Editorial

Manu militari

Da mucho que pensar un Estado en el cual el Presidente, varios ministros y viceministros, la cabeza del poder legislativo, diputados y presidentes de comisiones, directivos de empresas e institutos gubernamentales, embajadores y funcionarios diplomáticos y un amplio etcétera, proceden de la carrera militar. Esta proliferación no se había visto nunca

Mientras los dirigentes nacionales y regionales, tanto del oficialismo como de la oposición, discuten y analizan resultados electorales desde sus propias perspectivas, hay un aspecto que los ciudadanos deberíamos estudiar porque inevitablemente llama mucho la atención. De 20 gobernadores del PSUV, 11 son militares de carrera; 55 % del ejecutivo regional chavista; 48 % de todos los gobernadores del país.

No es el caso discutir aquí si los militares tienen derecho o no a actuar en política, lo tienen una vez retirados. Más vendría al caso recordar una tradicional conseja venezolana de que los militares son eficientes y enérgicos. Si vamos a juzgar por los resultados generales de la administración chavista plagada de promesas, propaganda, excesos, derroches y fallas, y llena de militares retirados y activos en estos catorce años, deberíamos concluir que es un error de apreciación. Claro, en ese balance hay que incluir a los civiles, que también participan en el Gobierno y en todas las áreas en las cuales el chavismo actúa -no recordamos una en la cual no se haya hecho presente con mayor o menos éxito, quizás sólo el sector sindical.

Da mucho que pensar un Estado en el cual el Presidente, varios ministros y viceministros, la cabeza del poder legislativo, diputados y presidentes de comisiones de la Asamblea, directivos de empresas e institutos gubernamentales, embajadores y funcionarios diplomáticos y un amplio etcétera, proceden de la carrera militar. Esta proliferación no se habia visto nunca. No se produjo en gobiernos de fuerte soporte militar, como los de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, ni en tiranos anteriores ni en posteriores gobiernos civiles acosados por subversiones armadas y agresivas de izquierda y de derecha, como los de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni.

Esta realidad actual debería hacer pensar a los políticos civiles tanto del chavismo como de la oposición, porque es en su área de especialidad donde esta avalancha militar ha penetrado y se ha establecido. Y debería hacer pensar a los militares, porque no cabe ya la menor duda de que son parte plena y sin disculpas de todo lo que representan, lo que hagan y dejen de hacer los llamados revolución bolivariana y chavismo, dos nombres de lo mismo.

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