Viernes, 05 de julio de 2013

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Editorial

Egipto y las nuevas protestas en el mundo

Ahora habrá que dilucidar si la soberanía reside en el pueblo o en las formas constitucionales, la manera cómo evolucione la crisis egipcia dará una respuesta que puede convertirse o no en un nuevo paradigma social

Es evidente que existe en diversos países y en distintos continentes un malestar con la manera cómo ejercen el poder los dirigentes actuales. Las causas que motivan las manifestaciones en Turquía, Egipto y Brasil, responden a distintas razones pero todas ellas están vinculadas al uso de las redes sociales como mecanismo de propagación de las protestas sociales.

Una lectura equivocada de las mismas es juzgarla con los cánones clásicos con los que se suelen medir las relaciones políticas en los diversos estados. En Brasil las protestas provienen en gran parte de una nueva clase media que no encuentra en los servicios públicos regentados por el Estado una satisfacción adecuada a sus necesidades básicas. Los casos de Turquía y Egipto son diferentes pero tienen una misma raíz de carácter religioso. Erdogan es una figura surgida del islamismo político que mantiene un control férreo sobre las instituciones con una tendencia muy marcada a un autoritarismo parecido al que vemos en varios países de Latinoamérica. El caso de Mursi es distinto ya que el mismo proviene de los hermanos musulmanes una forma de islamismo más radical que el que existe en Turquía.

Mursi se había comprometido a ejercer un gobierno de unidad nacional con el debido respeto a los diferentes credos e ideologías políticas en el reciente experimento democrático egipcio, sin embargo poco a poco fue subrepticiamente imponiendo la visión del Estado que tienen los hermanos musulmanes. Eso generó una reacción en cadena de los ciudadanos e incluso produjo la fragmentación en las distintas expresiones del islamismo político hasta el punto de que la más votada en las elecciones parlamentarias reciente con un 25 % del voto popular se unió a las protestas populares.

La llamada por esta nueva mayoría política al ejército para dirimir un conflicto que amenazaba con convertirse en una guerra civil es lo peculiar de esta situación. Por ello es difícil analizar el caso con los cánones convencionales ya que no se trata de un típico golpe militar sino de algo diferente que tiene mucho que ver con la diferencia que existe entre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio. A las diversas corrientes de la ciudadanía egipcia no las movieron unos militares que pretendían asumir de nuevo el poder, sino todo lo contrario como se pudo ver en las gigantescas manifestaciones en El Cairo y en Alejandría.

Ahora habrá que dilucidar si la soberanía reside en el pueblo o en las formas constitucionales, la manera cómo evolucione la crisis egipcia dará una respuesta que puede convertirse o no en un nuevo paradigma social, luce como si en Egipto estuviesen aplicando lo que establece el artículo 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

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