Miércoles, 16 de octubre de 2013

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Editorial

¿A paso firme hacia la tiranía?

El Gobierno puede cerrar un medio y callar dentro de la Asamblea Nacional a unos diputados. Pero no puede silenciar a miles de ciudadanos que ven y cuentan lo que ven y lo que sienten sin necesidad de estados mayores ni burocracias

El Presidente y su entorno se inventan otro organismo de control por la patria pensando, como creen siempre este tipo de gobiernos, en esta clase de circunstancias, que controlando, silenciando y ocultando pensamientos, análisis y opiniones la realidad tendrá paisajes y colores atractivos, gratos y de buen sabor para todos.

Pero la realidad es siempre la realidad, está ahí, puede verse, oírse, tocarse y especialmente sufrirse y, por ello, molestar, indignar. Si como dice el certísimo refrán una imagen vale más que mil palabras, es apabullante imaginar lo que valen riadas de imágenes, refranes, opiniones, informaciones difundidas en esa colosal ola que es, minuto a minuto, la comunicación moderna en las manos y la voluntad de cada ciudadano. Con un elemento importantísimo: la emotividad. Si la realidad es una sola y una información objetiva sólo puede mostrar lo real, la información difundida por la enorme variedad de eso que ha sido llamado redes sociales agrega libremente las emociones de sus millones de autores.

El Gobierno podrá silenciar y controlar la información transmitida por los medios de comunicación, pero no las percepciones y opiniones de millones de hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ricos y pobres. Con el potente agregado de que en un ambiente de control de la comunicación, toda comunicación que escapa a ese control se convierte en un acto de rebeldía y de triunfo personal.

La tecnología al alcance directo de cada individuo ha dejado atrás a todo control tiránico y los ejemplos son numerosos, basta recordar los estallidos populares en el norte de África y la rebeldía activa de blogueros en Cuba, para sólo citar ejemplos conocidos. El presidente Maduro, su partido, el poder militar y policial de esta arruinada y desordenada Venezuela actual, avanzan a paso firme hacia una tiranía con bases tradicionales y anticuadas de represión incapaces de vencer en la verdadera batalla, la de una realidad desastrosa frente a la mirada y el reclamo permanentes de quienes viven y padecen esa verdad de escasez, ingresos insuficientes, inseguridad e insatisfacción.

El Ejecutivo puede cerrar un medio y callar dentro de la Asamblea Nacional a unos diputados. Pero no puede silenciar a miles de ciudadanos que ven y cuentan lo que ven y lo que sienten sin necesidad de estados mayores ni burocracias. No puede silenciar esos amores que se pierden minuto a minuto.

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