Editorial

Chávez coincide con el imperio

Podríamos añadir que, con esta absurda e irracional medida, Chávez se aparta de sus tradicionales “amigos” pues éstos sí son partes de la Convención y lo que esperan no es acabar con sus organismos de protección de los derechos humanos sino perfeccionarlo

Lo ordenó el Presidente Chávez, lo tramitó y confirmó el ministro de Relaciones Exteriores Maduro, se llenó la boca el chavismo a una sola orden; Venezuela denuncia -es decir, rechaza- la Convención sobre Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, y con esa decisión, a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Esta muy promovida decisión implica varias ignorancias.

La primera es que la renuncia no significa que los juicios y procesos de investigación que cursan en ese tribunal extraterritorial -pero cuyas decisiones son constitucionalmente de obligatoria obediencia en el país- se cierren. Los procesos continúan automáticamente por todo un año, y durante ese año la Corte puede aceptar todas las demandas que por violaciones a los derechos humanos del Estado venezolano sean adecuadamente presentadas e introducidas.

La segunda es que Venezuela sigue perteneciendo a la Organización de Estados Americanos que tanto critican la revolución bolivariana y sus voceros -salvo que el Presidente Chávez se anime a dar el paso siguiente, que sería retirarse de la OEA, con lo cual se quitaría de encima a la Comisión pero también sería algo de terribles consecuencias, serían palabras mayores.

La tercera, es que el Gobierno de Hugo Chávez se ha convertido en compañero de ruta de Estados Unidos, país que nunca ratificó la Convención y se ha negado sistemáticamente a hacerlo, así que ahora Miraflores y Fuerte Tiuna van de la mano con la Casa Blanca y el Pentágono.

La cuarta es que a denunciar la Convención de Derechos Humanos, Chávez ubica a Venezuela también como acción coincidente con las peores y más aberrantes -y permanentes violadoras de derechos- dictaduras del mundo,  ninguna de las cuales acepta que nadie venga de afuera a preguntarles por sus barbaridades ni a investigar las injusticias flagrantes de sus gobiernos.

Podríamos añadir que, con esta absurda e irracional medida, Chávez se aparta de sus tradicionales “amigos” pues éstos sí son partes de la Convención y lo que esperan no es acabar con sus organismos de protección de los derechos humanos sino perfeccionarlos.

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