos monetarios al Estado, manteniendo simultáneamente su capacidad productiva de una manera óptima mediante la ejecución de los necesarios planes de inversión. Pero esto no era suficiente y la misma dirigencia de la industria en conjunto con importantes sectores políticos había entendido la necesidad imperiosa de evolucionar del modelo rentista hacia una relación mucho más estrecha y productiva entre el petróleo y la sociedad venezolana. Las primeras estrategias en esta dirección tuvieron como fruto la consolidación de un tejido de empresas nacionales proveedoras de bienes y servicios. Posteriormente se diseñaron e impulsaron las estrategias de la apertura petrolera, la de industrialización de los hidrocarburos, la de participación accionaria de los venezolanos en el negocio, entre otras, que perseguían el abandono del modelo rentista y modificar el vínculo hasta ahora existente entre el petróleo y la sociedad venezolana. La implantación de estas estrategias fue abortada luego de la toma de PDVSA por el régimen, retrocediéndose a épocas que ya habían sido superadas. Con este régimen se ha profundizado el esquema rentista.
12. Como directivo de PDVSA ¿Sentías que eras un empleado público?
Nos sentíamos y éramos plenamente conscientes de ser empleados de una empresa del Estado, pero por otra parte teníamos en alta estima la manera como se gestionaba la industria: con criterios de eficiencia, con muy poca injerencia política, buscando fundamentalmente el máximo beneficio para el accionista, que no era otro que el Estado venezolano.
13. ¿Cuál era tu visión acerca de la utilización por gobierno de los recursos que proveía la industria?
En lo personal considero que el país progresó enormemente debido a los recursos que el petróleo proveyó. El desarrollo de la infraestructura, los avances educativos, las mejoras en la salud de los venezolanos, entre otros logros, alcanzados durante los años de la democracia así lo demuestran. Pero la otra cara de la moneda muestra que hubo ineficiencia en el manejo de estos recursos y que siguiendo un modelo rentista, con la economía centrada en buena medida alrededor de la discrecionalidad del estado, se desaprovecharon grandes oportunidades de avanzar hacia un esquema más productivo, de mayor inclusión y que permitiera superar aún más las inequidades existentes.
El régimen actual, ha abandonado lo positivo que existía en la utilización del recurso petrolero. El acentuado deterioro de la infraestructura del país así lo demuestra.
Pero más grave aún, se han dilapidado los más grandes ingresos petroleros que ha tenido el país en toda su historia. Por los elevadísimos precios del petróleo de los últimos años el país ha contado con enormes ingresos, los cuales no han sido utilizados para la solución de nuestros problemas y para promover nuestro desarrollo, desperdiciándose así la más grande oportunidad que jamás tuvimos. Sobre esto algún día se rendirán cuentas.
14.¿Cuál es tu balance como líder de ese movimiento acerca de lo que ocurrió y está ocurriendo en el país?
La protesta del movimiento ciudadano durante los años 2002 y 2003 constituyó una etapa muy importante dentro de esta ya larga y dura lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela, la cual todavía no concluye. En esa etapa los petroleros, defendiendo valores y principios, fuimos importantes protagonistas y estuvimos en la cresta de la ola de esa protesta, la cual logró remecer los cimientos del régimen, aunque en esa etapa no se logró la victoria, que hubiera sido la solución a la crisis del país mediante un proceso electoral, bajo condiciones verdaderamente justas y democráticas. Sin embargo, no debe ni puede hablarse de derrota. Esa etapa se correspondió con el momento y contribuyó a cimentar lo que ha venido después, con altos y bajos, con victorias parciales y también derrotas, pero todo suma y todo habrá contribuido a lo que será la victoria final contra el proyecto totalitario de este régimen
Lo que ocurrió acentuó todavía más el odio del régimen hacia los petroleros, odio que tenía sus cimientes en el resentimiento de sus personeros hacia la tecnocracia en todas sus formas y hacia todos aquellos que no sean sus incondicionales, hacia todos aquellos que se opongan a su poder total. Se produjo la masacre laboral antes mencionada, seguida de una persecución laboral que perdura al día de hoy, tanto en Venezuela como en el extranjero. Se desalojaron con inusitada violencia a las familias de los campos petroleros. Se han abierto procesos penales y administrativos, sin ningún sustento legal, obligando a unos cuantos a emprender el camino del exilio. Se ha pagado un precio muy caro, pero los petroleros lo hemos asumido como el precio pagado por el cumplimiento de un deber. Muchos han olvidado y unos cuantos minimizan y obvian lo que fue nuestra contribución, pero llegará el momento de las reivindicaciones.
La protesta continúa hasta el presente y no cejará. La historia demuestra lo difícil y dura que resulta la lucha contra los regímenes totalitarios; llegan al poder haciendo uso de las reglas de la democracia, para luego destruirla, junto con las instituciones que les dan sustento. Y esta destrucción ha avanzado, pero también el entendimiento por parte de las fuerzas democráticas de lo que está ocurriendo. La sociedad venezolana ha demostrado una enorme resistencia y tenacidad, y se ha levantado una y otra vez, renaciendo desde las derrotas y lo seguirá haciendo. El régimen no ha logrado ni logrará doblegarnos. El país logrará recuperarse, sus instituciones estarán al servicio de todos los venezolanos, la economía podrá desarrollarse bajo esquemas de amplia participación del sector privado y con estrategias dirigidas a la inclusión de las amplias mayorías al proceso económico, pero no a través de las dádivas del estado poderoso, sino mediante empleos dignos, que impliquen que el crecimiento del individuo, en un marco de igualdad de oportunidades, dependa fundamentalmente del esfuerzo propio.
15. ¿Crees que una empresa como PDVSA debe continuar como propiedad pública o crees que ese monopolio debería abrirse? ¿Cómo y por qué?
El modelo de una industria petrolera bajo el dominio exclusivo del estado, está agotado. La decisión asumida en los años ‘70 de estatizar la industria, hasta aquel momento en manos de las grandes petroleras transnacionales, fue un paso necesario, que trajo consigo su dominio y manejo estratégico por parte de los venezolanos y con ello la consolidación en beneficio del país de las áreas claves del negocio. Sin embargo el monopolio estatal ha fortalecido el rentismo alrededor del petróleo y ha limitado las enormes posibilidades del negocio petrolero de constituirse en un motor de desarrollo, cambiando el vínculo existente entre el petróleo y la sociedad, de uno de aislamiento a otro de amplia participación de los venezolanos en su principal industria. El estatismo no ha hecho sino exacerbarse bajo este régimen, añadiéndose además vicios que no existían en otras épocas: la politización y la corrupción. Estrategias que se habían iniciado exitosamente, dirigidas a lograr la integración de la industria petrolera con la sociedad venezolana, fueron abortadas.
Estas estrategias, adecuadamente reformuladas, junto a otras nuevas, deberán retomarse, una vez que bajo un nuevo gobierno democrático se pueda abrir un intenso debate y se llegue a consensos sobre el rumbo que debe seguir el negocio fundamental del país.
Diversos planteamientos se han venido elaborando al respecto. En general PDVSA podrá mantenerse como una empresa estatal, pero ahora no como un monopolio sobre la actividad, sino más como promotora de una apertura al capital privado que podrá tener participación en todas las áreas y facetas del negocio, reservándose PDVSA alguna participación en donde sea considerado como conveniente y necesario. PDVSA se deberá concentrar en el negocio, separándose de ella los roles de la formulación de las políticas, rol que deberá ser el exclusivo de un reestructurado Ministerio de Energía y del rol que deberá a su vez asumir un ente regulador que deberá crearse. Por otra parte se deberán diseñar esquemas que garanticen la obtención directa de beneficios del negocio por todos y cada uno de los venezolanos. Finalmente se deberán establecer estrategias que fomenten encadenamientos industriales a partir del petróleo.
La cristalización de estos conceptos es lo que permitirá finalmente que el petróleo se convierta en un verdadero motor del desarrollo nacional.
16. ¿Tenías en el plano personal alguna crítica sobre PDVSA?
Por supuesto que siempre existieron aspectos que debían y podían corregirse y mejorarse, y esto en una organización de las magnitudes de PDVSA era especialmente válido. Sin embargo en lo fundamental, PDVSA fue una empresa que siempre buscó corregirse y superarse, basándose para ello en principios y valores empresariales muy firmemente enraizados. Desde la estatización, la misma PDVSA avanzó en la consolidación y crecimiento de las áreas clave del negocio: exploración, producción, refinación, comercio, tecnología. La misma PDVSA formuló e inició estrategias dirigidas al abandono del modelo petrolero rentista. La misma PDVSA se reorganizó a estructuras que buscaban alcanzar una máxima eficiencia. Siempre las cosas se han podido hacer mejor y errores se cometieron, pero el rumbo fue el correcto.
17. PDVSA hoy. ¿Cuáles son las perspectivas?
En lo que se ha convertido PDVSA, después de su toma por el régimen, no ha hecho sino confirmar y justificar las razones que movieron a la protesta del 2002 y las denuncias que constantemente se han venido haciendo. Hoy por hoy PDVSA es una empresa destruida, cuya finalidad es estar al servicio del proyecto totalitario del régimen y no al servicio del bienestar de los venezolanos. Después del despido de los 20.000, y la pérdida de cientos de miles de años de experiencia, la industria pasó a ser manejada por personas sin las debidas competencias, seleccionadas y nombradas solamente por su incondicionalidad política. Con una capacidad productiva disminuida, sin que se realicen las inversiones y los mantenimientos requeridos para reactivarla. Las tasas de accidentalidad y fatalidad han alcanzado niveles tales que demuestran un menosprecio por la vida y seguridad de los trabajadores y de los habitantes de las comunidades vecinas a las instalaciones petroleras. La reciente tragedia ocurrida en la refinería de Amuay, con decenas de víctimas y con ningún precedente en Venezuela y pocos en otras latitudes, constituye un triste ejemplo que nunca jamás puede repetirse. Ni sobre esto, pero tampoco sobre el manejo de la administración del negocio, los jerarcas del régimen rinden cuentas. PDVSA se ha constituido en una verdadera caja negra, altamente endeudada y plagada por la corrupción. Los más oscuros manejos son la base para transacciones comerciales y para contrataciones. Se abandonaron planes y proyectos imprescindibles para el negocio. Se han vendido muy desfavorablemente activos estratégicos en el exterior. Se han perdido mercados de alto valor agregado para el país y se han establecido convenios de suministro de petróleo y derivados, sólo con finalidades políticas y que conllevan una alta pérdida de valor para Venezuela. La entrega de nuestra riqueza petrolera a Cuba, constituye la mejor demostración de ello.
PDVSA es una empresa irrecuperable y no volverá a ser lo que fue.
La refundación del sector petrolero, una vez recuperada la democracia, se hará sobre nuevas bases, bases que permitan de una vez por todas que la industria más importante de Venezuela cumpla su destino de ser un motor principalísimo en nuestra evolución hacia una sociedad desarrollada. En esa refundación y reconstrucción tendrán cabida los petroleros marginados y excluidos por el régimen y también aquellos de hoy que compartan los valores del profesionalismo y de la democracia.
 
 

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