Miércoles, 10 de julio de 2013

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Editorial

Insegura Patria Segura

 

Lo que no ha demostrado hasta ahora el Plan Patria Segura es que exista realmente un programa nacional que abarque, aunque sea progresivamente, los muy diversos aspectos y causas de la insoportable inseguridad ciudadana

Que la barbaridad sangrienta e inexcusable que masacró a tiros a una madre y sus hijas en Falcón no se haya producido en el marco del programa de seguridad ciudadana Patria Segura, no es disculpa en absoluto para el Gobierno en general y las autoridades políticas, policiales y militares responsables de la tranquilidad de los ciudadanos. Es el evento más trágico, más terrible, con el agravante de que los que acribillaron a tiros a una familia no fueron ladrones ni sicarios, sino Guardias Nacionales.

Algo debe andar muy mal en esa institución militar, con frecuencia acusada de excesos sobre personas en manifestaciones de protesta, para que un grupo de sus funcionarios, que se supone están profesionalmente entrenados, haya llegado a tales niveles que igualmente indican crueldad que miedo. Junto a otras denuncias de organizaciones como Provea, se muestra una situación en la cual el Gobierno se preocupa más por hacer propaganda de su plan de control de la delincuencia que por realidades alarmantes; el Gobierno declara porcentajes, uno tras otro, de disminución de delitos pero no parece haber la misma sensación entre los ciudadanos, especialmente los habitantes de los barrios pobres, de que puedan sentirse más seguros.

Todo programa que propenda a atacar y controlar a una delincuencia que reina en las calles cuenta con nuestro interés y respaldo. Pero los directivos y responsables no pueden limitarse a las estadísticas. Lo que no ha demostrado hasta ahora el Plan Patria Segura es que exista realmente un programa nacional que abarque, aunque sea progresivamente, los muy diversos aspectos y causas de la inseguridad ciudadana. El Ejecutivo, tan afecto a porcentajes y estadísticas, ni siquiera informa sobre cifras reales de víctimas y en los medios vemos cada lunes referencias a “cifras extraoficiales”. Por lo visto sólo son oficiales los porcentajes de disminuciones de delitos.

El Gobierno en su totalidad, empezando por el Presidente, y los dirigentes de los partidos que le dan base política, deberían mostrarse alarmados e intolerantes con cualquier exceso policial y militar, y empeñarse en investigar al mínimo detalle las instituciones cuyos miembros abusan, disparan y matan, o disparan perdigones a centímetros de un estudiante que protesta. El objetivo no es sólo dar estadísticas cada semana, es analizar, enfrentar y desarrollar correctivos eficientes para una situación que roba y asesina a miles de ciudadanos, incluyendo los mismos funcionarios policiales y militares. El propósito es desarrollar medidas que efectivamente conduzcan a soluciones a corto, mediano y largo plazo, en todas las áreas y sectores del país. Hasta donde podemos ver y escuchar, eso no está sucediendo.

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