Editorial

La peligrosa lógica de lo ilógico

Algo agarrota y enreda a la dirigencia chavista y prefiere enredarse en interpretaciones forzadas de la Constitución, transforma ilícitamente el vencimiento de un período presidencial e inicio inmediato de otro en una prolongación inconstitucional y muy riesgosa. Las elecciones del 7 de octubre no fueron para prolongar un mandato, sino para otorgar otro

Lo lógico sería seguir los pasos que claramente marca la Constitución, es decir, declarar el 10 de enero lo obvio y además formalmente anunciado por el Vicepresidente, que el Presidente sigue enfermo al punto que no puede viajar a Caracas a asumir su nuevo mandato presidencial. Se encargaría por convocatoria del TSJ el presidente de la Asamblea Nacional, la cual a su vez concedería un nuevo permiso de ausencia temporal del mandatario por 90 días prorrogables por un lapso similar. Y el Presidente provisional Cabello nombraría a Nicolás Maduro Vicepresidente Ejecutivo. Cuando Chávez pueda pararse de la cama clínica de cuidados intensivos y regresar al país, pues viene, la Asamblea o el TSJ lo juramenta y el Presidente provisional le entrega el mando.

Pero algo agarrota y enreda a la dirigencia chavista y prefiere enredarse en interpretaciones forzadas de la Constitución, transforma ilícitamente el vencimiento de un período presidencial e inicio inmediato de otro en una prolongación inconstitucional y muy riesgosa. Las elecciones del 7 de octubre no fueron para prolongar un mandato, sino para otorgar otro.

Tal vez la lógica por debajo del  ilógico enredo de estos días sea que a todos los conviene ganar tiempo. Hay que tener el carisma y la comprobada habilidad política y de manejo de las masas y de los medios que sin duda tiene Hugo Chávez, para enfrentarse a un gobierno que se prevé extremadamente complicado con una economía caótica y mal manejada, con la perspectiva de medidas económicas difíciles y de consecuencias altamente impopulares que, según los especialistas, no pueden dilatarse más.

Pero el temor y la falta de costumbre de tener y ejecutar iniciativas propias, angustian y hacen ver mal las perspectivas a quienes tienen la responsabilidad de sostener no sólo a un gobierno, sino a la Constitución y a la república. Los verdaderos estadistas y los generales victoriosos no se dejan enceguecer por los problemas previstos o los  “sobrevenidos”. Mantienen la cabeza fría, analizan y toman decisiones que son necesarias aunque luzcan difíciles. Los dirigentes del chavismo se están dejando poner contra la pared y toman decisiones de muy remota legalidad, y ni siquiera se atreven a ejecutar las instrucciones que el propio Hugo Chávez les dio en una recordada cadena de radio y televisión. Allí les marcó el camino que ahora no se atreven a andar.

En tiempos de emergencias, ganar tiempo no siempre es la mejor salida, muchas veces es la peor, la más peligrosa. Como el cáncer, que detectado y atendido a tiempo, es las más de las veces curable y el enfermo recuperable. La lógica de forzar normas para correr la arruga a ver si se produce un milagro es absurda, altamente riesgosa, muy difícil de manejar y, por eso, absolutamente ilógica. El miedo a la realidad es un pésimo consejero.

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