mayo 2011


DESDE EL PUENTE
Oswaldo Álvarez Paz

Estamos recorriendo a Venezuela por tierra. Catorce estados, bastantes municipios y pueblos incluidos, son testigos de nuestra presencia. No es la primera vez. Conocemos integralmente a este país insólito. Grandezas y miserias materiales y humanas, hermosos parajes y trágicas visiones, están grabadas en lo más profundo de nuestro ser. Pero la destrucción actual no tiene precedentes. La planta física, en general, y específicamente la vialidad urbana, agrícola, inter-urbana y autopistas está en el último estado del deterioro. El efecto sobre los seres humanos es tremendo. Una especie de complejo de inferioridad, de resignación pesimista, se mezcla con cierta dosis de indignación y resentimiento que se convierte en rabia creciente a la espera de coyunturas favorables para la protesta y el cambio. El último estado visitado fue Mérida. Los medios han dado cuenta de aquella realidad.

En foros públicos, debates abiertos, entrevistas, conversaciones personales y emplazamientos de la gente en la calle somos abordados con la misma pregunta: ¿Hasta cuando? ¿Cuándo saldremos de esto? El problema está en que todos comentan esperando que otros u otro resuelva, que un tercero haga lo que le corresponde hacer a cada uno individualmente. Más que amargura hay depresión. La gente no ve o no quiere ver aquello que pueda detener la destrucción. Quizás por comodidad, pero también es posible
que tengan razón. Aún no perciben el cómo para salir de la tragedia. Sin embargo, todos saben que tendremos que enfrentar un temporal, asumir la responsabilidad de una dura confrontación inevitable.

La mayoría de los dirigentes políticos partidistas tienen formación parlamentaria. Están hechos para el diálogo y la negociación. Prefieren ese camino a la confrontación abierta, sobre todo, si corre peligro el formalismo democrático. A veces parecieran no entender que esa rutina terminó hace rato y que el liderazgo tiene que estar a la altura. Imposible seguir confundiendo democracia con elecciones, agotándonos exclusivamente en el tema electoral, mientras toleramos la creación de poderes inconstitucionales y el ejercicio ilegítimo de todas las ramas del poder público.

El régimen actual no tiene capacidad de rectificación, ni propósito de enmienda. Quien lo dirige no es un demócrata. En consecuencia, de aquí en adelante todo será para peor. Cualquier solución empieza con el cambio de Presidente para darle paso a una transición civilista, alejada de todo mesianismo, bien dirigida, con poder de convocatoria y mucha
credibilidad nacional e internacional. Debe tener ascendiente para reinstitucionalizar nuestra Fuerza Armada, establecer y mantener el orden público y borrar los obstáculos neutralizando potenciales enemigos. En Venezuela hay ideas, planes y proyectos suficientes. También la gente para llevarlos adelante Los problemas son primarios y las soluciones existen. Ojala y no falle el coraje indispensable para convertirla en nación puntera del continente. Es posible.

oalvarezpaz@gmail.com Lunes, 23 de mayo de 2011

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 DESDE EL PUENTE

Oswaldo Álvarez Paz

REVELACIONES COMPROMETEDORAS

No hay secretos eternos. La verdad tiene su hora. Para ocultarla no es suficiente la retórica, ni la descalificación de las fuentes informativas, ni la criminalización penal de la denuncia, ni la violencia física para sembrar terror y provocar silencio. Lo único honrado y verdaderamente útil para los intereses nacionales, es asumirla. El gobierno nacional y, más específicamente, el presidente Hugo Chávez, están en la obligación moral, de explicar la verdadera naturaleza de sus relaciones con los grupos subversivos del continente, con regímenes totalitarios de diverso signo ideológico y buena parte de los misteriosos acuerdos que en materia energética y también financiera, ha suscrito sin mayores informaciones y ningún control.

Desde hace años llueven  denuncias desde todas partes. Organizaciones públicas y privadas, agencias internacionales, algunos gobiernos, personalidades del primer nivel político e intelectual, autoridades judiciales que no dependen de gobierno alguno y, en fin, venezolanos preocupados por el presente, vienen señalando la presencia entre nosotros de las estructuras del crimen organizado que le sirven de instrumento operativo al terrorismo y al narcotráfico. Las dos actividades están estrechamente vinculadas en la sub-región andina. Las FARC, se fueron convirtiendo en columna vertebral. Se trata de la narcoguerrilla terrorista más antigua y con mayores redes de complicidades. Las sospechas preexistentes se convierten en convicciones. Los indicios en evidencias. En consecuencia, las instancias internacionales se activan ante la indiferencia o el silencio cómplice, por razones diversas, de políticos y líderes económicos y sociales que en Venezuela tienen la responsabilidad de asumir y enfrentar vigorosamente la realidad, pero prefieren ignorar el tema.

Las relaciones del gobierno con las FARC son de vieja data. Las de Chávez anteriores a su llegada al poder. Homenajes, plazas, estatuas, bibliotecas, discursos, sesiones solemnes en la Asamblea Nacional, misiones que van y vienen, cartas que se cruzan, correos electrónicos comprometedores, refugio a probados narcotraficantes, alianzas concretas con guerrilleros, almacenaje, tráfico y distribución de cocaína, entre otras cosas, están a la orden del día. El Auto de Procedimiento de la Audiencia Nacional de España, las denuncias de Uribe en la OEA, la deportación de Joaquín Pérez Becerra, los emplazamientos recientes del nuevo gobierno colombiano, los informes de la DEA y del M16 inglés y el caso Mackled, son nuevos elementos más que suficientes para darle soporte a lo afirmado. El análisis del Internacional Institute of Strategics Studies (IISS) de Londres, sobre los correos de Raúl Reyes por cuenta, entre otros, de J. M. Santos, sería suficiente para exigir la renuncia del gobierno. En una sociedad regida por la ética y gobernada en democracia y libertad el cambio sería inaplazable. ¡Pero…!

oalvarezpaz@gmail.com  Lunes, 16 de mayo de 2011

¿Cómo se hace un santo?
Escrito por Redactora
jueves, 12 de mayo de 2011
Los diez pasos necesarios, según la legislación canónica vigente, para los procesos de las Causas de los Beatos y de los Santos1.- Para iniciar una causa es preciso que pasen al menos cinco años desde la muerte del candidato. Ello facilita mayor equilibro y objetividad en la valoración del caso, y permitir decantar las emociones del momento. Solo el Papa puede dispensar de este primer requisito, si se dan razones especiales.

2.- Debe ser clara entre el pueblo de Dios la convicción sobre la fama de santidad (“fama sanctitatis”) y sobre la eficacia de la intercesión del candidato ante el Señor (“fama signorum”).

3.- La instrucción que comienzo al proceso debe proceder del obispo de la diócesis donde ha muerto el candidato, la persona sobre la que se pide la beatificación. A partir de ahí, el grupo promotor de la causa (“actor causae”), que puede ser una diócesis, una parroquia, una congregación religiosa, una asociación, pide al obispo, a través del postulador, la apertura de la instrucción.

4.- Una vez presentada la causa, el obispo de la diócesis, obtenido el “nulla obsta” de la Santa Sede, constituye un tribunal diocesano especial.

5.- Este tribunal diocesano, constituido, al menos, por un juez, un promotor de justicia y un notario-actuario, han de llamar a los testigos presentados por la postulación o por el mismo tribunal para que testifiquen sobre hechos concretos y, si es posible, experiencias personales sobre cómo vivió su fe y cómo practicó las virtudes cristianas el candidato a la beatificación. En concreto, los testigos serán preguntados acerca de cómo vivió el candidato las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, templanza y fortaleza), así como las específicas del propio estado de vida del candidato. Además, el tribunal ha de reunir todos los documentos que conciernan al candidato. Una vez completada esta fase, al candidato le corresponde el tratamiento de siervo de Dios.

6.- Terminada la instrucción diocesana, las actas y documentación pasan a la Congregación para las Causas de los Santos, donde se elabora la copia pública que sirve para el trabajo posterior. El postulador, residente en Roma, sigue la dirección de un relator de la Congregación la preparación de la “positio”, que es la síntesis de los documentos que prueban el ejercicio heroico de las virtudes por parte del candidato.

7.- Presentada la “positio”, se somete al examen teológico de nueve teólogos que emiten su voto. Si el parecer de la mayoría de los teólogos es favorable, la causa pasa al examen de los cardenales y de los obispos miembros de la Congregación, que se reúnen dos veces al mes. Si el resultado es favorable, el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos pasa el proceso al Papa para que proceda, si corresponde, a su aprobación y autorice a la Congregación a redactar el decreto correspondiente de reconocimiento de virtudes heroicas. A ello sigue la lectura pública y la promulgación del decreto. Desde ese momento el candidato pasa a denominarse venerable siervo de Dios.

8.- El siguiente paso es el reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión del candidato. Este milagro ha de haberse producido después de su muerte. Se trata de una curación duradera y científicamente inexplicable después de que el enfermo en su persona y/o a través de las oraciones de otras personas se hayan encomendado al candidato a la beatificación. El milagro requerido es estudiado por una comisión de teólogos, una comisión médico-legal y finalmente por el consejo de cardenales y obispos miembros de la Congregación para las Causas de los Santos. Con estos vistos buenos, se procede a que el Papa apruebe el milagro y se emane el correspondiente decreto de reconocimiento de milagro.

9.- Promulgados los dos decretos –el de virtudes heroicas y el del milagro-, el Papa decide la beatificación, que es la concesión del culto público limitado a un ámbito particular de la Iglesia. Con la beatificación, al candidato le corresponde el título de beato.

10.- Para la canonización hace falta otro milagro atribuido a la intercesión del beato y ocurrido después de su beatificación. Las condiciones y procesos para la verificación del milagro son las mismas que las seguidas para la beatificación. Mediante la canonización se concede el culto público en toda la Iglesia universal. Compromete la infalibilidad pontificia. Con la canonización corresponde el título de santo.

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