Miércoles, 16 de enero de 2013

Editorial

Calma y cordura, pero con claridad política

Unos necesitan a un Maduro potente envuelto en la imagen de Chávez antes que la economía y la ineficiencia lo erosione peligrosamente, los otros quieren a un Maduro desvaído por la inflación, el desabastecimiento, la inseguridad y el alejamiento de la emoción por un Chávez que no vuelve

Una verdad plena es que el país está en una situación de creciente incertidumbre política, con un Gobierno que no muestra capacidad de acierto sino que va de un lado a otro entre afirmaciones de que el Presidente supera cuestas y acusaciones de violencia y subversión a la oposición. El Vicepresidente Maduro está montado en un poder que presenta demasiadas fisuras y tanto él como algunos de los nuevos gobernadores del PSUV y el presidente de la Asamblea Nacional se empeñan en demostrar que no sólo nada ha cambiado con el silencio del Presidente -según el Tribunal Supremo de Justicia no está ausente-, sino que las cosas irán aún peor.

Si algo se ha demostrado en lo que va de 2013, es que ciertamente el de Chávez, aún en su cama clínica, es un solo Gobierno integrado por todos los poderes públicos y que aunque el puño esté sedado o padezca de infecciones pulmonares, sigue siendo el puño único. Nada en las actuaciones de los dirigentes de esos poderes que hace tiempo d ejaron de ser autónomos, ni en las constantes declaraciones de Diosdado Cabello, Nicolás Maduro y funcionarios y políticos claves, indica que se haya producido ni transición ni delegación de mando.

La oposición organizada, vale decir la Mesa de la Unidad Democrática donde se supone están representados y con voz  y voto los partidos y organizaciones políticas, ha tomado una actitud de esperemos a ver qué pasa con mucha retórica legalista y poca acción propiamente política. Ante el despiporre del Psuv y del Gobierno, quizás sea la actitud más prudente. En el fondo, ambos, chavismo y oposición, están jugando con el tiempo. Unos, a fortalecerse lo más posible para poder llamar a elecciones con la mayor seguridad de ganar en el menor tiempo, los otros a todo lo contrario. Unos necesitan a un Maduro potente envuelto en la imagen de Chávez antes que la economía y la ineficiencia lo erosione peligrosamente, los otros quieren a un Maduro desvaído por la inflación, el desab astecimiento, la inseguridad y el alejamiento de la emoción por un Chávez que no vuelve.

Son estrategias políticas comprensibles, pero que para nada justifican ni el exceso de agresividad ni la demasiada pasividad. De lado y lado surgen reclamos de más dureza, y en un ambiente de incertidumbre, con un Gobierno con bases éticas débiles y una oposición que le habla más a las instancias internacionales que al país, los radicalismos sólo pueden conducir a una peligrosísima espiral de enfrentamiento. Y ése es un lujo que, precisamente ahora, ni chavismo ni oposición pueden darse. Porque en esas espirales desordenadas, como en las revoluciones populistas, se sabe cuándo se entra pero nunca cuándo se sale. Ni cómo
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