Viernes, 05 de abril de 2013

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Editorial

Intercambio de fantasmas

Cuando Hugo Chávez estaba vivo, hablaba mucho de Bolívar, citaba sus frases, lo ponía como ejemplo e inspiración de casi todo lo que hacía y lo que anunciaba que haría

Por mucho que ame a Hugo Chávez la gente sabe que está muerto;

que es el gran recuerdo, que puede querérsele y admirársele mucho

pero no estará al mando;

y en cambio, quien aspira a mandar con su recuerdo

no parece tener nada propio que respetar y seguir

Mucho se ha dicho y analizado, comentado y especulado, que Nicolás Maduro usa el fantasma de Hugo Chávez como su más llamativo soporte de campaña en busca de convertirse en Presidente de Venezuela. Y en efecto, Maduro sigue ocultándose detrás de la figura de quien describe como su héroe, su inspiración, su maestro, su padre; lo encuentra donde mira, lo siente donde escucha, lo percibe aleteando siempre a su alrededor. Chávez se ve y se siente, Maduro se difumina.

Lo que está pasando es que, sin mensaje propio, y con fotos, frases, gorras, pancartas, cuñas, canciones y hasta pajaritos de Hugo Chávez, el que está terminando por ser un fantasma es Nicolás Maduro, y el que sigue estando presente y activo es Chávez. Ése podría ser, y de hecho lo parece, el objetivo de esa estrategia, sólo que tiene el problema de que por mucho que ame a Hugo Chávez la gente sabe que está muerto; que es el gran recuerdo, que puede querérsele y admirársele mucho, pero no estará al mando, y en cambio, quien aspira a mandar flotando entre sus recuerdos no parece tener nada propio que respetar y seguir.

Cuando Hugo Chávez estaba vivo, hablaba mucho de Bolívar, citaba sus frases, lo ponía como ejemplo e inspiración de casi todo lo que hacía y lo que anunciaba que haría, pero Bolívar no era el Presidente. Era el respaldo emocional, era el espíritu en los cuadros detrás del Presidente, pero el que daba las órdenes, tomaba las decisiones y conversaba con la gente, no era el héroe muerto en 1830, era el caudillo vivo Hugo Chávez Frías.

Con un Nicolás Maduro hecho un fantasma indefinido y un Hugo Chávez abrumadoramente presente, sólo destaca el gigantesco abuso de poder y de uso de los medios por una estructura chavista que teme que entre pajaritos y ausencias el poder pueda también convertírsele en un fantasma para recordar mientras Henrique Capriles sigue presentándose, en vivo y de carne, hueso y pensamiento claro, a millones de electores venezolanos que, incluyendo a quienes más recuerdan a Chávez, entienden perfectamente que para tomar las numerosas e importantes decisiones que necesitan urgentemente, se requiere una cabeza clara, confiable, realista, con un pensamiento propio y a quien el pueblo pueda ver, oir y tocar.

Un líder y un Presidente en quien se pueda creer.

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