Lunes, 25 de marzo de 2013

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Editorial

Tiempos de reflexión

Para salir de esto se requiere unidad, tolerancia y respeto al que piensa diferente, pero más allá de eso es indispensable trabajar juntos para lograr soluciones que eviten el naufragio

Estos días de asueto de Semana Santa deberían servir para reflexionar sobre la situación actual de nuestro país. No tiene sentido alimentar el culto a la personalidad cuando ello de ninguna manera va a resolver los problemas de la inseguridad, del alto costo de la vida, del deterioro de todos los servicios públicos, del enfrentamiento emocional entre venezolanos que comparten necesariamente un mismo destino.

Cada quien, esté donde esté, debe pensar que no habrá solución para los problemas si no pone su granito de arena para ayudar a resolverlos. No se trata de elegir a uno u otro que resuelva por si mismo todo lo que no anda bien. La solución no está únicamente en el gobierno, sino principalmente en cada uno de nosotros que tenemos que comportarnos como ciudadanos responsables del futuro de su país.

No podemos exigir que otros cumplan las leyes si no estamos dispuestos a hacerlo también. Algo que hay que desarrollar y estimular son los valores éticos y morales, sin ellos no somos una nación sino una tribu de aprovechadores del maná petrolero.

Si algo nos ha hecho daño a través del tiempo es eso que denominamos con cierto orgullo la viveza criolla, que en el fondo no es otra cosa que sacarle ventajas indebidas al prójimo, por eso a muchos entusiasma colearse, bien sea en una cola del banco o de cualquier otro tramite necesario, o prevalerse de un carnet oficial para saltarse a la torera lo que los demás deben cumplir.

La imagen que nos viene a la mente en estos difíciles momentos es la de una nave a la deriva que se está hundiendo y los pasajeros creen que lo que va a naufragar es donde los otros sin darse cuenta de que si se hunde el barco nos ahogaremos todos, estén del lado que estén.

Para salir de esto se requiere unidad, tolerancia y respeto al que piensa diferente, pero más allá de eso es indispensable trabajar juntos para lograr soluciones que eviten el naufragio. No es hora de divisiones, no hay venezolanos buenos y venezolanos malos, solo hay habitantes de esta nación que merecen un mejor futuro en el que todos puedan progresar en el marco de una sociedad civilizada y armónica.

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