Lunes, 09 de septiembre de 2013

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Editorial

Temor al cambio

El miedo a poderes públicos constitucional y éticamente autónomos. El temor, que parece crecer día a día, a que las cosas cambien como ya mucho más de medio país espera que cambien

Desde el 28 de abril pasado tres rectores principales del Consejo Nacional Electoral, las dos oficialistas Tibisay Lucena y Sandra Oblitas, y el opositor Vicente Díaz, tienen vencidos sus períodos. Cuatro meses han pasado, y vamos para el quinto, sin que la Asamblea Nacional, tan diligente en agredir a la oposición y en aprobar los miles de millones en créditos adicionales que le pide el Gobierno con costosa frecuencia, mueva un dedo para desarrollar el proceso de elección de los nuevos rectores electorales.

No son los únicos.

La Asamblea Nacional, desde hace mucho más tiempo, mantiene a la Contraloría General de la República sin contralor, sigue un encargado; y en el Tribunal Supremo de Justicia 10 magistrados permanecen con sus períodos vencidos.

En todos los casos hay una llamativa coincidencia. Para elegir a los nuevos funcionarios que relevarán a los que deben salir, se necesita en la Asamblea Nacional el voto afirmativo en cada caso de dos tercios de los diputados. Casualmente la mayoría que el oficialismo no tiene. La oposición ha dejado muy claro, una y otra vez, que ejercerá su derecho -y su deber- constitucional de examinar al detalle las condiciones de los candidatos a cada cargo, y la certeza de su neutralidad. En otras palabras, que no sean automáticamente obedientes al Gobierno.

Ése es el temor al cambio. El miedo a poderes públicos constitucional y éticamente autónomos. El temor, que parece crecer día a día, a que las cosas cambien como ya mucho más de medio país espera que cambien; a llegar a un proceso electoral en el cual además de tener en contra una clara mayoría nacional de votos, esta vez, con nuevos rectores en el CNE, ya no tendría la sartén por el mango.

El temor del Gobierno y del chavismo es que saben, en carne propia, que son una minoría en la cual comienza la desbandada. Ése es el cambio que ya no pueden detener.

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