Editorial

Marasmo

Lo más grave es acostumbrarse a este clima moral enrarecido y desolador, en el que resulte normal aceptar lo que está ocurriendo, que no es otra cosa que vivir en un Estado sin ley y sin norte. La anomia nos está llevando a una situación cuyo desenlace no puede ser sino una tragedia de una dimensión nunca vista en la historia de nuestro país

Según el DRAE, marasmo significa: “Suspensión, paralización, inmovilidad, en lo moral o en lo físico”. Eso es lo que está ocurriendo lamentablemente ahora en nuestro país.

Por un lado, está la absurda e incalificable sentencia del máximo tribunal de la República, que no sólo violó descaradamente lo establecido en la Constitución del 99, sino que creó una situación de virtual parálisis política en el país, que ha colocado al gobierno sobrevenido en algo más complicado que navegar en el mar de los sargazos.

Por el otro, la oposición tampoco encuentra el entendimiento necesario para darle rumbo a una nación que se encuentra virtualmente paralizada, por la incertidumbre de lo que ocurrirá con la salud de Chávez. No estamos en una circunstancia parecida al 23 de enero de 1958 en la que una Junta Patriótica se unió a las Fuerzas Armadas para derrocar a la dictadura de Pérez Jiménez. Pero tampoco ésta es una situación de normalidad democrática que justifique el inmovilismo de una oposición organizada, que pareciera carecer de un liderazgo inspirador  que señale qué hacer para salir del marasmo.

Lo más grave es acostumbrarse a este clima moral enrarecido y desolador, en el que resulte normal aceptar lo que está ocurriendo, que no es otra cosa que vivir en un Estado sin ley y sin norte. La anomia nos está llevando a una situación cuyo desenlace no puede ser sino una tragedia de una dimensión nunca vista en la historia de nuestro país.

Los que creen que la solución pasa por el camino de la violencia no se dan cuenta de que, cuando se desaten los demonios, nadie los podrá controlar y la consecuencia para la sociedad venezolana no será otra que la de enlutar a numerosos hogares.

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