Uno de los grandes méritos que tienen los Estados Unidos de América es porque desde que fue constituido como nación, en el año 1776, siempre ha vivido en democracia, en libertad, con instituciones autónomas y fuertes, separación de poderes, poder judicial independiente, prensa libre, etc.

Por libre y democrático, es por lo que ha sido y sigue siendo una gran potencia mundial.

El Congreso de los trece estados iniciales de Los Estados Unidos de América, el día 4 de julio de 1776 declaró la independencia de los Estados Unidos. En 1976 celebraron 200 años de democracia y si Dios quiere en venidero año 2026 cumplirán 250 años de democracia ininterrumpida.

No quiere decir que la democracia en USA no haya tenido problemas, inconvenientes o que no haya tenido que superar dificultades, pero hay una frase que aclara muy bien cómo superar dichas dificultades. Dicha frase la dijera el Dr Oswaldo Álvarez Paz:

“La democracia es el único sistema que se puede corregir a sí mismo”.

Cuando el 4 de julio de 1776 se declaró la independencia, en Los Estados Unidos existía la esclavitud; sin embargo ésta es contraria a la naturaleza del ser humano. La misma declaración de independencia lo dice:

“Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Muchos años después, el 28 de agosto 1963, en Washington, Martin Luther King Jr recogió dicha frase en aquel famoso discurso “I have a dream”, “Yo tengo un sueño”: 

“Yo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”

Evidentemente que la esclavitud no encuadraba con dicha declaración. La esclavitud era algo que tenía pendiente por resolver el nuevo país que nacía en democracia, soberanía y libertad.

Y fue precisamente en democracia que la esclavitud se abolió. Fue abolida en el gobierno del presidente Abraham Lincoln, el día 22 de septiembre de 1862. Lincoln firmó la ley de abolición de la esclavitud. Es verdad que la guerra de secesión influyó, pero fue en democracia que se abolió la esclavitud.

Otro asunto que lo resolvió la democracia norteamericana fue la reelección indefinida:

Los Estados Unidos han tenido una sola Constitución, a lo largo del tiempo se le han hecho 27 enmiendas. Hasta Franklin Delano Rooselvet (FDR), en USA había re elección presidencial indefinida. FDR había sido electo por 4 períodos: 1932, 1936, 1940 y 1944. Dichos períodos son de 4 años. FDR muere a principios de 1945, poco tiempo antes del suicidio de Adolfo Hitler el día 30 de abril de 1945, al poco tiempo Alemania oficialmente se rinde.

FDR muere en ejercicio del poder y lo sucede el vice presidente Harry Truman, quien en 1948 le gana las elecciones al republicano Dewey.

Luego de la muerte de FDR se decide hacer la enmienda número 22, que dice que el presidente de USA solo podrá ser reelecto por una sola vez. Fue aprobada por el Congreso de Los Estados Unidos el 21 de marzo de 1947, en época de Harry Truman y fue ratificada por el número necesario de estados el día 27 de febrero de 1951, cuando todavía gobernaba Truman.

Es decir, cuatro años de presidencia, y si se es reelecto, 4 años más, pero no más de ahí. Por eso, Bill Clinton solo pudo haber sido electo en dos elecciones (1992 y 1996) George Bush Jr solo pudo haber sido electo en dos elecciones (2000-2004).

En cambio, Jimmy Carter solo pudo haber sido electo por una sola vez (1976), ya que buscó la reelección en 1980 pero la perdió con Ronald Reagan, quien fue electo en 1980 y en 1984, pero no pudo ir a nueva reelección en 1988. En dicha elección ganó George Bush senior pero perdió la reelección en 1992 con Bill Clinton.

Por eso, Obama ya más nunca podrá ser reelecto, porque fue electo por primera vez en el año 2008 y fue reelecto el pasado año 2012. En USA habrá elecciones presidenciales en el año 2016, pero no podrá contar con una nueva candidatura de Obama porque la enmienda 22 se lo prohíbe.

Es mejor tener alternabilidad que tener reelección indefinida. Lo democrático es la alternabilidad. La reelección indefinida no es propicia a la alternabilidad y puede producir lo que dijera Simón Bolívar en el discurso ante el Congreso de Angostura, el día 15 de febrero de 1819:

“Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se originan la usurpación y la tiranía”.

Hay un hecho que nos debe llamar a la reflexión. En nuestra Venezuela, en algunos sectores hay un sentimiento de odio hacia Los Estados Unidos, tildándolos de imperialistas y fascistas. Pues bien, mientras que nosotros en febrero del año 2009, aprobamos la enmienda número 1 en la que se establecía la reelección indefinida, Los Estados Unidos la quitaban mediante la enmienda número 22.

Este era el contexto democrático de USA que existía en 1968. Richard Nixon fue electo por primera vez en noviembre de 1968, el período era desde el 20 de enero de 1989 hasta el 20 de enero de 1974. Soy de los que piensan que Nixon hizo cosas buenas, entre ellas finalizó la guerra de Vietnam y reabrió relaciones con La China.

Sin embargo, hay un episodio que lo eclipsa mucho y que fue el caso Watergate:

En la campaña electoral de 1972, hay una convención privada del partido Demócrata. Dicha reunión se realizó en el hotel Watergate, en la ciudad de Washington. El objetivo de dicha convención era la estrategia de lo que quedaba de campaña para las elecciones del venidero mes de noviembre. Nixon iba a reelección por el partido Republicano. Por órdenes superiores de Nixon, agentes secretos a su servicio le hicieron espionaje al salón de reuniones del hotel Watergate donde se encontraba reunido el Partido Demócrata. Lo antes dicho se hizo mediante la instalación de micrófonos secretos, por eso los Republicanos pudieron escuchar las estrategias electorales del partido Demócrata.

Además, Nixon se había manejado muy bien con la estrategia política hacia la guerra de Vietnam. Si bien, la guerra continuaba en el campo de batalla, pocas días antes de las elecciones, Nixon mandó reducir los bombardeos y también abrió expectativas de paz ya que nombró al muy hábil Henry Kissinger para una mesa de negociaciones de paz en Paris.

Con estas expectativas de paz, en noviembre de 1972, Nixon es reelecto con una altísima votación, tomando juramento para su segundo y último mandato el día 20 de enero de 1973.

Si bien antes de dichas elecciones no apareció nada en la prensa del caso Watergate, al poco tiempo de dichas elecciones aparecen importantes reportajes en el “The New York Times” y en “The Washington Post” sobre el espionaje en el hotel Watergate.

Lo primero que hace la administración Nixon fue negar el hecho pero eso lo que trajo fue que los dos diarios antes dichos sacaran más pruebas de dicho caso. Y mientras más la administración Nixon negaba el espionaje, más aparecía por la prensa que el espionaje sí se había realizado.

Y en esa batalla legal, política y mediática, se llegó al año 1974. El país estaba convulsionado, tal cual o peor de los que estamos los venezolanos con la enfermedad del presidente Chávez, con la diferencia de que en USA había plena y total libertad de prensa, mientras que en Venezuela hoy en día no es así, ya que tenemos leyes que castigan la libertad de expresión, como la ley RESORTE, que no es otra cosa que una ley MORDAZA, que produce censura, y lo que es peor: auto censura.

En dicho año, aparecen unas declaraciones públicas de un personaje que va a ser determinante y decisivo en el final de esta historia. Se trata del juez de apellido Sirica, magistrado del Tribunal Supremo de Los Estados Unidos. Este juez era también del Partido Republicano, del mismo partido de Nixon.

Y es precisamente este juez, copartidario de Nixon, el que conmina a Nixon a que entregue las cintas de casete que presuntamente tenían las pruebas del espionaje telefónico del caso Watergate. Nixon se niega y en consecuencia se produce una debacle y una espantosa tempestad para Nixon, porque  al negarse a entregar las cintas, el partido Republicano le quita el apoyo. Era enterrarse junto con Nixon, ya que obviamente los Demócratas estaban contra Nixon. Nixon quedó políticamente solo.

Esto es también una lección para lo que estamos viviendo en nuestra Venezuela actual, donde existen las solidaridades automáticas y el tapar lo que fuere al compañero de partido, simplemente por el mero hecho de ser compañero.

En consecuencia, en ese momento el caso Watergate cambia de rumbo, tanto en lo jurídico como en lo político, porque lo que a partir de ese momento, lo que estaba en juego no era el espionaje o no espionaje ordenado por Nixon, sino si Nixon mentía o no.

Si Nixon hubiera asistido al tribunal que lo hubiera citado, le iban a pedir que declarara bajo juramento si había ordenado el espionaje o no. Si Nixon hubiera seguido negando los hechos en el tribunal y si por alguna razón se hubieran filtrado las cintas de grabación al tribunal, Nixon iba a ser declarado culpable de perjurio: juramento en falso. Esto hubiera producido su destitución y posterior encarcelamiento.

Además, se hubiera echado encima a la opinión pública, más aún de la que ya lo estaba. Hubiera sido también una suerte de muerte política. Bien sabemos cómo los norteamericanos son de estrictos con decir la verdad y no mentir.

Los norteamericanos perdonan todo menos la mentira.  En los Estados Unidos se puede ser de todo menos mentiroso. Si alguien en USA hace algo malo, lo mejor es que lo admita, y en base a la verdad, busque una disminución del castigo, que allá no es difícil y a veces hasta se logra hasta la conmutación de la pena, ya que en USA y demás países de origen anglosajón, existe un sistema jurídico que permite los acuerdos procesales, cuestión que no existe, o casi no existe, en los países que basamos nuestro sistema jurídico en el Derecho Romano.

En esta situación el mal menor para Nixon era renunciar, como en efecto lo hizo en el mes de agosto de 1974. Lo sucedió el vicepresidente Gerald Ford, quien posteriormente perdiera las elecciones de noviembre de 1976 con el candidato Demócrata Jimmy Carter.

Watergate tuvo también unos hechos anecdóticos:

1)         La carta de renuncia que dirigió Nixon al Secretario de Estado Henry Kissinger, simplemente decía:

“Por medio de la presente renuncio a la presidencia de los Estados Unidos”.

No hubo explicación de ningún tipo del por qué de la brevedad de la carta.

    2)    La noche anterior al día de hacer efectiva la renuncia, hubo un abrazo muy conmovedor entre Nixon y una de sus hijas. Posteriormente en la noche, Nixon le pidió a Henry Kissinger, Secretario de Estado, que se arrodillaran juntos para rezar, como en efecto hicieron, lográndose también una foto muy conmovedora. Kissinger era judío y Nixon, cristiano protestante.  Una vez dijo Nixon que él hubiera sido un gran Papa.

     3)         Luego de salir de Washington, Nixon se fue a vivir a New York. Nixon dejó establecido que luego de morir, lo enterraran en su pueblo Yorba Linda, en California; y que no quería volver a Washington ni siquiera después de muerto; que por lo tanto, renunciaba a los funerales de Estado pero que desde donde fuera que muriera, lo llevaran directo al pueblo donde había nacido.

Y así fue, muere en New York, y de ahí lo llevan a Yorba Linda; a donde se trasladó el presidente Clinton junto con los ex presidentes Reagan, Carter y Ford; donde por cierto hicieron una ceremonia muy emotiva pero a la vez muy sencilla.

Si Nixon no hubiera mentido, o si por lo menos se hubiera quedado callado, muy distintas hubieran sido las cosas para él.

Vamos a entrar en otro caso, el de Bill Clinton- Mónica Lewinsky:

A principios de 1997, había muchos rumores sobre una relación extra marital de Clinton con Mónica Lewinsky, una pasante que trabajaba en La Casa Blanca. En consecuencia, Bill Clinton Bill Clinton declara que nunca había tenido relaciones sexuales con dicha pasante.

A partir de esa declaración se crea un feroz ataque contra Clinton ya que alegaban que Clinton mentía. Hay que notar que los ataques no eran por adúltero sino por mentiroso.

El caso fue que Clinton arrancó mal porque comenzó negando el affaire con Mónica Lewinsky, o en su defecto no se quedó callado (el mismo error de Nixon). Mientras más se insistía en el affaire de Clinton más lo negaba La Casa Blanca.

Por otra parte, el fiscal del caso era el señor Kenneth Star. Era evidentemente que no le tenía ninguna simpatía a Clinton y que estaba muy motivado para sacarlo de La Casa Blanca. Kenneth Star se saca un as debajo de la manga, algo que puso contra la pared a Clinton:

Kenneth Star anuncia que la fiscalía tiene en su poder un vestido de Mónica Lewinsky en el que dice está el semen de Clinton y que por lo tanto van a abrir un juicio para que para hacer el correspondiente examen de ADN. En consecuencia, se abre un problema muy similar al que tuvo Nixon con el juez Sirica.

El problema era muy grave porque el vestido era la prueba jurídica de la presunta relación sexual entre Clinton y Lewinsky. Esa prueba sería presentada en el juicio y evidentemente Clinton tendría que declarar bajo juramento, y si Clinton volvía a negar la relación sexual con Lewinsky, la prueba del vestido pasaría como buena, y en consecuencia se declaraba la relación sexual entre Clinton y Lewinsky. Clinton estaría cometiendo perjurio.

Nótese lo que antes dijimos: no sería declarado culpable por adulterio sino por perjurio: juramento en falso; y eso le acarreaba la destitución para tener que afrontar el correspondiente juicio y eventualmente la cárcel. Algo muy similar a lo que tuviera que haber afrontado Nixon, de no haber este renunciado

Bill Clinton estaba acorralado. Al igual que el caso Nixon-Watergate, el mal menor sería la renuncia de Clinton. Ahora bien, a alguien se le ocurrió una jugada maestra para salir de aquello, algo genial, una de las salidas más geniales que presidente alguno de Los Estados Unidos haya hecho. No sabemos si la idea vino de Bill Clinton, de su esposa Hillary, o de algún asesor; pero haya sido quien hubiere sido, tuvo que haberle dicho algo más o menos así:

“Usted no puede seguir mintiendo, usted no tiene otra salida que decir la verdad porque si no la dice, le va a pasar lo mismo que lo que le pasó a Nixon”; efectivamente:

Bill Clinton se dirigió a la nación, en un discurso quizás tan esperado como la crisis de los misiles que diera John Kennedy en octubre de 1962. Bill Clinton dijo esto:

“Tuve una relación impropia con dicha señora, ya le pedí perdón tanto a mi esposa como a mi hija y ahora públicamente se lo pido a la nación. Lamento mucho el daño que causé”.

Luego de lo que dijera Clinton, se acabó el problema, no hubo renuncia, ni destitución, ni juicio, ni nada. Clinton se salvó porque dijo la verdad.

Hay que entender que el espionaje era un delito menor y muy común entre políticos norteamericanos. Si cuando salieron las denuncias en “The New York Times” y en “The Washington Post”, Nixon las acepta, o en su defecto se hubiera quedado callado, Nixon se hubiera salvado; pero mintió y eso fue su caída.

Cuando se dice una mentira, mas tarde o más temprano la verdad siempre se impondrá, y en consecuencia la salida al problema causado por la mentira debería ser decir la verdad. Pero si la persona que miente persiste en mentir, para intentar taparla tiene que decir una segunda mentira que es aún mayor que la primera. Pero si dice una tercera mentira, tiene que decir una cuarta mentira que es aún mayor que la sumatorias de las anteriores; y así sucesivamente, hasta que se crea una inmensa bola de nieve que termina en un aluvión, y eso fue lo que pasó a Nixon; que a base de mentir y de no reconocer la verdad en el caso del espionaje de Watergate se vio obligado a tener que renunciar; pero el haber dicho la verdad fue lo que salvó a Bill Clinton.

Si uno se pone a ver, la mentira no es otra cosa que una ficción, no tiene asidero en la realidad para poder sostenerse, la verdad es lo que es y por eso sí tiene asidero en la realidad donde sostenerse. Por esto bien dice el dicho italiano que la mentira tiene piernas cortas.

La diferencia entre en la verdad y la mentira puede ser la diferencia entre conservar o perder nada más y nada menos que la presidencia de Los Estados Unidos de América.

Lo mejor es siempre decir la verdad, la mentira no paga. La verdad es el salvavidas de los acorralados.  

Nadie puede negar que en los casos de casos de Richard Nixon y Bill Clinton hubo presiones políticas. Inicialmente y durante todo el caso, los Demócratas presionaron mucho para sacar a Nixon de La Casa Blanca, los Republicanos hicieron todo lo posible por defenderlo hasta que ya no podían defenderlo más ya que Nixon se negaba a decir la verdad de que había ordenado el espionaje de los Demócratas en el hotel Watergate. Como antes vimos, el mal menor para Nixon fue renunciar. Clinton iba por el mismo camino de Nixon, hasta que para salvarse no le quedó otro camino que decir la verdad, como en efecto hizo.

Lo antes dicho y que está relacionado con Los Estados Unidos de América, nos demuestra que en democracia la verdad siempre se impone. En cambio, los regímenes totalitarios proceden tal cual dijo Goebbels, el que fuere ministro de propaganda de Hitler:

“Una mentira dicha mil veces se transforma una verdad”

Hemos llegado a la desembocadura de este escrito:

No sabemos la verdad en torno a la enfermedad del presidente Chávez. No sabemos si Chávez está vivo o muerto, y es el caso que en Venezuela estamos en una crisis que tiene que ver con la incertidumbre sobre si el presidente Chávez está vivo o muerto. Y es también el caso que el pueblo venezolano tiene el derecho a saber la verdad sobre la actual situación de salud o no salud, de vida o muerte del presidente Chávez.

Y si el pueblo venezolano tiene ese derecho a saber la verdad es porque a su vez, sus gobernantes tienen el deber de decirla.

Hay mensajes contradictorios, donde en la mañana una autoridad dice que está de reposo absoluto y en la tarde otra autoridad dice que está haciendo ejercicios y que habló por 20 minutos con dicha autoridad. Y que el 31 de diciembre suspenden los actos de fin de año porque el presidente Chávez estaba muy grave pero el pasado 10 de enero montaron un jolgorio, en el que no se entendió mucho qué era lo que celebraban.

Una madre le dijo a su hija:

“Sea lo que sea que hayas hecho, dime la verdad, porque con la verdad por delante yo te podré ayudar, pero tengo que saber la verdad de lo que te pasa para saber cómo ayudarte. En cambio si no me dices la verdad, me será imposible ayudarte y te terminarás hundiendo”.

Esto mismo nos pasa hoy en día a los venezolanos. Debido a la incertidumbre sobre la verdad de lo que realmente le pasa al presidente Chávez, estamos sumergidos en una crisis que si no se para prontamente, pudiera alcanzar proporciones catastróficas inimaginables. Para por salir de nuestra crisis lo primero que tenemos que hacer es saber la verdad.

El día 11 de abril de 1963, el beato y Papa de feliz memoria, Juan XXIII, publicó la encíclica “Pacem in Terris” (“Paz en la Tierra”).  El beato “papa magno” Juan Pablo II, también de feliz memoria, escribió una encíclica al conmemorarse los cuarenta años.  En ambas encíclicas se nos dice cuáles son los requisitos para que haya paz en la Tierra

 Libertad

Justicia

Verdad

    Amor

 

Jesucristo nos dice que “la verdad os hará libres”. Juan 8:32.

Al analizar esta frase nos encontramos que con la verdad somos libres y que sin la verdad somos esclavos. A ningún pueblo, a ninguna nación, a ningún país le gusta la esclavitud.

Una de las definiciones de sí mismo que dio Jesucristo fue la siguiente: 

 “Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

Terminamos con lo siguiente:

 “Entonces Pilato le dijo: — ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: —Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz”. (Juan, 18, 37)

Luis Alberto Machado Sanz

Abogado

   

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