octubre 2010


Grandes científicos de la historia.

Grandes científicos de la historia


Grandes científicos de la historiade

Como bien saben, en OjoCientífico todos los martes compartimos con ustedes la columna de Grandes Científicos, en la que repasamos las trayectorias y vidas de los grandes científicos de la historia que dieron forma a la ciencia en sentido amplio que conocemos hoy, mientras que algunos realizaron contribuciones específicas de invaluable importancia que condujeron a descubrimientos científicos y formulaciones de teorías de carácter crucial.

Desde el siglo XVII en adelante el progreso científico ha sido exponencial. Nombres como los de Albert Einstein, Isaac Newton, Sigmund Freud, Carlos Marx, Charles Darwin, Reneé Descartes y una infinita cantidad de extraordinarios hombres de ciencia han aportado su grano de arena o su playa entera al desarrollo del conocimiento científico. Sin embargo, no todos son ultra famosos, y hay otros nombres de no menor importancia.

Hoy proponemos repasar nuestra sección de grandes científicos trayendo algunos de los nombres de los grandes científicos de la historia que no están necesariamente en la primera plana, para así rememorar los grandes hitos de la ciencia de los últimos siglos.

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“…A CHÁVEZ NO LE QUEDA MÁS CAMINO QUE DESAGRAVIARSE A SÍ MISMO OTORGÁNDOSE MÁS PODER DEL QUE YA POSEE…”.

“…A CHÁVEZ NO LE QUEDA MÁS CAMINO QUE DESAGRAVIARSE A SÍ MISMO OTORGÁNDOSE MÁS PODER DEL QUE YA POSEE…”

” El socialismo, es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia, la predica a la envidia. Su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria “. Winston Churchill

Y ahora, la boliburguesía

Argelia RíosDomingo, 17 de octubre de 2010

Al verse despojado de una porción de las simpatías populares, a Chávez no le queda más camino que desagraviarse a sí mismo otorgándose más poder del que ya posee

La crucial guerra contra la boliburguesía pretende rehabilitar afectos.
Giordani ha dado de nuevo en el clavo. La boliburguesía será uno de los tantos blancos de la guerra que acaba de iniciarse. La “repolarización” de la que se habla en el campo del chavismo involucrará a algunos de sus más conspicuos exponentes. Los nuevos magnates -surgidos de los sótanos revolucionarios- tendrán que explicar el origen de sus inusitadas fortunas. “El proceso”, que los ha utilizado por años para generar dudas sobre la naturaleza ideológica de Chávez, ahora necesita sacrificarlos. “El monje” dictó una sentencia firme y ahora sólo basta esperar el progreso de la trama anunciada.

A esta hora la inteligencia estatal ha de estar identificando a las “víctimas” ideales: es momento de volver a levantar las Santamarías del coliseo y de alimentar, otra vez, a los leones. En adelante, los potentados rojos servirán para continuar recreando la guerra entre ricos y pobres: una escaramuza en la que se dispararán proyectiles simbólicos que aludan a la lucha de clases, orientados todos a intentar restablecerle a la revolución la autoridad moral que alguna vez exhibió y que hoy, doce años después, está convertida en pasado borroso.

La ofensiva contra los boliburgueses es producto de una lectura honda sobre el 26S. El Gobierno tiene puesta allí la esperanza de reponer su imagen de cambio genuino; de reafirmar frente al país su compromiso en la lucha contra la corrupción, y de regenerar el tipo de división extrema al que tanto provecho le sacó en el pasado reciente. Lo que se ha dado en llamar por estos días “la repolarización” -prueba, por cierto, de que Venezuela ya no vive el frenesí revolucionario- expone las necesidades de una nomenclatura política que, sintiéndose poderosa -aunque insatisfecha aún-, admite el inicio de su desempoderamiento y actúa en procura de la conquista de nuevos espacios de poder.

El objetivo ahora es ocupar el resto de los resquicios de poder disperso -ya sea real o fáctico- que todavía quede en manos del “enemigo”… Al verse despojado de una porción de las simpatías populares, a Chávez no le queda más camino que desagraviarse a sí mismo otorgándose más poder del que ya posee: el poder es su consuelo y asaltarlo le representa una necesidad vital.

La asfixia económica -para conseguir la rendición- es una de sus armas de guerra: de eso se tratan las nacionalizaciones, estatizaciones y confiscaciones y tantas otras iniciativas surgidas del afán existencial de llenar los vacíos dejados por su paulatina descapitalización electoral. Chávez reconoce que su caudal de votos ha mermado. Pero sabe que su votación fue inmerecidamente buena: si la mitad del país le sigue siendo fiel, es porque no todo está perdido. La crucial guerra contra la boliburguesía pretende rehabilitar afectos. Pero nadie sabe si tendrá suerte.

Pero nadie sabe si tendrá suerte.

El socialismo mata
Carlos Alberto MontanerDomingo, 17 de octubre de 2010

Los hindúes hicieron su reforma y abandonaron las fallidas supersticiones del socialismo, hasta llegar a convertirse hoy en un actor de primer rango internacional

Swaminathan Aybar es un notable economista hindú que ha sacado una cuenta muy incómoda. Se le ocurrió medir el enorme precio que pagó la población de la India por no haber hecho antes la reforma económica que hoy mantiene en su país un ritmo de crecimiento que excede el 7% anual, reduce vertiginosamente el porcentaje de pobres y mejora sustancialmente la calidad de vida de los más necesitados. Los números son impresionantes: no haber hecho la reforma con antelación provocó la muerte de 14.5 millones de niños, mantuvo a 261 millones en el analfabetismo y a otros 109 por debajo de los límites de la pobreza. El estudio lo acaba de publicar el Cato Institute de Washington y se titula El socialismo mata.

Los latinoamericanos deberían aprender de esta experiencia. No hacerlo, además de un crimen, es una estupidez casi perfecta. El ejemplo es muy claro: en la India ha habido dos grandes modelos de desarrollo. Entre 1947 y 1981 se ensayó la fórmula de la economía estatizada, dirigida por una enorme burocracia gubernamental, intensamente proteccionista, hostil a la empresa privada y a las inversiones extranjeras, convencida de las ventajas del desarrollo hacia dentro. El resultado de esa etapa socialista fue un crecimiento anual promedio de 3.5 que, cuando se descontaba el aumento de la población, quedaba reducido al 1.49.

Mientras los hindúes seguían esa senda socialista, tan parecida a los ensayos latinoamericanos, desde el peronismo hasta el chavismo, otros pueblos asiáticos –primero Taiwan, Corea del Sur, Hong-Kong, Singapur, luego Tailandia, Malasia e Indonesia– tomaron el camino contrario: abrieron sus economías, alejaron al gobierno del aparato productivo y fomentaron la iniciativa privada. En otras palabras, liberalizaron decididamente sus economías. Al cabo de apenas una generación, los resultados que exhibían eran pasmosos: disminución drástica de la miseria y la ignorancia, mejora en todos los índices de desarrollo humano y surgimiento de unos robustos sectores sociales medios.

Presionados por esa inocultable realidad, los hindúes hicieron su reforma y abandonaron las fallidas supersticiones del socialismo, primero tibiamente, y luego con mayor ímpetu comenzada la década de 1990, hasta llegar a convertirse hoy en un actor de primer rango internacional que compite en precio y calidad con la China, a la que comienza a disputarle la condición de gran fábrica del mundo. (No olvido la sorpresa de unos amigos que necesitaban contratar un servicio de ventas telefónicas en América Latina y acabaron pactando con la sucursal de una compañía hindú radicada en Cochabamba, Bolivia.)
Es importante que los economistas latinoamericanos saquen la cuenta de cuánto nos cuestan los experimentos socialistas en sangre, sudor y lágrimas. Cuánto han pagado y pagan los argentinos por los tercos experimentos del peronismo. Cuál fue la inmensa factura pagada por la sociedad peruana durante la locura de Velasco Alvarado, la nicaragüense con el sandinismo o Cuba con su medio siglo de estalinismo.

La medición podía hacerse a partir de la experiencia chilena: ¿qué hubiera pasado en toda América Latina si los pueblos de nuestra cultura hubieran hecho una reforma económica como la llevada a cabo por los chilenos, iniciada durante la dictadura de Pinochet, pero sabiamente mantenida por los gobiernos de la democracia? En 1959, por ejemplo, Cuba tenía un tercio más de ingreso per cápita que Chile y más o menos la misma población. Hoy Chile triplica el ingreso de los cubanos, su población es un treinta por ciento mayor, y el país sudamericano se ha convertido en la secreta meta y destino de miles de cubanos que han conseguido instalarse allí, incluidos unos cuantos hijos de la clase dirigente convencidos de que el barco de los hermanos Castro se va a pique a corto o medio plazo.¿Somos capaces los latinoamericanos de aprender en cabeza ajena? Con algunas dificultades, parece que sí. Perú, por ejemplo, es hoy el país que más crece en el continente, y eso se debe a que, de manera creciente, los últimos tres gobiernos peruanos han tenido el sentido común de inspirarse en el vecino Chile y abandonar paulatinamente las viejas prácticas del socialismo estatista. Eso significa menos pobreza y mejores estándares de vida para la inmensa mayoría de la sociedad. Sin embargo, lamentablemente, la racionalidad sigue siendo un bien escaso en nuestro mundo. Mientras los peruanos, como los chilenos, se mueven en la dirección que dicta la experiencia, Hugo Chávez y sus cómplices del socialismo del siglo XXI reinciden en el disparate. Insisten en hacerles daño a sus conciudadanos, convencidos de que los guían en la dirección de la gloria. No se han enterado de que el socialismo mata.
LLAMADO NACIONAL AL BRAVO PUEBLO VENEZOLANO
Por. Sonia Camacho H.
Fuente: Mujeres de Negro
No es posible que sigamos permisivos ante tanto atropello cometido por el gobierno nacional.
No tenemos armas, somos pacíficos, demócratas y estamos asistidos por la Constitución de Venezuela en sus art..7, 25, 64, 333 y 350 este último que nos permite, nos obliga a desconocer cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los DDHH.
Durante estos doce años de régimen, Chávez ha venido violando la Constitución repetidamente así como los DDHH de todos los venezolanos. Han ocurrido muertes más que en una guerra, ha expropiado toda tierra, toda empresa de la cual se haya antojado, con las consecuencias ya sabidas.
(…)
Acudimos el 26S a elecciones para la AN a sabiendas de que íbamos en desventaja, contraviniendo la Constitución y con un FRAUDE montado; sin embargo fue masiva la concurrencia. Demostramos que somos mayoría en porcentaje de votación pero no así en porcentaje de diputados. Eso es responsabilidad de todos nosotros.
Ahora, el régimen con su odio acostumbrado, castiga más aún a los venezolanos por no seguirlo y expropia otras empresas privadas, base de la economía alimentaria de todos (…) y pretende también expropiar a la empresa Polar, queriendo lograr con eso doblegarnos.
Repito: “somos un pueblo pacífico, pero no por eso pendejo”
Si todos los venezolanos que amamos a la patria, que nos duele lo que le está sucediendo y que no podemos seguir permitiéndolo, nos unimos para salir a las calles, TODAS LAS CALLES DE VENEZUELA, en una protesta pacífica nacional, exigiendo con la autoridad que nos reviste ser el SOBERANO; el dictador, sí, DICTADOR, porque no importa cuantas elecciones haga (…) es un dictador, no estamos en democracia. TENEMOS PRISIONEROS POLITICOS, PERSEGUIDOS, EXILIADOS, TORTURADOS Y DESAPARECIDOS, entra en razón o sale por razón.
Hermanos venezolanos, no podemos quedarnos adormecidos por lo acontecido el 26S, este tirano arreciará contra todo y todos, entonces pregunto, qué tendremos dentro de un año, dos años o más. No podemos esperar hasta el 2012, ya no tendremos país para ese entonces.
Ha llegado la hora de darle un parado a esta tiranía. Él fue elegido democráticamente, pero ya no es un presidente legítimo, es un usurpador.
No sirve que los agricultores de un estado salgan, o los productores de otro salgan a protestar. Las protestas aisladas no tienen contundencia.
Ya no podemos estar en marchas, estamos cansados de eso.
Es unirnos todos, absolutamente TODOS y fijar un día y una hora para salir en todo el territorio nacional, sin ansias de protagonismo, aquí todos somos protagonistas y la principal protagonista es VENEZUELA y sin regreso hasta cumplir con el objetivo.
Obliguemos a esos dirigentes partidistas que oigan, que cumplan lo que el soberano está exigiendo con derecho.
Aquí les dejo esta idea, vamos a organizarla, vamos todos a tomar la batuta para cambiar nuestro destino.
Nosotras, Mujeres de Negro, venezolanas, madres, abuelas, hermanas, hijas de Venezuela, HACEMOS UN LLAMADO NACIONAL A UNIRNOS EN UNA PROTESTA UNITARIA, productores agrícolas, empresarios, industriales, maestros, estudiantes, comerciantes formales e informarles, amas de casa, padres y representantes, y todo aquel que sienta que nos están robando, violando la Patria.
El que no lucha hasta con la vida por su libertad, no merece tenerla.
Nada le hace mas daño a VENEZUELA que nuestra apatía, la LIBERTAD no se mendiga, se lucha y se defiende.
(…) retomemos la decisión, hagamos que la TRANSICIÓN se cumpla, pero para bien.
Esta convocatoria debería ser realizada por todos y cada uno de los gremios del País.
¡UNÁMONOS!
¡Gloria al Bravo Pueblo!
Sonia Camacho H.
C.I. V-2.988.048
Mujeres de Negro/Venezolanas en desobediencia civil.
Directora
Venezuela octubre de 2010
Si estás de acuerdo con este llamado, te agradecemos demuestres tu apoyo públicamente.

Las protestas aisladas no sirven

Por Valentín Arenas Amigo
Fuente: Gentiuno
Las universidades protestan porque las asesinan lentamente dejándolas sin fondo. Los obreros protestan porque el régimen no le para a los sindicatos y a la contratación colectiva. Los jubilados porque no le pagan sus pensiones, los empresarios porque les confiscan la propiedad de sus empresas. Los médicos porque tienen salarios de hambre y los hospitales carecen de todo. Los ciudadanos porque la inflación les dificulta comer y quieren seguir viviendo. Los abogados porque no hay quien haga justicia y los constituyentistas porque la Constitución es violada cual papel mojado. Los padres de familia porque les quieren adoctrinar a sus hijos para que sean propiedad de un Estado Comunista. ¿Para qué seguir? Con estas protestas parciales no se sale de este régimen. Hace falta unirlas todas en UNA SOLA y tomar las calles hasta que corra. Como el 4 de febrero. Como el 12 de abril. (…) llamar a una gran movilización popular pacífica y sujeta a la Constitución porque “Dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada”. Pero de que corre, corre…
DE NUEVO EL TRAPO ROJO. Lo que siguió a la derrota contundente del 26 de septiembre a pesar de la trampa de las circunscripciones electorales prefabricadas es lo mismo que sucede siempre: se distrajo la atención hacia otro tema con nuevas expropiaciones. Esta vez le tocó a AGROISLEÑA y a VENOCO, a ( BANCORO).
Los sectores afectados cayeron en el juego y pasaron a defender su propiedad privada. De esta manera se dejó de hablar de la inmensa derrota electoral sufrida no por los candidatos oficialistas, la mayoría de los cuales eran desconocidos, sino por el propio teniente coronel que fue quien recorrió todo el país haciendo la campaña electoral. La estrategia del trapo rojo” volvió a repetirse. ¿Tendrán que pasar once (años) más para que entendamos esto?
MENSAJE A LOS NUEVOS DIPUTADOS. Tenemos ya once años a la defensiva. Parece que ya es hora de ir al ataque. El 26 de septiembre quedó claro que somos mayoría a pesar de todas las trampas que hicieron: (Cambio de Ley electoral) circunscripciones y ocho horas para dar los resultados. Eso dice que la victoria de la democracia fue mucho mayor que la reconocida por la Secretaría Electoral (C.N.E.)… Una paliza.
Entonces (…) tienen que dejar la defensa para ir al ataque. “Dentro de la Constitución, todo, fuera de la Constitución, nada”. Atacar y no seguir a la defensiva. (…) El 26 de septiembre se cambiaron los roles. Movilizar al pueblo en las calles. (…) El 350 está dentro de la Constitución.
LA MESA DE LA UNIDAD (MUD) SUEÑA.
Pensar que un régimen autoritario, marxista confeso, dejará el poder por la vía electoral es demasiada ingenuidad. Ninguno lo ha hecho así. Sería este el primero. Si obedeciera al Soberano, y no lo pisoteara esto no sería una Dictadura disfrazada. Los autócratas conocidos se desaparecen siempre en horas nocturnas. No pelean frontalmente. Son cobardes. Por eso la MUD tiene que empezar a movilizar el pueblo, sin armas que no hacen falta (…) a las multitudes en las calles. (…).

LOS NIÑOS. ¿ENEMIGOS DE LA PRODUCTIVIDAD?.

LOS NIÑOS. ¿ENEMIGOS DE LA PRODUCTIVIDAD?

Detrás de todo este pensamiento se esconde un egoísmo material y un apego y esclavitud a tus propias pasiones. Estas sometido a tus ambiciones personales, y todo lo que sea darte  en generosidad y amor a las verdaderas virtudes que dignifican y perfeccionan al ser humano, te molestan porque cortan tu equivocado pensamiento de buscarte y amarte de forma individual y egoísta. De esa manera, al final, encontrarás vacío y sin sentido.
Es esto lo que viene a decir esta reflexión que expongo a continuación, y la que creo que refleja el pensamiento de todos aquellos que defendemos la vida de todos esos niños inocentes que son condenados a muerte, en vida, dentro del vientre de sus madres. Hoy, el terreno de caza más productivo económicamente y abundante es el vientre de una madre. Allí se puede cazar cuando se quiera sin preocuparse por vedas o prohibiciones de ninguna clase. Es la especie humana la menos protegida.

Le dejo con la reflexión y saquen sus propias conclusiones.
¿Los niños son enemigos de la productividad?
Los niños no sólo nos ayudan a ser creativos y productivos. En muchos casos, de hecho, ellos son la razón principal de nuestro éxito.
Autor: Colin Mason | Fuente: Population Research Institute

Pensar que los niños son una amenaza para la productividad de sus padres es un argumento sin base en la realidad. La verdad es que los hombres y mujeres con hijos son más productivos que sus homólogos sin hijos. Steven W. Mosher

Colin Mason, su esposa Sarah y sus hijos Damian y Gabriel


Cyril Connolly, conocido crítico literario y escritor inglés, solía decir que “no hay enemigo más sombrío del buen arte que un cochecito de bebé en el pasillo”.

Connolly, como tantas otras mentes presas de una mentalidad contraria a la vida, no solamente sugería que las distracciones implícitas en la crianza de un niño van a socavar el intento de un artista de crear, sino que los hijos deben ser evitados en la medida que sea posible. ¿No es acaso lo mismo que piensan muchos de los que dirigen la política y la economía en nuestros países para sustentar programas antinatalistas? ¿Es que los niños se convierten en aquellos inhibidores de la productividad, de la creatividad y de algunas otras virtudes que hacen de esta vida mejor?

Durante mucho tiempo tenía la intuición que Connolly se equivocaba al contraponer los niños al arte. Por lo que me sorprendió gratamente ver mi punto de vista confirmado por Frank Cottrell Boyce, un exitoso guionista británico, novelista y actor. El artículo de Boyce, titulado “The Parent Trap: Art After Children” (La Trampa de los Padres: El Arte Después los Hijos) fue recientemente publicado en el periódico británico “The Guardian”. En este artículo afirma que los niños lejos de impedir o destruir la creatividad de un artista, en realidad son una ventaja para la creatividad: “¿Qué es el “yo”, si no la suma de todas mis relaciones y obligaciones? Un cliente, eso es. Cuanto más das, más eres. Piensa en Chekhov, con sus pacientes y su multitud de parientes a su cargo, cuya sala se convirtió en tal espacio público, que tuvo que pegar señales de no fumar. Su consejo a los escritores jóvenes era “viaja en tercera clase.” El de Ralph Waldo Emerson era “comprar zanahorias y nabos”…

Existe una creencia que para hacer un gran trabajo se necesita tranquilidad y control, que la vida tiene que ser ordenada. Pero no es así. La tranquilidad y el control proporcionan las mejores condiciones para completar el trabajo que uno imaginó previamente. Pero, sin duda, el verdadero truco es concebir el trabajo que nunca uno se hubiera imaginado. Los grandes momentos de creatividad en nuestra historia son casi todas las historias de distracción y de sueños, Arquímedes en el baño, Einstein sueña que va en un rayo de sol,… de mentes alertas y abiertas a la gracia del caos. Estoy totalmente de acuerdo con este argumento tan espectacularmente articulado por Boyce. Los niños son distracciones del trabajo creativo, como reconoce Boyce, pero son, en definitiva, el tipo correcto de distracciones. Los niños ven cosas que nosotros no podemos ver, nos recuerdan de las verdades y perspicacias que hace mucho pudimos haber olvidado. Y que las grandes ideas en el mundo no se descubrieron mientras se meditaba de manera laboriosa, sino mientras disfrutamos de los simples placeres y dolores de la vida. De hecho, iría incluso más lejos que Boyce.

Siendo yo mismo un padre de dos niños pequeños, creo que los hijos en realidad aumentan la productividad de uno en todo el sentido de la palabra. Tengo un recuerdo poderoso del momento en que mi hijo mayor nació. Vino a este mundo, pequeño y rosadito, por cesárea. Mientras que lo sostenía, bien envuelto, casi del tamaño de una pelota de fútbol americano, mirándolo fijamente a sus ojos entornados y cerrados, pensaba: “Es oficial. Es hora de que yo madure.” Fui invadido por una combinación embriagadora de sentimientos. Una incontenible sensación de asombro, sumados a una férrea determinación de cuidar a este pequeño “paquete” de vida lo mejor que pudiera. Sabía que si fallaba en ser un hombre, no habría nadie a quien culpar sino a mí mismo. Y también que si no empezaba a lograr mis metas en la vida ahora, nunca lo haría.

Estoy seguro que cada nuevo padre que se precie de serlo, ha tenido una experiencia parecida. Los niños son una gran bendición para los adultos, no sólo por la alegría que ellos proporcionan, sino el milagro y el increíble privilegio de cuidar un alma joven. Los niños son también una bendición porque son una especie de reloj de alarma viviente, diciéndonos que es hora de despertar y aprovechar el día. La cadena de generaciones ha agregado otro enlace, el ciclo de la vida ha vuelto y es hora de despabilarse. Los niños nos recuerdan, sólo con estar allí, que el tiempo pasa inexorablemente y no podemos volver atrás. Al recordarnos que somos mortales, los niños concentran la mente y nos impulsan a cumplir con las tareas que tenemos por delante. Porque dado que no tenemos todo el tiempo del mundo, es absolutamente crucial saber cómo vamos a gastar el tiempo que tenemos. Por esta razón los niños no son simplemente una gran ayuda para la creatividad, muchas veces son, y en muchos sentidos, una bendición para la vida misma (creatividad incluida).

¿Quién dice que los niños son la esperanza y el futuro del mundo? ¡¡¡ Son el corazón del presente!!! La utopía negativa retratada en la película “Children of Men” (Hijos de los Hombres) tiene razón, que un mundo sin niños es un mundo sin una razón para vivir. Los niños por lo tanto no son solamente la siguiente generación. Ellos son la sangre vital de la presente generación. El hecho de que un niño nace y crece con tanta rapidez en madurez y necesidades, exige una reorientación de nosotros mismos y de nuestras energías. Requiere tomar decisiones acerca de lo que realmente es importante para nosotros. La responsabilidad de criar a los hijos se traduce fácilmente en más disciplina, más atención y una determinación de tener éxito en lo que hacemos. En otras palabras, los niños no sólo nos ayudan a ser creativos y productivos. En muchos casos, de hecho, ellos son la razón principal de nuestro éxito.

Colin Mason es el Director de Comunicaciones de Population Research Institute.

Tte. Carlos Meyer Baldó, valeroso “As del Aire” // Por: Eumenes Fuguet Borregales.

Tte. Carlos Meyer Baldó, valeroso “As del Aire” // Por: Eumenes Fuguet Borregales

Tte. Carlos Meyer Baldó, valeroso “As del Aire”

Por: Eumenes Fuguet Borregales (*)
La aviación militar venezolana instituyó el 7 de octubre de 1968, la condecoración Orden al Mérito Aeronáutico Tte. Carlos Meyer Baldó en su única clase, para recompensar los méritos del personal, que a criterio de la Junta respectiva sean merecedores a tal presea, establecida en memoria del veterano piloto nacido en Maracaibo el 21 de abril de 1895, hijo del alemán Johan Meyer, comerciante cafetalero y Doña María Baldó Jara cucuteña de origen tachirense. En 1908 la familia se traslada a Alemania, donde el joven Carlos (Karl) estudia idiomas y culmina los estudios secundarios. A los diecinueve años ingresa voluntario al regimiento de caballería Dragones Nro 4 con cuya unidad combate en el frente ruso, logrando por méritos alcanzar el grado de teniente, y sentar plaza como piloto en la aviación asignado al Escuadrón de Caza Nro 11. El 31 de julio de 1917 derriba el primer avión adversario, un R.E.8 de la Real Fuerza Aérea Británica; combatirá en los cielos de Alemania, Francia y Flandes; su capacidad operativa le permite ingresar en el escuadrón al mando del capitán Manfred Von Richtofen el famoso “Barón Rojo”, piloto de primera línea quien llegó a derribar ochenta y un aviones, denominado así por el trazado de ese color en el fuselaje de los aviones de combate a su mando. Meyer derriba el 18 de junio de 1918 el SPAD del famoso piloto francés René Montrión; este joven paisano llegó en oportunidades derribar hasta siete aviones en un día de operaciones. Sus últimas acciones aéreas las realizó en julio de 1918 con el moderno avión el Fokker D-VII motor Mercedes Benz. El comando aéreo lo designa en septiembre entrenador de los jóvenes pilotos en el sistema Caza. Concluida la Primera Guerra Mundial permanece desde 1918 hasta 1925 en el pueblo de Wansbeeck dedicado al negocio del café; pero la crítica situación económica dejada por la guerra, lo obliga Regresar a Venezuela en 1826 por la vía Hamburgo-La Guaira, residenciándose en la urbanización caraqueña de El Paraíso. Durante su estada conoce al coronel Florencio Gómez Núñez(1908-1995), de los pioneros de la aviación militar venezolana, fundada el 10 de diciembre de 1920 por su padre el general Juan Vicente Gómez; éste distinguido oficial facilita el ingreso en 1931 al veterano Meyer con más de diez años sin volar; fue enviado ese año a Norteamérica con la finalidad de realizar curso de actualización durante dos años; regresa con el titulo de instructor en tierra; no se le permitía volar aviones de combate para evitar algún accidente, preservando la vida al afamado piloto. Ante la insistencia del veterano ?As del aire?, se le permitía en pocas oportunidades volar solo en los pequeños aviones de tipo turismo. El destino le hizo una mala jugada el 27 de noviembre de 1933, cuando acompañado del porteño Héctor Arias de veintiún años, como mecánico, a bordo del biplano Stearman RubberC-3B, realizando en la mañana una maniobra sobre el sector de Las Delicias en Maracay, al deformarse el plano derecho, el avión se precipita, falleciendo sus dos ocupantes. Meyer es enterrado en el Cementerio General del Sur de Caracas, sepelio muy sentido por sus compañeros de armas, que contó con la asistencia del cuerpo diplomático y oficiales alemanes, incluyendo al comandante de la Lutftwaffe. Poseía la Cruz Hanseática, Cruz de Hierro en 1ra y 2da clase, la Copa de Honor, entre tantas distinciones recibidas por su arrojo en el desarrollo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
IMAGEN SUPERIOR: WIkipedia

◊ ◊ Confirmado ◊ ◊ Lo que ves aquí es un hecho ! – Caminar evitaría que el cerebro se achique.

Ciencia & Salud  15/10/2010

Caminar evitaría que el cerebro se achique

Las personas que caminan aproximadamente entre 9,6 y 14,4 kilómetros por semana reducen a la mitad su riesgo de desarrollar problemas de memoria
La enfermedad de Alzheimer elimina lentamente las células cerebrales, y las actividades como caminar han demostrado aumentar el volumen del cerebro

Reuters.- Caminar unos 10 kilómetros por semana sería algo que las personas pueden hacer para impedir que sus cerebros se encojan y así combatir la demencia, informaron investigadores de Estados Unidos.
Un estudio sobre casi 300 personas en Pittsburgh que registraron cuánto caminaban semanalmente mostró que quienes recorrían unos 9,6 kilómetros presentaban menos encogimiento cerebral relacionado con la edad que aquellos que caminaban menos.
“El tamaño del cerebro se reduce en la adultez avanzada, lo que puede causar problemas de memoria. Nuestros resultados deberían llevar a ensayos bien diseñados sobre el ejercicio físico en los adultos mayores como un enfoque alentador para prevenir la demencia y la enfermedad de Alzheimer”, indicó Kirk Erickson, de la University of Pittsburgh.
El estudio de Erickson fue publicado en la revista Neurology.
La enfermedad de Alzheimer, la forma más común de demencia, elimina lentamente las células cerebrales, y las actividades como caminar han demostrado aumentar el volumen del cerebro.
Erickson y sus colegas evaluaron si las personas que caminaban mucho podrían combatir mejor la enfermedad neurodegenerativa.
El equipo estudió a 299 voluntarios que no padecían demencia y que mantuvieron registros de cuánto caminaban.
Nueve años después, los científicos realizaron controles para medir su volumen cerebral. Luego de cuatro años más, los autores evaluaron si alguien en el estudio presentaba deterioro cognitivo o demencia.
El equipo halló que las personas que caminaban aproximadamente entre 9,6 y 14,4 kilómetros por semana habían reducido a la mitad su riesgo de desarrollar problemas de memoria.
“Nuestros resultados están en línea con datos que indican que la actividad aeróbica induce una serie de cascadas celulares que podrían aumentar el volumen de materia gris”, escribieron los autores.
“Si el ejercicio regular en la mitad de la vida puede mejorar la salud del cerebro y el pensamiento y la memoria más adelante en la vida, sería una razón más para hacer de la actividad regular un imperativo de salud pública para las personas de todas las edades”, explicó Erickson.
Actualmente no existen fármacos que puedan alterar el avance del Alzheimer, una condición que afecta a más de 26 millones de personas en todo el mundo.

Esto sin contar con el fallecimiento de 6 mineros en guayana.

Indignación, rabia y humor en México tras la liberación de los mineros chilenos | México | elmundo.es.

 

RESCATE | Los mexicanos recuerdan que 63 mineros siguen bajo tierra

Indignación, rabia y humor en México tras la liberación de los mineros chilenos

Luis Urzúa celebra su rescate junto al presidente Sebastián Piñera. | AFPLuis Urzúa celebra su rescate junto al presidente Sebastián Piñera. | AFP

México sigue la salida de los mineros chilenos con un sentimiento a medio camino entre la alegría y envidia al recordar que otros 63 mineros mexicanos quedaron sepultados hace tres años en una mina de Coahuila, sin que se intentara rescatarlos. 65 mineros que estaban a 150 metros frente a los 700 de la mina chilena.

Pero lo que nadie se atrevía a decir en público lo dijo el obispo de Saltillo, Raúl Vera, en una radio local. En Chile, el gobierno y los empresarios se unieron para el rescate de los mineros, y en México, se unieron para impedirlo, señaló el obispo. “Lo que he pensado cuando empecé a ver (el accidente y el rescate de Chile) es ‘qué pena que en México no solamente nos hacen morir en manos del crimen organizado. También hacen morir a la gente en manos de las empresas. ¡Es terrible!'”, señaló en una entrevista a la emisora MVS.

En México no se hizo lo suficiente por rescatar a trabajadores “que estaban a 150 metros. Ahora deberían meter a juicio al secretario (ministro) del Trabajo de entonces, Francisco Salazar, al del día de hoy (Javier Lozano), a las autoridades que intervinieron, inspectores, y por supuesto, a los funcionarios directos de la administración de la mina, y a los altos funcionarios del Grupo México”, que explotaba la mina. En febrero de 2006 una explosión en la mina Pasta de Conchos sepultó a 65 trabajadores a 150 metros. Once de ellos lograron sobrevivir con algunas quemaduras. La explosión de grisú bloqueó el tiro de entrada a la mina y, por los riesgos que presentaba recuperar los cuerpos, segun los dueños de la mina y las autoridades, aún permanecen sepultados 63 de los 65 fallecidos ya que sólo se rescataron dos cadáveres.

Desde entonces los familiares acusan al Grupo México (un gigante de la minería) de no cumplir con las normas de seguridad para los mineros y aunque el gobierno de Vicente Fox dijo que se recuperarían los cadáveres, los trabajos se suspendieron con el argumentó de que la mina estaba llena de gases que podrían originar una explosión.

En la misma línea, el escritor Fernando del Paso publicó este miércoles en el diario La Jornada una carta titulada “Gloria y vergüenza” que recuerda que “la gloria es para Chile” y “la vergüenza, para México”. “Aquí no movimos un dedo, no hicimos un sólo intento, por modesto que hubiera sido, y aunque hubiera fracasado, por salvar la vida de uno sólo de nuestros mineros de Pasta de Conchos”, en el norteño estado de Coahuila, recordó el escritor.

En su día, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCT), una asociación integrada por académicos de varios países y expertos en minería determinó que era inseguro el acceso a la mina. Los expertos que participaron en ese rescate dudaron desde el principio de la posibilidad de que hubiera quedado algún minero con vida, debido a que la explosión por acumulación de gases provocó temperaturas de hasta 600 grados centígrados.

Desde entonces, los mineros y sus familias mexicanas han seguido en pie de lucha, presentando reclamos, pidiendo indemnizaciones y exigiendo que los cuerpos sean recuperados.

Paralelamente el tema de los mineros chilenos ha desatado todo el sarcasmo en la red twitter y bajo el epígrafe “si los mineros fueran mexicanos” cientos de personas han escrito con indignación y con humor ante todo lo que pasa en el campamento Esperanza de Chile. Entre otros mensajes un usuario ironizó diciendo: “Si los mineros fueran mexicanos serían recibidos como si dejaran Big brohter y Fox diría damos la bienvenida a los buzos caídos en desgracia”. Otro escribe: “si los mineros fueran mexicanos los acusarían de hacer un ‘narcotunel’ y los enviarían a la cárcel” y otro más, con no menos sarcasmo señaló que si los mineros fueran mexicanos, Laura Brozzo (presentadora de Televisión) estaría esperando al que tiene dos mujeres y le diría “que salga el desgraciadooooooooo…”.

Sobre el mismo asunto el ex ministro de Trabajo de México Francisco Salazar, actualmente diputado federal, dijo hoy “es totalmente diferente” lo ocurrido en Chile y en México en 2006, según un comunicado de la cámara baja.

“La mina de Chile es de cobre, el cobre es un mineral inerte, que no explota. La mina de México es de carbón, por definición combustible, y el gas que se produce al perforarlo es muy explosivo, es un escenario totalmente diferente, por eso no pueden ser comparables los temas”, aseguró el legislador del Partido Acción Nacional (PAN).

Opinión y Análisis – El gobierno de Allende desde dentro, y el golpe militar.

Respuesta a José Piñera

El gobierno de Allende desde dentro, y el golpe militar

Carlos Medina de Rebolledo

Domingo, 16 de mayo de 2010

 

Siempre he creído que es un buen ejercicio de higiene histórica el que los oponentes de antaño se reúnan cara a cara, o por los medios de comunicación con el fin de ventilar  las verdades de cada uno a la luz de la reflexión y serenidad que sólo nos regala la distancia de los hechos acaecidos. Es lo que me lleva a contestar las verdades, medias verdades de los hechos que presenta el señor Jose Piñera en su articulo Una casa dividida…

Lo primero que choca a mi vista es el retrato del Presidente Salvador Allende enmarcado en la bandera chilena, lo cual considero expresión del romanticismo patriotero chileno, país que conozco muy bien por haber vivido en este desde los 3 años de edad. Mi segunda patria.  En primer lugar, el doctor Salvador Allende era euro-.judío-chileno. Lo primero por su padre, lo segundo por su madre de apellido Gossen y lo tercero por haber nacido en ese país. El mismo no se consideraba “chileno” en el estricto sentido del gentilicio, es decir,  indo-chileno como el 75% de la población. Por el contrario, desde temprano dio muestras de ser muy poco chileno. Cuando su cargo como Ministro de Salud del Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda (1938-1946) Allende intentó pasar como ley su proyecto de limpieza étnica de los indígenas por el método socialista-nacionalista de las esterilizaciones.  Las revelaciones del valiente escritor investigativo  profesor Victor Farías, un ex socialista exiliado en Berlín, donde impartía clases en la Universidad libre, han impactado a la opinión pública mundial por la verdad socialista que desvela. Como médico  Salvador Allende Gossen había escrito su tesis doctoral inspirado en la moda eugenésica de los años 30. (Salvador Allende Gosssen Higiene mental y delincuencia, tesis que Allende presentó en la Universidad de Chile en 1933.)

Allende demostró tal entusiasmo por esta teoría inhumana que llegó a disertar  varias veces en favor de la Eugenesia para eliminar psicopatías, como el comportamiento criminal, el alcoholismo y la homosexualidad. Ese estado de indefinición sexual  Allende lo consideraba como una enfermedad curable y ya siendo ministro de Salud de la coalición socialista-radical-comunista Frente popular (1938-1941) presentó un proyecto de ley por el cual se obligaría a los homosexuales a someterse  a un “trasplante de testículos”. Su proyecto de ley afortunadamente no obtuvo mayoría gracias a la férrea oposición de los demócratas.

El objetivo de Allende, en sus declaraciones entonces al diario oficial La Nación, en cuanto a que su proyecto  era «un trípode legislativo en defensa de la raza»,  nos lleva la conclusión que no podía tener otro objetivo mas que el de implementar un programa de eliminación total de los indígenas sometidos por los euro-chilenos. ¿Cuál raza iba a defender Salvador Allende Gossen? Allende no era Mapuche, sino hijo de un hispano-chileno y de una Azquenasar-chilena.

Allende pretendía que por ley se crease un Tribunal de Esterilización, que dictara sentencias sin siquiera dar oportunidad a los familiares  para que  defendiesen a las víctimas. En el artículo 23 de su proyecto se lee  «Todas las resoluciones que dicten los tribunales de esterilización (…) se llevarán a efecto, en caso de resistencia, con el auxilio de la fuerza pública”. (Antisemitismo y Eustanasia, Victor Farías, Berlín.)

Como sabemos, el partido de Allende antes del Frente popular se llamaba Partido nacional socialista. Sus militantes se vestían de uniformes marrones y hacían el saludo nazi, además recibieron dinero del PNSD de Hitler. Creo que el poster que se adjunta le hace más fidedigno a la realidad que Salvador Allende fue en vida.

Debo puntualizar las siguientes realidades que demuestran que Allende, navegando entre el racismo nazi y el marxismo obtuso (muy común en los marxistas euro-chilenos), fue un instrumento más del imperialismo ruso en sus intentos de expansionismo geopolítico en América Latina. Desde el interior de La moneda en mi puesto como Censor de radioemisoras bajo el ministro de la Presidencia Anibal Palma Fourcade y después como Jefe de prensa del Ministerio de vivienda bajo el mismo ministro puedo asegurarlo.

 

1.     Allende había entregado la distribución general de los alimentos al MIR, encabezado por el general del aire Alberto Bachellet, quien empleó solamente a miristas en esa labor, que supuestamente harían llegar los alimentos a precios políticos a todos los pobres por el sistema de “Distribución directa”, es decir, solamente para las agrupaciones controladas por el MIR. La mitad de los productos era desviada al mercado negro a precios diez veces mayores, lo cual causó el desabastecimiento. El objetivo era comprar con alimentos a los habitantes de los barrios marginales con el fin de usarlos como carne de cañón en la Revolución chilena que el imperialismo ruso había planeado.

2.     Desde el test de golpismo El Tancazo de  junio de 1973 Allende entregó parte del poder ministerial a los comandantes de las Fuerzas armadas con la única intención de dividirlas, Existían  planes secretos que habían sido elaborados con Fidel castro en ocasión de su larga visita-intervención en 1970, que incluyó su personal inspección de barrios, ciudades, villorrios y hasta regimientos militares a lo largo de todo Chile.

3.     En septiembre de 1973 Allende estaba haciendo tiempo para que arribaran dos barcos cargados de armas rusas de infantería y combates antitanques, suficientes para armas dos a tres divisiones. No alcanzaron a descargar porque los militares se adelantaron y aseguraron todos los puertos y aeropuertos del país.  En su visita a Moscú a principios de 1973 Allende había obtenido ese crédito (los rusos nunca regalan nada) para la compra de ese armamento y además dinero de bolsillo. (50 mil USD según el Archivo Mitrokhin). Según el oficial de la KGB Vasili Mitrokhin, Allende había sido dependiente del dinero ruso en todas sus campañas políticas y contaba con un enlace privado en ese organismo. ¿Qué iba a dar en cambio? Chile. Y Chile ya contaba con una oficina de la STASI en Santiago encargada de coordinar al Partido comunista y al Socialista, y que además consiguió infiltrar el  ala izquierdista del Partido Demócrata Cristiano. (Archivos de la STASI, Berlín)

4.     Allende sabía que el Partido Comunista había enviado a más de 5.000 militantes jóvenes a los campos de entrenamiento de Cuba, Argelia, Alemania Comunista y Corea del Norte.  Su propio partido Socialista se resistía a ser arrastrado a la Guerra civil. Fue la causa del distanciamiento entre Allende y Carlos Altamirano. El mismo secretario general Luis Corbalan Lepe había anunciado en una entrevista libro “27 horas con Corbalan”:  “sabremos responder al golpe fascista con nuestras propias fuerzas entrenadas y bien armadas”.  Lo que no se esperaba Corbalan era que el 99% de los comunistas se declaraban comunistas democráticos y aborrecían la idea de una guerra civil por el Socialismo, que sabían era  solo un pretexto geopolítico ruso. Al hacer Corbalan un llamamiento a la insurrección armada en contra de la dictadura de Pinochet, solo la secundó el ruso Volodia Teiltelboim.

5.     Allende sabía que el Presidente de Argentina entonces, Raul Alfonsin había prometido 500.000 metralletas a las Juventudes radicales del Partido radical (socialdemócrata).

6.     Allende se equivocó en el timing del lanzamiento de la Guerra civil chilena, porque a pesar de las rabietas de Fidel Castro por teléfono,  retrasó el envió aerotransportado de 10.000 soldados de infantería cubanos que funcionarían en Chile como instructores de los grupos extremistas. (Fuente: Comandante Jiménez Rugeiro, Copenhague)  No alcanzaron a ser puestos en los aviones, principalmente por las dificultades económicas de Cuba y la reticencia de los rusos de “prestarles” mas dinero. El castrismo ya se había gastado 38 mil millones de USD en sus aventuras guerreras intentando o creando guerras civiles en Rep. Dominicana (1959), Estados Unidos con los Panteras negras (1960-1970), Argelia (1960) Congo (1961) Venezuela (1961),  Argentina (1961) Nicaragua (1962-1979),  Bolivia (1967), Angola (1975),  Etiopía  y Eritrea (1974-1991) Mozambique (1962),  Tanzania ( Guatemala (1962-1989), El Salvador ( 1979-1992),  Namibia y Sudáfrica ( 1966-1990), Yemen (1980), y un centenar de otros países que aun no han sido tan manipulados por el imperio ruso y Cuba para ser noticias en los diarios.

Todo lo anterior es para aportar con información honesta hasta ahora desconocida en Latinoamérica, ya que la confrontación real no fue entre marxistas y demócratas como cree el señor Piñera, sino que lo fue, por una parte el imperialismo ruso y su testaferro castrista, y por la otra los Estados Unidos y el mundo libre.  Pura guerra fría para ganar o defender posiciones geopolíticas. Como ha quedado al descubierto por la desclacificación de los documentos de la CIA, este organismo realizó sus propios programas de desestabilización del (des) gobierno de Allende.  ¿Con qué derecho? El derecho que conceden las cañoneras.

No concuerdo con el señor Piñera en cuanto a que fue necesario el golpe militar, por muy justificado que resultó por las resoluciones de la Cámara de diputados y de la Corte suprema de 1973, además del apoyo del Presidente del senado Eduardo Frei y el clamor popular de la clase media.  El Gobierno de la Unidad popular era una desunión total por causa de las trasgresiones a la ley, infiltraciones e intervencionismo de los cubanos, sandinistas  y unos 10.000 marxistas exiliados. El Presidente del PR senador Anselmo Sule me confió en agosto de 1973 “Lo que mas nos preocupa es el vació de poder en La Moneda y la influencia de comunistas y miristas en el Presidente Allende. Vamos a la catástrofe”. 30 días mas y los militares hubieran sido solicitados por la misma Unidad popular (menos la nomenclaturas comunista y mirista) para que asumieran la administración total, sin pegar un tiro. El Partido liberal de Rafael Tarud y los socialdemócratas ya habían huido del barco que se hundía irremisiblemente.  ¿Por qué los comandantes en jefe dieron el golpe cuando ellos sabían muy de todo esto? Me consta y  así lo declararía ante un juez. Después del Tancazo hice un estudio de todos los generales que pudiera liderar el golpe militar  para publicar por partes por Radio del Pacifico donde hacia comentarios políticos.  Mi conclusión fue única: el líder del golpismo se llamaría Augusto Pinochet Ugarte.  Antes de emitirlo lo pasé a La moneda. La respuesta fue el silencio total y las miradas de sospecha de los cubanos y alemanes RDA hablando con acento chileno.  Días después de las emisiones la Inteligencia militar me hizo fotografiar entrando en la radioemisora.  ¡Había dado en el clavo! Mal lo pasé cuando me detuvieron en el Regimiento Blindados número dos, porque la única pregunta fue ¿Cómo lo sabias? ¿Te lo dijeron los analistas rusos? ¿Los cubanos? ¿A mí, pobrecito periodista que era yo?

La conclusión final y coincidente con el señor Piñera es que el golpe militar chileno no fue un golpe de palacio típico de republicas bananeras. Fue la punta del iceberg de la guerra muy fría que azotaba a Sudamérica. Lo importante para el futuro del dialogo político latinoamericano es tomar ejemplo de este caso, porque en efecto el civismo del pueblo chileno impidió la Guerra civil a la cual lo querían arrastrar. Al mismo tiempo ese mismo civismo dialogante cerró la puerta a los generales que intentaron eternizarse en el poder. La Concertación centro izquierda que gobernó 16 años es la prueba, así como la entrega pacifica del poder a los anticomunistas. ¡Que tomen nota los pueblos latinoamericanos!

Carlos Medina de Rebolledo
Ex comunista
(IpaNew UK), Londres
www.ipaebooks.org
Cmedinarebolledo@yahoo.se

Contra el indigenismo y en defensa de la occidentalización.

Contra el indigenismo y en defensa de la occidentalización

Gabriel Andrade
Maracaibo, Septiembre de 2010.

Amo al indio, pero no a su cultura…
José Porfirio Miranda
Teólogo de la liberación mexicano

 

La izquierda socialista ha atravesado una curiosa transformación en las últimas décadas. Antaño, los liberales y los socialistas compartían una adscripción a los ideales universalistas de la Ilustración, y a los principios de la Revolución Francesa, en fin, una mutua adscripción a la modernidad; a partir de ello, tanto los liberales como los socialistas repudiaban las tradicionales instituciones del Ancien regime. Ahora, muchos socialistas han repudiado como opresivos los ideales de la Ilustración, y consideran un fracaso el proyecto moderno. En función de eso, terminaron apoyando movimientos en contra de la hegemonía cultural de Occidente, incluso si eso implicaba el apoyo de teocracias, monarquías y regímenes con instituciones muy parecidas a las del Ancien regime en Europa.

Quizás el caso más emblemático resultó el apoyo socialista de la revolución islámica de Irán, en 1979: en su desdén por el predominio cultural de Occidente, muchos socialistas apoyaron al régimen de los ayatolás, amparado en una visión teocrática del mundo, afín a las antiguas concepciones del derecho divino, y prescindiendo de un cultivo de las más elementales libertades individuales y principios políticos defendidos durante la Revolución Francesa.

Después de casi dos siglos, muchos socialistas apoyaban versiones no occidentales del Ancien regime, a la manera en que los reaccionarios lo hacían en el siglo XIX. Socialistas y reaccionarios compartían, entonces, un desdén por la modernidad y un anhelo por instituciones tradicionales. Pues, el foco de interés ya no era si esas instituciones oprimían a las clases más desfavorecidas en sus respectivas sociedades, sino cómo esas sociedades, en la medida en que conservaban esas instituciones, mantenían su integridad cultural y resistían la intromisión de valores ajenos impuestos por vía del imperialismo.
El nuevo socialismo ha complementado así la lucha contra el capitalismo con la lucha en contra de la hegemonía cultural de Occidente. Los nuevos socialistas han acertado en comprender que el capitalismo es un sistema de origen occidental, y en la medida en que los pueblos no occidentales resistan la influencia cultural occidental, también resistirán al capitalismo. Pero, los nuevos socialistas han sido muy torpes en no comprender que el socialismo es en sí mismo un sistema de origen occidental, y que en la medida en que se alienta una resistencia a la hegemonía cultural de Occidente, también se alienta una resistencia al mismo socialismo, a favor de sistemas de opresión pre-capitalistas.

Pero, vale advertir que los fundadores más elocuentes de la doctrina del socialismo no amparaban, en ningún sentido, la lucha de los no occidentales por resistir la influencia cultural occidental. Es cierto que Marx, y sobre todo Engels, habían concebido la existencia de una supuesta época dorada de comunismo primitivo; y presumiblemente, muchas sociedades no occidentales aún vivían en esa época. Pero, tanto Marx como Engels postulaban que durante esa época, si bien había una distribución igualitaria de la riqueza y no existía la opresión entre clases sociales, tampoco se producían excedentes. La aspiración de Marx y Engels era alcanzar una sociedad comunista en la que hubiese excedentes de producción sin explotación del hombre por el hombre.

En función de eso, Marx no tenía opiniones favorables respecto a las sociedades pre-capitalistas no occidentales, y abiertamente favorecía el predominio de la hegemonía cultural occidental para precisamente aniquilar las formas pre-capitalistas de explotación, y abrir paso al socialismo y finalmente al comunismo, como sistemas sociales originarios de las propias sociedades europeas. Muy conocidos son los textos de Marx El manifiesto del partido comunista y El Capital, en los que se clama por una destrucción del capitalismo occidental, pero no son tan conocidos los textos de Marx sobre la India, La dominación británica en la India y Futuros resultados de dominación británica en la India, en los que el filósofo abiertamente avala la hegemonía cultural británica en la India, precisamente por el servicio que presta a la erradicación de formas pre-capitalistas de explotación: «la intromisión inglesa, que colocó al hilador en Lacanshire y al tejedor en Bengala, o que barrió tanto al hilador hindú como al tejedor hindú, disolvió esas pequeñas comunidades semi-bárbaras y semi-civilizadas, al hacer saltar su base económica, produciendo así la más grande, y para decir la verdad, la única revolución social que jamás se ha visto en Asia»(1).

Según parece, la mayor parte de los socialistas contemporáneos ha perdido el gusto por Marx. Su bandera no es ya propiamente la lucha contra el capitalismo, sino la conservación de las culturas frente al crecimiento de la civilización occidental. Y, en función de eso, ha venido a tacharse de ‘derechista’ todo aquel que favorezca la hegemonía cultural de Occidente en el mundo entero. La misma noción de progreso es ahora interpretada como una ideología derechista que sirve de excusa para colonizar y atropellar a los pueblos no occidentales. A partir de eso, los nuevos socialistas estiman que la manera de liberar a los no occidentales es propiciando la conservación de sus ancestrales formas de vida. Como corolario, estos nuevos socialistas se hacen llamar ‘liberales’ y tachan de ‘conservadores’ a sus oponentes, sin caer en cuenta que es mucho más conservador quien, precisamente, busca conservar antiguas costumbres y creencias, y más aún si es en detrimento de las libertades individuales.

Este giro en el socialismo también ha resonado en América Latina. Aunado a la lucha en contra de un sistema que garantice las libertades individuales, el socialismo latinoamericano se ha vestido de colores indigenistas. En su empeño por resistir la influencia cultural occidental, el socialismo emergente ha revivido el antiguo gusto por enaltecer el pasado indígena de nuestra región, y hacer todo lo posible por conservar las antiguas costumbres de los pueblos indígenas.

Si bien autores como José Carlos Mariátegui han gozado de cariño y aprecio entre los socialistas latinoamericanos, el indigenismo nunca fue una ideología predominante. Ciertamente, ha habido una vinculación entre el mito del buen salvaje y el sueño del buen revolucionario, como elocuentemente la documentó Carlos Rangel en su obra Del buen salvaje al buen revolucionario (2), pero esta vinculación no ha sido especialmente prominente. De hecho, pensadores latinoamericanos marxistas como Juan José Sebreli (3) y José Porfirio Miranda (4), no han vacilado en demostrar su repudio al indigenismo.

No obstante, la renovación socialista promovida por Hugo Chávez ha elevado al indigenismo a una posición de la cual nunca disfrutó previamente. En especial a través del gobierno de Evo Morales, en Bolivia, se ha promovido la idea de que los imperios de los incas y los aztecas, así como las comunidades indígenas precolombinas, estaban cerca de ser paraísos terrenales, y que la depravación española acabó con aquella época dorada. Y, como corolario de esta noción, se ha defendido la idea de que cada cultura es un tesoro, en función de lo cual las culturas indígenas deben ser valoradas a la misma altura (o más) que la civilización occidental.

A los liberales, las pretensiones socialistas de gobiernos colectivistas y restricción de libertades individuales siempre nos ha parecido una amenaza. Pero, ahora, el añadido componente indigenista parece ser una amenaza aún mayor. Pues, en la medida en que el indigenismo pretende reivindicar a culturas que no valoran las libertades individuales, se está despreciando la libertad del individuo a favor de la preservación de las identidades culturales colectivas.

Al final, para salvaguardar el legado cultural indígena, se oprime a los individuos. Por ello, el pleno ejercicio de las libertades individuales en América Latina no podrá ser alcanzado mientras persistan las ideologías indigenistas. En este ensayo, no trataré de argumentar la conveniencia de asumir al liberalismo como filosofía política; estimo que muchos otros autores suficientemente competentes han defendido óptimamente el liberalismo. Antes bien, intentaré argumentar que el liberalismo implica la aceptación de la cultura occidental por encima de las culturas indígenas.

La contradicción del relativismo
El indigenismo ha sido, en buena medida, una postura que se fundamenta en lo que los filósofos han venido a llamar el «relativismo cultural». Si bien esta postura no ha sido claramente definida, suele entenderse como la negación de la existencia de valores universales en la especie humana, independientemente de su procedencia cultural. El relativista cultural considera que el valor de una institución o idea es sólo relativo a la cultura de la cual proceda.

A juicio del relativista cultural, una cultura no es mejor que otra. Cada cultura debe ser entendida en su contexto, de manera tal que, si bien algunas prácticas o valores pueden chocar contra algunas sensibilidades, no es posible juzgarlas desde una perspectiva universal. Pues, precisamente, no hay una perspectiva universal que permita evaluar y comparar a las culturas. Cada cultura tiene su valor interno y es inconmesurable con otras culturas.

Si bien algunos auto-proclamados liberales han abrazado el relativismo cultural, soy de la opinión de que el liberalismo es una postura irreconciliable con el relativismo cultural. Pues, el liberalismo está dispuesto a defender el valor supremo de la libertad individual universalmente, sin contemplar los contextos culturales en los que se pretende fomentar las libertades. El liberalismo es heredero del universalismo de la Ilustración. Y, de la misma manera en que la Revolución Francesa pretendía instituir, no sólo en Francia, sino en el mundo entero, la libertad, la igualdad y la solidaridad; el liberalismo pretende fomentar el respeto a las libertades individuales, no sólo en los países de firme tradición liberal, sino en todos los rincones del planeta.

Pues, desde Platón, la libertad se ha entendido como un valor absoluto y trascendente, que no está sujeto a las especificidades de un contexto cultural. Y, si bien puede haber disenso respecto a qué es exactamente la libertad, los liberales estamos dispuestos a conceder que sólo existe una correcta versión de la libertad. No es sensato concebir una libertad «a la americana», y una libertad «a la china». La libertad es una sola, y trasciende fronteras culturales, así como también la valoración de la libertad no está sujeta sólo a algunos contextos. El dictador que irrumpa sobre las libertades individuales no es excusable en función de que su cultura le permite irrumpir sobre las libertades de sus súbditos.

Frente a la concepción universalista del liberalismo, el indigenismo presenta dos estrategias. Por una parte, algunos indigenistas concuerdan en que, en efecto, la libertad es un valor universal y absoluto. Pero, alegan estos indigenistas, las sociedades occidentales han sido deficientes en su cultivo de la libertad, mientras que las sociedades indígenas tienen valores culturales que son mucho más rescatables y, por ende, entre las sociedades indígenas hay un mayor cultivo de la libertad.

De esa manera, esta variante del indigenismo no se fundamenta propiamente sobre el relativismo cultural. Antes bien, estos indigenistas son tan universalistas como la tradición liberal occidental, y no sienten restricción en la legitimidad de comparar a unas culturas con otras. Pero, allí donde los liberales sostendrían que el mayor cultivo de la libertad ha sucedido en sociedades occidentales, estos indigenistas señalarían que, en realidad, el mayor cultivo de la libertad ha sucedido entre las sociedades precolombinas, y que el rescate de las antiguas tradiciones indígenas es el mejor camino que nos conduce a la libertad. Volveremos sobre estos indigenistas en el próximo apartado.

En vista de la dificultad que hay para apreciar el supuesto cultivo de la libertad en sociedades que practicaban el sacrificio humano y la esclavitud, y no tenían la menor contemplación para el ejercicio de libertades políticas, religiosas y económicas, otro grupo de indigenistas ha preferido negar que la libertad sea un valor universal. Puesto que estos indigenistas insisten sobre la necesidad de rescatar la identidad étnica de los pueblos indígenas a través de la conservación de antiguas costumbres, señalan que muchas de estas costumbres, si bien nos pueden resultar deplorables, en realidad no lo son, pues tienen un valor interno relativo a cada cultura. Así, a diferencia del primer grupo de indigenistas, este segundo grupo sí abraza la postura relativista, y es precisamente esta postura lo que le permite enaltecer el pasado indígena.

El relativismo cultural es, evidentemente, una variante de la postura general del relativismo. Y, así como el relativismo cultural postula que el valor de una institución es sólo relativo a la cultura de la cual procede, el relativismo como postura general postula que no existen verdades absolutas, pues la distinción entre lo verdadero y lo falso sólo emerge de un contexto, pero no puede pretenderse una aplicación universal de esta distinción. Así, por ejemplo, la proposición «la libertad es deseable» es sólo verdadera en un determinado contexto, a saber, el contexto liberal, pero no es verdadera en un contexto ajeno al liberalismo.

Esta postura es muy atractiva al segundo tipo de indigenista. Pues, frente a sacrificios humanos, persecuciones de brujas, juicios sumarios, curaciones chamánicas,  violencia doméstica, ingestión de drogas, etc., siempre se podrá alegar que estas prácticas son sólo objetables en Occidente, pero no en otras culturas. Y, en tanto Occidente no puede pretender elaborar un juicio universalista respecto a cómo distinguir lo verdadero de lo falso (o lo bueno de lo malo), las prácticas indígenas son perfectamente respetables y, por ende, deben ser rescatadas.

En la historia de la filosofía, Protágoras pasa por ser el primer relativista formal. A él se atribuye un antiguo aforismo: «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son, y de las que no son en cuanto no son». Si bien el sentido preciso de este aforismo es difícil de escudriñar, tradicionalmente se ha interpretado como la postura según la cual la distinción entre lo verdadero y lo falso es sólo una convención producto de la medida de cada quien. Para algunos hombres, algunas creencias son verdaderas, mientras que para otros, otras creencias son verdaderas. Bajo el aforismo de Protágoras, para la medida de los liberales, las libertades económicas son deseables; pero para la medida de los comunistas, el control de las actividades económicas es deseable. Y puesto que el hombre es la medida de todas las cosas, la libertad es deseable, pero también el control.

Con mayor dote poética, Ramón de Campoamor recapituló la postura relativista de Protágoras con estos versos:

En este mundo traidor,
nada es verdad,
nada es mentira,
todo es según el color del cristal con que se mira (5).

De esa manera, no es verdad que la libertad genera más felicidad, no es mentira que el control hace más felices a las personas; todo depende de cómo se mire y, presumiblemente, alguien como Hitler, Stalin o Mao, mirará a la libertad con mucha sospecha. Y, puesto que todo es cuestión del punto de vista con el que se mire, entonces tiranos como Hitler, Stalin o Mao pueden ser considerados grandes contribuyentes al enaltecimiento del espíritu humano.

Pero, desde los inicios de la filosofía, el relativismo se ha reconocido como una postura sumamente problemática. Por medio de Sócrates, en el diálogo Teeto (6), Platón ridiculizaba a Protágoras. Sócrates argumentaba que, si el hombre es la medida de todas las cosas, entonces bajo la medida de Sócrates, puede ser falso que el hombre sea la medida de todas las cosas. En tanto el hombre es la medida de todas las cosas, bajo la medida de Sócrates, la postura de Protágoras es falsa. Así, al asumir como verdadera la postura de Protágoras, se admite como verdadera la postura de Sócrates. Pero, al asumir como verdadera la postura de Sócrates, se asume como falsa la postura de Protágoras. Estaríamos, entonces, frente a una contradicción. La misma crítica puede extenderse al poema de Campoamor. Si nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color con que se mira, entonces bajo el cristal con que yo lo miro, no es verdad que nada es verdad, ni nada mentira. Con su verso, el poeta ha abierto el camino a su propia refutación.

El problema con el relativismo es que, cuando pretende predicar «todo es relativo», automáticamente está asumiendo que hay al menos algo que no es relativo, a saber, la proposición según la cual todo es relativo. Así, por una parte predica que todo es relativo, pero al mismo tiempo se contradice cuando asume que hay al menos una proposición que no es relativa. El relativismo conduce así a una contradicción que es irresoluble. Y, los buenos filósofos advierten que las contradicciones siempre son falsas; por ende, el relativismo es una postura falsa. No puede aceptarse que todo es según el cristal con que se mira.

En el plano cultural, el relativismo tampoco escapa a estas dificultades lógicas. Si se alega que cada cultura es valorable en función de su contexto, entonces estaríamos dispuestos a admitir que los sacrificios humanos de los aztecas no son objetables, pues tienen un valor relativo a su contexto. Pero, al mismo tiempo, deberíamos admitir que la inclinación liberal a reprochar, no sólo los sacrificios humanos, sino también la esclavitud o los sistemas colectivistas tampoco es objetable, pues el reproche liberal también es relativo al contexto cultural del cual emergió la tradición liberal, a saber, la Europa del siglo XIX. Y, si el liberalismo es valorable en función de su contexto, entonces es valorable la oposición que el liberalismo hace a la noción relativista según la cual las culturas son valorables en función de su contexto. Las dificultades lógicas del relativismo, entonces, deben prevenirnos en contra de la idea de que la valoración de cada cultura es sólo relativa a su contexto.

Pero, además de sus dificultades lógicas, las aplicaciones del relativismo cultural conducen a escenarios que son claramente reprochables. Ha sido objeto de discusión, por ejemplo, hasta qué punto la Declaración universal de los derechos humanos es un documento meritorio. Algunos intelectuales, especialmente procedentes del mundo musulmán, han considerado que la noción de derechos humanos universales es una irrupción sobre las particularidades culturales de cada pueblo. Y, así, por ejemplo, el pretendido concepto de «libertad» en ese documento es típicamente occidental, ajeno a las concepciones no occidentales de la libertad. Se acusa a los derechos humanos, pues, de ser un artificio imperialista.

Frente a una práctica como, por ejemplo, la ablación del clítoris en algunas tribus del África oriental, o el sistema de castas en la India, los relativistas culturales consideran que estas prácticas conservan su sentido interno, y por ende, es una arrogancia occidental pretender erradicarlas. Esto es suficiente demostración de que a los relativistas culturales no les interesa el cultivo de la libertad, pues resulta axiomático que quien excuse prácticas de mutilación o un rígido sistema de exclusión social, no puede proclamarse como un defensor de la libertad.

Pero, aun si estuviéramos dispuestos a excusar el sistema de castas en la India en función de la antigua cultura india, ¿por qué no podemos hacer lo mismo con el apartheid sudafricano en función de la cultura boer? Si excusamos a los sacrificios humanos aztecas, ¿por qué no podemos excusar al conquistador español? Y, peor aún, ¿por qué no podemos excusar a Hitler y el nazismo? No hay nada más fácil para un tirano que ampararse en su cultura para justificar su desdén por la libertad. Hitler, como muchos otros, efectivamente así lo hizo: de la misma manera en que los indigenistas latinoamericanos invocan la conservación del pasado indígena de nuestra región, Hitler invocó la conservación del pasado militarista del pueblo alemán. Y, en nombre de la conservación del antiguo Volksgeist, se violaron las más elementales libertades individuales y se cometieron todo tipo de atrocidades.

Aztecas, incas y yanomamis
Admitir que Hitler no es reprochable, en función de su contexto cultural, es un trago demasiado grueso, aún para muchos indigenistas. Por ello, algunos indigenistas sí están dispuestos a admitir la existencia de valores universales y trascendentes, sin contemplar las particularidades culturales. Pero, lejos de admitir que el rechazo al relativismo cultural inevitablemente conduce a la condena del pasado indígena, los indigenistas más bien consideran que, precisamente porque existen valores universales, las sociedades indígenas han sido más deseables que las sociedades occidentales. Pues, si bien algunos indigenistas admiten la existencia de prácticas deplorables entre las sociedades precolombinas, insisten en que, comparativamente, son mucho más deseables que la depravación y decadencia occidental.

Si empleamos rigor lógico, caeremos en cuenta de que sólo puede emplearse una de las dos estrategias indigenistas. Si, como el relativista cultural, se admite que cada cultura es valorable en su contexto, entonces debe admitirse que las sociedades indígenas no han sido menos, pero tampoco más deseables que las occidentales. Ahora bien, si se pretende que las sociedades indígenas sí son más deseables que las occidentales, entonces estaríamos renunciando al relativismo cultural, pues precisamente el relativismo cultural impide elaborar juicios de valor comparativo entre culturas. No obstante, la mayoría de los indigenistas apelan al relativismo cultural para excusar las atrocidades precolombinas, pero prescinden del relativismo cultural para enaltecer a las sociedades indígenas por encima de las occidentales.

El lugar más común al cual apela el indigenista para enaltecer al pasado indígena es el legado de las antiguas civilizaciones precolombinas. Así como los niños anglófonos aprenden la frase de Poe, «The glory that was Greece, and the grandeur that was Rome»(7), el indigenista pretende que los niños latinoamericanos aprendan algo así como, «la gloria que fue Tenochticlán, y la grandeza que fue Cuzco». En el imaginario indigenista, los imperios de los aztecas y los incas son una época dorada interrumpida por los españoles. Sólo en la medida en que rescatemos ese legado, se alega, podremos retomar el rumbo hacia el mar de la felicidad. Veamos qué tan paradisíacos fueron estos imperios.

La tribu de los mexicas, los posteriores forjadores del imperio azteca, hizo su entrada en el Valle de México en el siglo XIII, y fundó la ciudad de Tenochticlán en el siglo XIV. Los mexicas siempre tuvieron presente una suerte de complejo de culpa por haber irrumpido frente a las otras civilizaciones de la región, y quizás éste fue un factor moral decisivo en su posterior derrota frente a los conquistadores españoles.

En todo caso, los mexicas fueron ampliando su dominio territorial, al punto de constituir un imperio, el azteca. Este imperio sometió a los pueblos vecinos e impuso severos tributos que debían ser pagados. Así, los aztecas instituyeron un enorme sistema de coerción tributaria colectivista, y se forjó un Estado altamente centralizado que gobernaba territorios distantes desde la metrópolis Tenochticlán. Si bien, como en muchos otros imperios, los tributos fueron empleados para la construcción de caminos y algunas otras obras públicas, los tributos excedían abrumadoramente su empleo en obras.

Pronto, como en casi todos los sistemas de gran coerción tributaria colectivista, los excedentes de producción no se emplearon para el uso y disfrute individual de quienes producían la riqueza, mucho menos para el mejoramiento de obras públicas. Antes bien, gracias a los impuestos, el Estado azteca creció en poder, dominio y riqueza, y logró constituir una nobleza, los piplitin.

Si bien hubo una clase de mercaderes, los pochteca, sus libertades para el comercio estaban supeditadas al control estatal, y pronto fueron empleados como espías frente a los pueblos dominados. Y, una de las más elementales libertades, la libertad civil, también era ultrajada por el Estado azteca. Pues, los aztecas no fueron excepción como practicantes de la esclavitud: hubo una clase de esclavos, los tlacotin.

Pero, además del control colectivista estatal y del ejercicio de la esclavitud, quizás los aztecas sean mejor conocidos por su militarismo. Los aztecas constituyeron enormes ejércitos por vía del reclutamiento forzoso. A medida que crecían los ejércitos, los aztecas expandían cada vez más su dominio territorial. Y, el Estado azteca no tardó en emprender lo que eventualmente vino a conocerse como las «guerras floridas», campañas militares con el mero propósito de tomar prisioneros de guerra.

La mayoría de los historiadores coinciden en que el propósito de la toma de prisioneros era proveer víctimas para los ritos de sacrificios humanos que ocupaban un lugar fundamental en la vida religiosa, social y política de los aztecas. Los estimados varían, pero el consenso es que se sacrificaba un promedio de 250.000 personas al año. Y, bajo una teoría considerable, procedente del antropólogo Marvin Harris, puesto que el Estado azteca no podía garantizar el suministro de comida (entre otras cosas, presumiblemente, por el control que ejercía sobre los pochteca), los cuerpos sacrificados en los ritos servían como fuente de comida (8). Así, además de ser esclavistas y genocidas, los aztecas habrían sido caníbales.

Mucho alarde se ha hecho de los supuestos grandes avances científicos y tecnológicos de los aztecas. Está fuera de duda que los aztecas hicieron cálculos astronómicos precisos y que construyeron grandes obras arquitectónicas, especialmente pirámides. Pero, es menester evaluar hacia qué estaba dirigida esta curiosidad científica y tecnológica. Tanto los calendarios como las pirámides tenían un propósito religioso, y terminaban por orbitar en torno al sacrificio humano. Esto no es motivo de orgullo. Los nazis emplearon técnicas muy sofisticadas en la sistematización de campos de exterminio como Auschwitz, pero pocas personas estarían dispuestas a alabar la tecnología nazi, precisamente por lo deplorable que resultó su utilidad.

Y, si bien los aztecas pudieron haber hecho alguna contribución a la ciencia y a la tecnología, su cosmovisión resultó demasiado perjudicial para un óptimo surgimiento y desarrollo de la ciencia. El misticismo azteca, impregnado de un fatalismo contemplativo, propició la caída del imperio. Ni los calendarios ni las pirámides pudieron evitar que los aztecas se convirtieran en presas de la manipulación que los españoles hicieron del mito de Quetzalcóatl. Un pueblo que, en base a una superstición, es proclive a la manipulación de sus enemigos, no puede ser considerado un paladín de la ciencia. El método científico exige racionalidad y desencanto, cuestión que los aztecas nunca pudieron alcanzar.

Quizás el paraíso azteca sea demasiado fantasioso como para ser tomado en serio por la mayoría de los indigenistas. En vista de eso, los indigenistas suelen invocar con más frecuencia al imperio inca. Pues, a su juicio, si bien los incas no tuvieron la majestuosidad de los aztecas, al menos sí lograron articular una sociedad sumamente próspera, igualitaria y justa. Desde que, en la década de los años treinta del siglo XX, José Carlos Mariátegui publicara Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (9), entre los socialistas latinoamericanos ha prosperado la idea de que la civilización inca practicó una forma de comunismo. La propiedad privada habría sido abolida a favor de formas comunales de propiedad, y se habría forjado una conciencia colectivista en detrimento de la depredación egoísta, la cual más bien habría sido introducida por los conquistadores españoles.

De nuevo, evaluemos qué tan paradisíaco fue el imperio inca. En primer lugar, debe aceptarse que la atribución de prácticas comunistas a los incas no es un anacronismo inventado por Mariátegui y los indigenistas. Está bien documentado el hecho de que, en efecto, los incas no tenían propiedad privada y favorecían sistemas colectivistas de producción. Pero, como bien advierte Carlos Rangel, el hecho de que los incas fueran comunistas, no habla bien, sino muy mal, de su civilización(10). Pues, con su sistema colectivista, los incas no pudieron escapar a los vicios que se repitieron en los sistemas comunistas del siglo XX y a los cuales, según parece, conducen los sistemas colectivistas que pretenden restringir las libertades individuales.

En base a plenitud de evidencia, el historiador Louis Baudin ha ofrecido una reconstrucción histórica del imperio inca, muy alejada de la sociedad utópica retratada por Mariátegui y sus seguidores (11). Los incas se organizaban en torno al ayllu, un grupo de parentesco similar al clan. En este grupo, en efecto, la propiedad era colectiva y la producción se realizaba en unidades de trabajo colectivizado. El ayllu ejercía un control continuo sobre las actividades, la educación, la producción económica, y las preferencias de consumo de los individuos.

La estabilidad política y económica de la sociedad inca dependía del control ejercido por el ayllu a sus miembros. Se estima que la abrumadora mayoría de los ciudadanos no tenían permitido abandonar las comarcas en las cuales habían nacido, se criaban y trabajaban. Todas las actividades eran planificadas y controladas por una selecta casta de funcionarios que se encargaban de recolectar la riqueza producida y distribuirla entre los ayllu, los cuales, a su vez, decidían distribuirla en sus miembros en función de las necesidades que ellos apreciaran. Según parece, los incas fueron muy eficientes en dar cumplimiento al «a cada quien según su necesidad», tan anhelado por el marxismo.

La propiedad era, en efecto, colectiva. Pero, la sociedad inca estaba muy lejos de la aspiración comunista de una sociedad sin clases. Pues, precisamente, el control ejercido por los funcionarios era tan rígido, que las masas fueron sometidas al dominio de una jerarquía comandada por el Sapa Inca (el emperador), su corte, y un pequeño grupo de funcionarios que se encargaban de controlar las actividades del ayllu.

Esta descripción es muy parecida a la que se suele hacer de los regímenes totalitarios del siglo XX. En la medida en que el Estado inca prometía distribuir la riqueza y garantizar un mínimo de condiciones para la subsistencia, emergió como un ente que controlaba los aspectos más triviales de la vida de los ciudadanos. Y, fue precisamente este totalitarismo lo que condujo, entre otros factores, al colapso del imperio inca a manos de los españoles. A diferencia de los totalitarismos del siglo XX, el inca no colapsó debido a una insurrección popular, sino al hecho de que, a la llegada de un pequeño contingente de españoles, éstos sólo necesitaron eliminar a la pequeña casta de nobles y funcionarios. Al eliminar a esta casta, los españoles los sustituyeron en esa posición, y el pueblo inca, acostumbrado a obedecer, pasivamente aceptó a sus nuevos amos.

Así pues, las dos grandes civilizaciones invocadas por los indigenistas como utopías, en realidad exhibieron sistemas deplorables. Al norte, un imperio militarista y esclavista, opresor de sus tributarios, irracionalmente conducido por una manía genocida sacrificial, análoga a los campos de exterminio nazi. Al sur, un Estado totalitario que controlaba el menor detalle de la vida de sus ciudadanos, a quienes confinaba a pequeños territorios sin posibilidades de flujo migratorio. Para los incas y los aztecas, la libertad era sencillamente desconocida.

Con todo, el indigenista tiene aún un as bajo la manga. El indigenista aún puede alegar que, si bien las civilizaciones de los incas y los aztecas no fueron el paraíso que en una época se creyó que eran, las comunidades de pequeños horticultores y cazadores y recolectores precolombinos, son los mejores representantes de la utopía socialista. Por ello, las pequeñas comunidades indígenas contemporáneas representan el mejor modelo a seguir por los latinoamericanos.

Bajo este alegato, estos grupos humanos serían loables, no por ser grandes civilizaciones, sino más bien por todo lo contrario: en la medida en que se han alejado de la civilización y han mantenido un estilo de vida sencillo, los pequeños horticultores y cazadores y recolectores han alcanzado plenamente la libertad, a la vez que han cosechado una sociedad igualitaria libre de tensiones y conflictos.

Más aún, se alega, la escasa producción económica de estos grupos humanos permite una relación mucho más armónica del hombre con los ecosistemas. Allí donde el capitalismo industrial explota los recursos naturales, la horticultura, caza y recolección permiten la conservación de los ambientes. De hecho, uno de los lugares más comunes en el discurso indigenista es que las comunidades indígenas tienen una conciencia ecológica de la cual el hombre occidental debe aprender, sobre todo en esta época de calentamiento global.
Estos alegatos resuenan con lo que muchísimos antropólogos han documentado. No deja de ser cierto que las sociedades de horticultores, y en mayor medida, los cazadores y recolectores, disfrutan de mayores libertades que los seres humanos que viven en grandes civilizaciones. Puesto que los horticultores, cazadores y recolectores viven en bandas de pequeños números, no existe un contingente de burócratas que continuamente estén permeando las libertades individuales. Y, también es cierto que las sociedades de horticultores, cazadores y recolectores son muy igualitarias: puesto que no hay suficiente población como para dividir intensamente el trabajo, y no hay un gran excedente de producción que marque diferencias en privilegios, todos los miembros de la banda tienen más o menos el mismo estatus.

Y, si bien la conciencia ecológica de los indígenas ha sido exagerada (pues, entre otras cosas, los arqueólogos han documentado que los habitantes precolombinos propiciaron extinciones masivas de megafauna), en líneas generales, también es verdadero que, comparativamente, un horticultor yanomami conserva más el ambiente que un productor industrial que deposita desechos de mercurio en los ríos.
Pero, el liberalismo asume que, sin prosperidad económica para resolver las más elementales necesidades materiales, el hombre no es propiamente libre. Y, si bien los pueblos de horticultores, cazadores y recolectores son libres en un sentido, no lo son en un sentido más profundo. La esperanza de vida entre estos pueblos, por ejemplo, es comparativamente más corta que la esperanza de vida en una sociedad industrializada. Los horticultores, cazadores y recolectores no cuentan con las tecnologías para prepararse a sequías, inundaciones o terremotos. Tampoco cuentan con la suficiente preparación para evitar enfermedades que la medicina occidental cura de forma rutinaria.

Debe resultar bastante evidente que el hombre del siglo XXI es más libre que el hombre del Paleolítico. Sin suficiente comida, sin un dominio de la naturaleza, sin un conocimiento científico que permita prevenir y curar enfermedades, sin una construcción donde refugiarse, el hombre no puede ser libre en pleno sentido. Quizás el hombre de la sociedad industrial sufre de ennui, pero el hombre del Paleolítico seguramente sufrió de miedo frente a fenómenos tan triviales como el trueno. Y, como tantas veces ha demostrado la Historia, el miedo es un primer paso por el camino de la servidumbre. A partir del miedo, los hombres se vuelven presas de la manipulación y, al final, terminan siendo controlados.

Asimismo, es perfectamente deseable que el hombre de la sociedad industrial tome consciencia de que el planeta debe conservarse y de que urge frenar el deterioro de los ecosistemas frente a fenómenos como el calentamiento global. Pero, el indigenismo parece ser una alternativa demasiado costosa. Es cierto que los pueblos precolombinos y las comunidades indígenas contemporáneas son más ecológicamente conservadores que la sociedad industrial, pero este ecologismo ha venido a expensas de lo que Max Weber llamó un «misticismo encantado»: en la medida en que se crea sagrada a la naturaleza, habrá freno para indagar sobre ella, y controlarla cuando amenace a la existencia humana. Lo deseable, en todo caso, sería encontrar un justo medio: la depredación ambiental industrial no es deseable, pero tampoco lo es el misticismo encantado indígena.

La libertad en ejercicio
Las posturas indigenistas son, en cierto sentido, comprensibles. Sería insensato negar que los descendientes de los habitantes precolombinos, a saber, las comunidades indígenas contemporáneas, están inmersos en la marginación y la pobreza. Y, sería igualmente insensato negar que, con la imposición del poder colonial, los indígenas sufrieron todo tipo de vejaciones y maltratos. Por ello, es perfectamente comprensible (e incluso, loable) la preocupación por atender a los indígenas y buscar su bienestar.

Pero, podemos amar a los indígenas sin necesidad de amar su cultura. Termina por ser un grave error el creer que, puesto que los indígenas han sufrido muchos abusos, la mejor manera de reivindicarlos es construyendo una identidad étnica en base a las costumbres de sus ancestros. En el empeño por rescatar la cultura de sus ancestros, al indígena no se le hace ningún beneficio. Pues, como hemos visto, la cultura de sus ancestros no ha tenido gran contemplación por el ejercicio de la libertad. El remedio a la ausencia de libertades en quinientos años de historia no es rescatar el despotismo precolombino. El remedio consiste, al contrario, en occidentalizar al indígena e invitarlo a la tradición liberal que sus ancestros precolombinos no conocieron, y que los periodos de colonización española e independencia criolla tampoco lograron instituir óptimamente, pero que la modernización liberal de América Latina sí ofrece como prospecto. Conservar la identidad y las antiguas costumbres de pueblos típicamente premodernos y ajenos al cultivo de la libertad individual significará un retroceso en la marcha progresista abanderada por el liberalismo.

Queda poco duda de que los indígenas ocupan posiciones marginales en las sociedades latinoamericanas, y que los mayores índices de pobreza en América Latina se concentran en torno a los descendientes de los habitantes precolombinos. Una idea clave del liberalismo, adelantada especialmente por Alexis de Tocqueville, es que no puede haber plena libertad sin igualdad (al menos igualdad de oportunidades, no necesariamente igualdad de condiciones). Si en la sociedad persiste una desigualdad de oportunidades, entonces muchos seres humanos no tendrán la oportunidad de realizar a plenitud sus potencialidades, y ello constituirá una grave limitación al ejercicio de sus libertades. Por ello, desde sus inicios, el liberalismo entusiastamente ha abrazado el igualitarismo.

En función de ello, urge extender la igualdad de oportunidades a la población indígena en América Latina. Pero, de nuevo, muchos relativistas culturales se apresuran y cometen un error. A partir de la idea que defiende la igualdad entre los seres humanos, los relativistas defienden la igualdad de culturas. Pues, a su juicio, así como no debe haber jerarquías entre los seres humanos, las culturas, en tanto están compuestas por seres humanos, tampoco deben ser colocadas en jerarquías. Y, en función de esto, no habría culturas ni mejores ni peores, sólo distintas, en vista de lo cual el legado cultural indígena sería tan rescatable como el legado cultural occidental.

Esto es un error de razonamiento muy típico, y los filósofos lo llaman una «falacia de composición», la cual consiste en atribuirle al todo las propiedades de las partes. Podemos alegar que unos ladrillos son pequeños, y que la pared está hecha con esos ladrillos. Pero, no podemos inferir que, puesto que la pared está hecha de ladrillos pequeños, la pared es pequeña. Asimismo, no podemos inferir que, puesto que las culturas están compuestas por hombres, y los hombres son iguales, entonces las culturas son iguales.

De hecho, la igualdad entre los hombres implica la desigualdad entre las culturas. Pues, si admitimos que todas las culturas tienen el mismo valor, entonces debemos admitir que una cultura que no contempla la igualdad entre los hombres (como, por ejemplo, el imperio inca) está al mismo nivel que una cultura que sí contempla la igualdad entre los hombres (como por ejemplo, las culturas fundamentadas en el liberalismo). Y, si esto es así, entonces podríamos asumir como válido el alegato inca de que no todos los hombres son iguales, y con ello, rechazaríamos la premisa inicial que afirma la igualdad entre los hombres. Por ello, para sostener como verdadera la igualdad entre los hombres, debemos sostener como verdadera la desigualdad entre las culturas.

Desafortunadamente, la idea de que todas las culturas tienen el mismo valor se ha convertido en el fundamento de un movimiento político postmoderno procedente de las sociedades anglófonas, pero que empieza a transitar por América Latina: el multiculturalismo. A juicio de los multiculturalistas, en vista de que todas las culturas tienen el mismo valor, los Estados deben promover políticas de conservación cultural e identidades étnicas. Pues, se esgrime, entre el conjunto de libertades y derechos que todo Estado debe garantizar, se encuentra el derecho de los individuos a preservar su identidad étnica y conservar las costumbres de su cultura de procedencia.

Más desafortunado aún es el hecho de que el multiculturalismo se ha disfrazado con colores liberales, y los multiculturalistas invocan la tradición clásica liberal para defender sus argumentos. A mi juicio, el multiculturalismo es un lobo disfrazado de oveja, en vista de lo cual urge desenmascararlo y demostrar cuán opuesto en realidad resulta a la tradición liberal.

El más entusiasta apóstol de este multiculturalismo pseudoliberal es el filósofo Will Kymlicka (12), quien ha destacado por su idea de que el liberalismo, además de defender los derechos y las libertades individuales, debe defender los derechos grupales: a su juicio, puesto que el individuo está inmerso en un contexto cultural de redes sociales que conforman grupos, encontrará su bienestar en la medida en que el Estado garantice la preservación e integridad del grupo al cual pertenece. Y, se alega que el Estado emprendería estas políticas especialmente con el propósito de proteger a los grupos minoritarios frente a la hegemonía cultural mayoritaria; en otras palabras, el mismo Estado serviría como protector frente a la amenaza que siempre representa la «tiranía de la mayoría».

Kymlicka y los multiculturalistas parecen no caer en cuenta respecto a lo irreconciliable que terminan por ser los derechos individuales frente a los derechos grupales. Y, en la medida en que Kymlicka y los multiculturalistas abrazan la causa de los derechos grupales, implícitamente terminan por prescindir de los derechos individuales.

Pensemos, por ejemplo, en las comunidades indígenas de Bolivia. Bajo la doctrina multiculturalista, el Estado boliviano estaría en la obligación de promover políticas que permitan conservar la identidad étnica de estas comunidades, pues en la medida en que lo haga, estaría protegiendo a los grupos minoritarios frente a la hegemonía cultural de las mayorías. En base a esto, muchas comunidades indígenas en Bolivia solicitan que el Estado haga una concesión, y suspenda el imperio de la ley en la nación: los líderes comunitarios indígenas solicitan autonomía para, en aras de preservar su identidad cultural, aplicar sistemas de justicia popular más acordes a la idiosincrasia indígena que a la occidental.

El filósofo boliviano H.C.F. Mansilla describe estos sistemas de justicia de esta manera: «Los sistemas comunitarios de justicia… no contemplan ninguna posibilidad de apelar a instancias superiores y presuponen, por consiguiente, la absoluta corrección y verdad de la primera y única sentencia judicial. Las autoridades comunarias (rurales) pre-existentes son simultáneamente policías, fiscales, defensores y jueces. Generalmente es la autoridad preconstituida o la asamblea de la localidad campesina la que oficia de tribunal. No existe una estructura normativa mínima (un protocolo) para el inicio, el despliegue y la conclusión de un «juicio». Los acusados no disponen de una defensa (abogado) que conozca los códigos informales que, por más rudimentarios que sean, determinan el comportamiento de los habitantes —y por lo tanto de los jefes— de esas comunidades; esta protección es indispensable para el acusado, pues hasta en la sociedad más transparente y justa se cometen abusos e irregularidades, sobre todo de parte de los gobernantes. La praxis diaria de la justicia comunitaria en el ámbito andino sugiere que los «procesos» están librados a los ánimos del momento y a la efervescencia popular de la asamblea local que actúa como tribunal, a los raptos de emoción que en general son manipulados hábilmente por los caciques y caudillos locales de turno»(13).

En otras palabras, la administración de la justicia en las cortes populares indígenas de Bolivia viola los más elementales derechos y libertades individuales de los procesados. En materia jurídica, uno de los grandes aportes del liberalismo precisamente ha sido la promulgación de un mínimo de garantías que, a través de la instauración de un debido proceso, resguarden las libertades individuales de los procesados frente al poder del Estado inquisidor.

El caso en cuestión plantea un obvio dilema: ¿debe privilegiarse el derecho de los procesados a que se les asegure un debido proceso que garantice sus libertades y derechos individuales materializados en un sistema de apelación y la protección de la defensoría pública; o debe privilegiarse el derecho del grupo a mantener su identidad étnica mediante la concesión de un fuero que utiliza un procedimiento jurídico muy diferente a los procedimientos occidentales?

En apelación a la conservación de las identidades culturales como parte de los derechos grupales, el multiculturalismo favorecería la institución del sistema comunitario indígena de justicia. El liberalismo defendería a los derechos individuales por encima de los derechos grupales, y favorecería la imposición de un sistema judicial occidental que garantice la preservación de los derechos individuales.

La noción multiculturalista de «derechos grupales» termina por ser una idea colectivista que restringe el ejercicio de la libertad. Lo mismo que el fascismo, el comunismo o cualquier otra forma de colectivismo, el multiculturalismo desprecia al individuo a favor de la colectividad. Es hora de apreciar que, contrario a lo que muchos de sus promotores opinan, el multiculturalismo no es compatible con la tradición liberal. Peor aún, el multiculturalismo, llevado a su extremo, está terminando por convertirse en la nueva amenaza totalitaria del siglo XXI. Pues, valga insistir, en base a la defensa de los derechos grupales, el multiculturalismo abre la puerta para que los grupos persistan con sus prácticas ancestrales totalitarias y restrinjan las más elementales libertades individuales.

Una de las razones por las cuales los multiculturalistas se aferran a la defensa de los derechos grupales, es que consideran que, cuando el Estado exige a los individuos abandonar parte de su cultura de procedencia, el individuo sufre un daño. Y, en su máscara liberal, los multiculturalistas proclaman ser defensores de la libertad individual de conservar la cultura. De esa manera, los multiculturalistas consideran que la transculturación es un terrible daño, pues cuando el individuo pierde algo de su cultura, pierde su libertad.

Valga insistir en que, contrario al alegato multiculturalista, la libertad de conservar la cultura muchas veces va en detrimento de las más elementales libertades individuales. Respecto al supuesto daño que genera la transculturación, los multiculturalistas parecen asumir que el ser humano no cuenta con la disposición al cambio cultural. La transculturación ciertamente implica la pérdida de una cultura, pero al mismo tiempo abre la puerta para la asimilación de otra cultura. Pues, precisamente la cultura se caracteriza por su fluidez: desde que el Homo sapiens migró fuera de África, los grupos humanos han estado sujetos a la transculturación en la medida en que reciben la influencia cultural de sus vecinos y asimilan los aspectos beneficiosos de su cultura.

Implícito en su temor a la transculturación, el multiculturalismo demuestra tener resonancias con el racismo científico, como bien lo ha documentado Kenan Malik (14). A partir del siglo XIX, autores racistas como Arthur Gobineau, William Z. Ripley y Madison Grant, entre otros, adelantaron la noción según la cual existen profundas diferencias raciales entre los grupos humanos. Y, a partir de esta noción, los racistas científicos concluyeron que el comportamiento de los individuos está acompañado por sus características raciales: Por ello, las razas no blancas nunca podrían asimilar satisfactoriamente los avances de la civilización occidental, en vista de lo cual estarían condenadas a mantener su ancestral estilo de vida. Para el racismo científico, la transculturación estaría condenada al fracaso, precisamente porque la humanidad, en tanto dividida en subespecies, no puede transmitir pautas de conductas de una raza a otra.

De esa manera, el racismo científico se adscribe a una forma de esencialismo, según la cual los seres humanos no tienen mayor capacidad para el cambio cultural, precisamente porque la cultura de cada individuo está constituida en torno a su biología. El multiculturalismo ha venido a ser el heredero de este esencialismo de inspiración racista: los multiculturalistas implícitamente asumen que cada individuo es esencialmente inca, azteca, yanomami, bantú, vasco (en fin, cualquier identidad étnica) y que, por ende, abandonar su cultura y asumir otra implica abandonar su esencia. El racista científico opinaba, por ejemplo, que un individuo nacido en la tribu de los zulús siempre sería un zulú, pues hay algo intrínseco a su biología que lo impulsa a comportarse como zulú. En otras palabras, este individuo sería esencialmente un zulú. De la misma manera, el multiculturalismo implícitamente termina por aceptar que ese individuo sería esencialmente un zulú, y puesto que no tiene capacidad para asimilar otra cultura (precisamente porque su esencia se lo impide), la transculturación es un gran daño.

Allí donde los racistas científicos imponían líneas divisorias entre la humanidad y recomendaban confinar a cada grupo humano a sus antiguos modos de vida, los multiculturalistas parecen asistir a un proceso similar. Allí donde la Ilustración se adscribía a un universalismo en su pretensión de extender a todos los seres humanos los principios ilustrados (en vista de lo cual, asumían que todos los seres humanos podrían asumirlos), los racistas científicos rechazaban ese universalismo y enfatizaban las diferencias entre los seres humanos. En su empeño por rescatar la diversidad cultural y mantener intacta la particularidad cultural de cada grupo, el multiculturalismo resuena mucho más con el racismo científico que con la Ilustración.

Por supuesto, el liberalismo no pretende que la occidentalización sea compulsiva y que los pueblos indígenas abandonen todas sus formas de vida ancestrales. El liberalismo sólo exigiría el abandono de las costumbres que vayan en detrimento del gran legado racionalista y político que ha dejado la civilización occidental. Ciertamente muchas manifestaciones culturales indígenas son compatibles con la civilización occidental, pero no todas.

Algunos promotores de la occidentalización, como Kenan Malik, opinan que ni siquiera es necesaria la preservación de las lenguas de los pueblos aborígenes (15). Yo no comparto esa opinión: siempre y cuando la preservación de las lenguas indígenas no vaya en detrimento del aprendizaje de lenguas que permitan a los indígenas ampliar sus horizontes (el castellano, el inglés, el mandarín, el árabe), no veo necesario prescindir de la diversidad lingüística. La mayoría de los lingüistas y psicológicos del aprendizaje aseguran que es perfectamente posible aprender varias lenguas a la vez, en vista de lo cual el aprendizaje del náhuatl o el quechua no es necesariamente incompatible con el aprendizaje del inglés o el mandarín. (Por supuesto, habría que evaluar si vale la pena invertir recursos para la enseñanza de las lenguas indígenas, pero esto es otro asunto.

Notas:
(1) MARX, Karl. La dominación británica en la India. En la página web: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/25-vi-1853.htm Última fecha de consulta: 26-12-09.
(2) Caracas: Criteria. 2005.
(3) SERBELI, Juan. El asedio a la modernidad. Editorial sudamericana. 1995.
(4) MIRANDA, José Porfirio. Antropología e indigenismo. Universidad Autónoma Metropolitana. 1999.
(5) CAMPOAMOR, Ramón de. “Poemas”. En la página web: http://www.los-poetas.com/j/campo1.htm Última fecha de consulta: 26-12-09.
(6) PLATÓN. Teeto, o de la ciencia. En la página web: http://www.valoryempresa.org/archives/platon/teeteto/teeteto.htm Última fecha de consulta: 29-12-09.
(7) «La gloria que fue Grecia y la grandeza que fue Roma».
(8) HARRIS, Marvin. Caníbales y reyes. Madrid: Alianza. 2002.
(9) Linkuga. 2008.
(10) RANGEL, Carlos. Ob. Cit.
(11) BAUDIN, Louis. El imperio socialista de los incas. Librería Editorial Juventud. 2003.
(12) Multicultural Citizenship: A Liberal Theory of Minority Rights. Oxford University Press. 1996.
(13) MANSILLA, H.C.F. “La necesidad de cuestionar prácticas autoritarias consideradas como diferencias culturales”. Artículo en prensa (comunicado personalmente por el autor).
(14) Strange Fruit: Why Both Sides are Wrong in the Race Debate. Oneworld Publications. 2009.
(15) MALIK, Kenan. «Let Them Die». En la página web: http://www.kenanmalik.com/essays/die.html Última fecha de consulta: 26-12-09.

eLEGS: Exoesqueleto ligero da nuevas piernas a parapléjicos.

eLEGS: Exoesqueleto ligero da nuevas piernas a parapléjicos

Foto: Jim Merithew/Wired.com

Berkeley Bionics ha lanzado un nuevo traje/armadura llamado eLEGS – basado en el exoesqueleto HULC (Human Universal Load Carrier) – que permite a las personas que han perdido la función de sus piernas, ponerse de pie y caminar de nuevo. A diferencia del XOS-2 de Raytheon y HULC de Berkeley Bionics, el eLEGS no tiene la intención de aumentar la fuerza y resistencia de los soldados. Está diseñado específicamente como un dispositivo de rehabilitación para ayudar a restaurar la movilidad en personas con lesiones de médula espinal, así como mejorar la circulación sanguínea y digestión.

El traje consiste en un backpack con un controlador conectado a unas piernas robóticas. Es impulsado por cuatro motores, dos para la cadera y uno por cada rodilla. La articulación del tobillo se controla con muelles que mantienen el pie en ángulo para poder caminar. Mientras los sensores en las piernas mandan información a la unidad de control para determinar la forma en que se deben doblar las articulaciones. El equipo cuenta con baterías de litio-cobalto que permiten que el traje sea operado con total autonomía.

Click aqui para ver el video.

La compañía dice que la velocidad al caminar depende de la aptitud del paciente y su condición, pero no es imposible alcanzar una velocidad de 2 mph (3.2 km/h). Puede ser hecho para adaptarse a la mayoría de las personas entre 1,5 y 1,95 metros (con menos de 100kg), en cuestión de minutos.

La compañía tiene previsto comenzar los ensayos clínicos a principios de 2011, con un costo alrededor de los USD$100.000 – igual que una silla de ruedas de alta gama.

Link: Walking With Paralysis Is Now a Reality (Gizmodo)