EL RETO COPEYANO
Oswaldo Álvarez Paz
EL NACIONAL

El pasado domingo 13 el Partido Social Cristiano COPEI cumplió 67 años de existencia. Se dice fácil, pero en un paìs tan peculiar como el nuestro, se trata de una verdadera proeza… a pesar de todo. El aniversario se produce en medio de la más espantosa crisis institucional de que tenga noticias nuestra memoria histórica. Está sobre diagnosticada. Se derrumban las instituciones. Muere el Derecho como instrumento regulador de la vida en sociedad, de las relaciones de los ciudadanos entre sí y de éstos con el estado-gobierno. La gente, además de ser víctima de la incertidumbre, sin poder planificar ni presente ni futuro, está indefensa. Igual sucede con el país, bajo el imperio del personalismo, del centralismo exacerbado, de la ineficacia, del tráfico de influencias, de la terrible corrupción que avanza al mismo ritmo que las enfermedades terminales. Finaliza la democracia como sistema de gobierno y la vida en libertad se convierte en caricatura del deber ser. Todo orientado por un proceso ideologizado, socialismo comunistoide a la cubana, que también entrega soberanía y dignidad.

Quiero decir con esto que el régimen actual camina en sentido diametralmente contrario a los principios y valores que determinaron la fundación de un partido como COPEI y la lucha para convertirse en factor fundamental del desarrollo democrático de la sociedad venezolana. Luchamos y crecimos con la corriente en contra, la mayoría de las veces y a favor, en ocasiones necesarias para consolidar la libertad como esquema de vida. Fue posible, mientras no hicimos concesiones a la demagogia, ni al oportunismo.

Nací y crecí en una familia de izquierda, en todos sus matices antiguos y contemporáneos. Cuando me inscribí en la Juventud Revolucionaria Copeyana, febrero de 1958, estaba cumpliendo 15 años de edad. Llegaba a un partido muy minoritario. El tercero electoralmente, detrás de AD y de URD. No existían posibilidades de ganar elecciones, ni de lograr en lo personal, posiciones burocráticas o en cuerpos deliberantes. Desde ese momento hasta ahora han transcurrido 55 años. Hemos sido protagonistas activos de todo lo bueno del Partido y parte de lo malo que también ha abundado en la historia. COPEI luce reducido a su más mínima expresión. Parece un cascarón vacío, igual que Acción Democrática, pero no me equivoco al decir que Venezuela está llena de adecos y copeyanos que quisieran volver al activismo, pero no quieren saber de las estructuras operativas que abandonaron lo grande para ponerse al servicio de quienes las dirigieron en momentos determinados.
En tiempos de crisis, quizás terminal, tenemos que volver a los principios y aferrarnos a los valores fundamentales que ofrece la Doctrina Social de la Iglesia y los que se derivan de habernos declarado Demócratas y Cristianos simultáneamente. Recuerdo a Su Santidad Pablo VI, hace bastantes años, decirnos en una reunión mundial de líderes DC, que habíamos hecho la elección correcta y explicaba a fondo el deber ser correspondiente.

El reto copeyano es enorme. El Partido se relanza con criterio y espíritu de refundación o, definitivamente, cierra sus puertas en honor a las glorias acumuladas por quienes lo convirtieron en instrumento útil en la lucha por la dignidad de la persona humana, el perfeccionamiento de la sociedad civil y la justicia social como vía hacia el bien común. Venezuela tiene déficit de coraje para sacudirse de la barbarie actual.

oalvarezpaz@gmail.com Sábado, 12 de enero de 2013

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