Editorial

Las peripecias diplomáticas de Maduro

Asumir que desde la presidencia de la República se deba emplear un lenguaje de carretero y seguir con el manido proceso de culpabilizar de todos los males a un presunto imperio que no haría otra cosa que pensar las 24 horas del día en como interferir en Venezuela, es una estupidez

Decía André Maurois que la diplomacia “es el arte de exponer la hostilidad con cortesía, la indiferencia con interés y la amistad con prudencia”. Pues bien eso es todo lo contrario a lo que aplica Maduro, que para colmo fue canciller, y Jaua que, sin ninguna experiencia previa en el mundo de las relaciones internacionales, ahora se desempeña como vocero principal de la política exterior del régimen.

Qué sentido puede tener para un gobierno que tiene cuestionada su legitimidad de origen, enfrentarse groseramente con países que lo único que plantean, tímidamente, es la necesidad de diálogo entre las diversas fracciones políticas existentes en nuestro país. La democracia es por definición un diálogo permanente para buscar el consenso necesario y así resolver los diversos problemas de la sociedad.

Asumir que desde la presidencia de la República se deba emplear un lenguaje de carretero y seguir con el manido proceso de culpabilizar de todos los males a un presunto imperio que no haría otra cosa que pensar las 24 horas del día en como interferir en Venezuela, es una estupidez. Hoy uno de sus aliados en el ALBA, Nicaragua , tiene un acuerdo de libre comercio con los EEUU, otro Ecuador tiene como moneda de curso legal en su país el dólar norteamericano y su mentor Cuba importa más de 2000 millones de dólares en bienes y servicios provenientes del mismo imperio, entre otros curiosos productos chiclets.

Un jefe de Estado tiene que saber que las relaciones internacionales no se sustentan en las amenazas permanentes porque como bien dice el dicho popular, perro que ladra no muerde, que se vea en el espejo del heredero de Kim il Sung en Corea del Norte, o de Cristina Kirchner con relación a Inglaterra.

Hoy más que nunca vivimos en un mundo interdependiente y esos clamores de independencia suenan vacuos y sin sentido. Lo que debe hacer todo mandatario que se precie de ser legítimamente tal, es conducir a su país para lograr posicionarlo positivamente en un mundo globalizado. Por ello el peor error que ha cometido la política exterior del chavismo fue retirarnos del Pacto Andino y del Grupo de los Tres (México, Colombia y Venezuela) que era la manera lógica de vincularnos a esa parte del mundo en plena expansión económica que es el área del Pacífico.
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